Por qué los perros eligen romper ciertos peluches y otro no
Los instintos, las texturas y las asociaciones emocionales influyen en la manera en que las mascotas interactúan con sus juguetes
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Un perro puede destrozar un peluche en minutos y conservar otro durante meses. Esta diferencia no responde necesariamente a un capricho, los instintos, las características de los juguetes y las asociaciones que el animal establece con ellos influyen en su comportamiento.
Mientras algunos objetos despiertan su interés por morder y sacudir, otros pueden convertirse en compañeros que lleva consigo por toda la casa.

Los instintos detrás de los juguetes que destruyen
Morder, sacudir y desgarrar son comportamientos que forman parte del juego de muchos perros. Estas acciones están relacionadas con la secuencia predatoria de sus antepasados, que incluía perseguir, atrapar y manipular a sus presas.
Por eso, los juguetes que emiten sonidos, tienen texturas crujientes o permiten sujetarlos fácilmente con la boca pueden despertar mayor interés. Algunos perros intentan morderlos hasta encontrar el mecanismo que produce el ruido.
La resistencia también influye. Los peluches con telas delgadas y costuras débiles pueden romperse con facilidad, mientras que los fabricados para soportar mordidas intensas suelen durar más tiempo.
¿Por qué algunos perros cuidan sus peluches?
En lugar de destruirlos, algunos perros llevan ciertos juguetes de un lugar a otro, duermen junto a ellos o los lamen. En estos casos, el objeto puede resultar reconfortante por su textura, su olor o la familiaridad que representa.
Esta conducta se describe informalmente como tratar al juguete como si fuera un cachorro. Sin embargo, no significa que todos los perros que protegen sus peluches los consideren de esa manera.

Sus preferencias y las asociaciones que establecen con determinados objetos también pueden explicar el comportamiento.
¿Cuándo conviene prestar atención?
Romper juguetes puede ser parte del juego habitual. No obstante, si la conducta aparece principalmente cuando el perro se queda solo y está acompañada de otras señales de angustia, podría estar relacionada con la ansiedad por separación.
La falta de estimulación también puede influir. Los paseos, las oportunidades para explorar y las actividades de juego ayudan a satisfacer las necesidades del animal.
El mayor riesgo aparece cuando el perro ingiere fragmentos de los objetos. Los trozos de tela, plástico, goma o componentes internos pueden provocar problemas gastrointestinales, incluidas obstrucciones.
Por María Paula Lozano Moreno
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