
Naipaul y el Islam
El reciente Premio Nobel de Literatura es un escritor sumido en las controversias. Hay quienes lo han tachado de racista y de antitercermundista, por sus opiniones respecto de la religión. En esta entrevista explica los porqués
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Aunque su prosa ha sido universalmente elogiada, tanto que el 10 de diciembre último recibió nada menos que el Premio Nobel de Literatura, Vidiadhar Surajprasad Naipaul sigue siendo objeto de muchas controversias, al punto de ser acusado de insensibilidad y de adherirse a los prejuicios occidentales en todo lo que ha escrito sobre el Islam. El responde: “Ese es el problema de escribir sobre el pueblo musulmán.”
–Usted describió a los talibanes como un nido de alimañas...
–¡No, ésa fue mi esposa! Ella es una periodista paquistaní que escribió una columna durante muchos años. Escribe desde esa clase de perspectiva.
–¿Le sorprende que Osama ben Laden tuviera apoyo en Paquistán, Indonesia, Malasia e Irán, países sobre los que usted escribió en sus libros de viaje sobre el islam?
–No, porque son pueblos convertidos al islam. Para decirlo de manera brutal, esos pueblos no son árabes. Parte de la neurosis del converso es que siempre tiene que probarse. Tiene que ser más realista que el rey, como dicen los franceses.
–¿A eso se refiere cuando escribe sobre la compulsión del islam a extender su dominio y acabar con los no creyentes?
–No se trata sólo del no creyente, sino de lo que queda del no creyente en las costumbres y en el modo de pensar. Es el deseo de destruir el pasado, el alma antigua, no regenerada. Esa es la gran neurosis de los conversos.
–¿Qué confiere al islam un atractivo tan poderoso?
–Le contaré algo del siglo VIII. La primera provincia de la India que fue conquistada fue Sindh, que hoy forma parte de Paquistán. El rey de Sindh resistió bastante. Pero un día le informaron que los invasores rezaban sus plegarias al unísono, como un solo hombre, y el rey se asustó. Entendió que era una nueva fuerza en el mundo, y de eso los musulmanes se enorgullecen: de la unión de la gente. La idea de hermandad es muy poderosa.
–¿Y qué piensa del islam no fundamentalista?
–Creo que es una contradicción. Se lo usa para apaciguar y aplastar cualquier movimiento. La idea del islam, su noción más importante, es el paraíso. Nadie puede ser moderado si su deseo más fuerte es ir al paraíso. La idea de un estado moderado es algo inventado por los políticos que desean conseguir unos cuantos préstamos, aquí y allá.
–¿Cuáles cree que fueron las causas de lo ocurrido el 11 de septiembre último?
–No tuvo causa. El odio religioso, la motivación religiosa fue lo más importante. No creo que haya ocurrido a causa de la política exterior de Estados Unidos. En uno de los cuentos de Joseph Conrad sobre las Indias Orientales, hay un fragmento en el que el salvaje se encuentra con las manos vacías frente al mundo, y suelta un aullido de furia. Creo que, en esencia, eso es lo que está ocurriendo. El mundo está cada vez más fuera del alcance de la gente simple que sólo tiene su religión. Y cuanto más dependen de la religión, que por supuesto no resuelve nada, tanto más fuera de su alcance queda el mundo. En los años 70, el dinero del petróleo produjo la ilusión de que el poder había llegado al mundo islámico. Como si allá arriba hubiera un supermercado divino cuyas puertas por fin se habían abierto para la gente del mundo musulmán. No entendieron que los productos que les daban poder estaban hechos por otra civilización. Esa idea les resultaba intolerable y no podían aceptarla, y sigue siendo intolerable ahora.
–¿Cree que los acontecimientos del 11 de septiembre influyeron en la decisión del comité para que usted ganara el premio Nobel?
–No lo sé. Creo que desde 1973 estaban considerando mi nombre. Y desde entonces hubo muchas campañas en mi contra, todas exitosas.
–¿Organizadas por quién?
–Por gente que me tachaba de racista, de antitercermundista.
–¿Le resulta agotadora toda la controversia desatada en torno de su obra?
–No, no me molesta en absoluto. Es importante para los escritores generar esa clase de hostilidad. Si un escritor no genera hostilidad, está muerto.
–Usted ha admitido que no es un historiador del islam. ¿En qué especialistas basa su trabajo?
–¡No, no, no! Yo viajo, conozco gente, y ellos me cuentan sus vidas. No necesito leer a los teóricos especializados. Si viajo a la India o Africa, la mejor manera es hacerlo sin ideas preconcebidas y dejar que los hechos emerjan. Un teórico observaría a la gente y extraería conclusiones. Yo no. El lector mira a esa gente y se hace una idea, y la idea depende del lector.
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