
Pablo Echarri, jugarse entero
Dejó atrás culpas y miedos. Apostó al amor y a su familia. Armó una productora y regresa a la tevé con una tira propia. Confesiones de un hombre de fe
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Es un apasionado y, según sus palabras, con una importante cuota de obsesión. Sueña, vuela, planea; no descansa hasta concretar. Y les echa la culpa a los astros -Virgo con ascendente Capricornio, ambos de tierra- por esa terquedad.
Alejado de la televisión después del gran éxito que fue Montecristo, Pablo Echarri sintió que éste era el año para jugarse y creó su productora, Arbol, junto al actor Martín Seefeld. El primer producto -una coproducción con Telefé- será El elegido, que se verá a mediados de enero en el prime time del canal.
"Es muy raro todo lo me sucedió en estos últimos diecisiete años. ¡Diecisiete! Cuánto y qué intenso. Me pasó de todo, y cuando digo «de todo» no exagero. Era un nene cuando empecé. Me mandé solo, con la certeza de una vocación y de que algo bueno me iba a suceder. Pero los acontecimientos me superaron", cuenta, reflexivo, mientras relata sucesos y alterna lágrimas con carcajadas.
-Hoy, mirando hacia atrás, ¿qué es lo que más te impresiona?
-Sentirme libre. Haber hecho todo lo que quise. Haber formado la familia hermosa que tengo. Haberme jugado por amor. Haber trascendido a una familia que era rígida en muchos aspectos. Haber erradicado culpas y miedos.
-Empecemos por los miedos...
-En primer lugar, si me hubiera dejado llevar por ellos, hoy no me estaría jugando en un proyecto tan ambicioso como es El elegido. Yo vengo de una familia de trabajadores, de clase media baja. Sencilla. Nunca faltó nada, pero tampoco sobró. Papá, diariero; mamá, ama de casa. Cuando empecé a ganar los primeros pesos en esta carrera, entré en conflicto. ¿Había que guardar? ¿Había que invertir? ¿Y si la buena racha no seguía? En mi casa, con absoluta buena fe, me sugerían que hiciera algo, que aprovechara. Entonces me puse un bar, que por supuesto no anduvo porque no era lo mío. Después de mucho tiempo, y de una buena terapia, entendí que no había que desesperarse, que hay que dejar fluir el dinero. Cuando dejé de preocuparme me empezó a ir mejor. Todo se daba mágicamente.
-¿Por ejemplo?
-Es esa maravillosa sensación de sentir que alguien te va guiando, que las piezas van encajando perfectamente. La intuición, quizás. Yo me fui moviendo tranquilo; todo se fue dando. Empecé a estudiar, a leer, a desear cosas seriamente.
-Hablabas de culpas también.
-Sí, las superé. Pero tiene que ver con todo eso. Venir de un lugar, acceder a muchas cosas. La culposa relación con el dinero, el tener miedo de darme un gran gusto pensando que mañana podía faltarme. Y la culpa que en su momento tuve por el secuestro de mi padre. En algún momento sentí que había sido por mí, por mi exposición pública. Cuando pasó la pesadilla quedé mal, fóbico.
-¿Te molestaba la gente?
-Sí, fue muy duro y me encerré; casi no salía. Me pesaba la popularidad, y ese episodio que me marcó la vida. Pero fue mi viejo quien me rogó que saliera de ese laberinto. Aprendí tanto de él... ?Era tan simple. Se murió el año pasado. Lo extraño. Lo extraño mucho. Pero también eso entendí. Que él tenía que seguir su camino, y que a lo mejor tenía que irse para que llegue Julián, mi hijo.
-¿Supo que volverías a ser padre?
-Eso también fue increíble. El día más triste de mi vida, cuando los médicos me dijeron que papá tenía las horas contadas, llegué a casa destrozado y Nancy me esperaba con el test de embarazo en la mano.
-Nancy. Lo decís con devoción.
-Es que eso también tuvo que ver con el deseo profundo y la concreción del sueño. Yo deseé una mujer como Nancy mucho antes de conocerla. Y agradezco haber tenido la claridad para verla. Con Nancy nos divertimos, nos contenemos. No hay histeria, y existe una confianza absoluta. Yo necesitaba eso: que una mujer, ante un proyecto nuevo, me bese y me desee suerte. La histeria pasó a ser sólo un juego que alimenta la pasión.
-A raíz de la muerte de Kirchner se te vio muy involucrado, con una clara postura política.
-El secuestro de mi viejo me sirvió para querer un país mejor. Algunos, en mi caso, pensarían diferente y a lo mejor exigirían mano dura, más castigo. Pero yo considero que un país es mejor cuando los sectores que están más postergados dejan de estarlo. De hecho, el caldo de cultivo para el secuestro de mi padre tuvo que ver con esta sociedad disgregada. No sé si seré utópico, pero sigo creyendo que toda esa delincuencia podrá disminuir cuando la repartija sea más pareja. ¡Y ojo que a mí no me encanta pagar los impuestos que pago! Tampoco creo que sean justos en su totalidad. Pero los pago. Yo creo que hay que construir confianza. Néstor Kirchner, cuando fuimos un grupo de actores a tratar el tema de la propiedad intelectual, nos miró a los ojos, nos escuchó. Salió la ley, y jamás nadie nos pidió nada a cambio. Y fui al velorio porque soy un tipo agradecido. Me salió del alma.
-¿Creés que algunos actores, como es el caso de Florencia Peña, perjudican su carrera al ser tan apasionados al respecto?
-No sé. Yo siempre traté de ser muy cuidadoso y jamás haría política. En un momento pensé: ¿les debo algo? Pero inmediatamente pensé que el derecho de propiedad intelectual logrado por los actores es algo que van a cobrar mis hijos cuando me muera. Pensé en los derechos humanos, en el matrimonio igualitario. Y dije «voy». Lo de Florencia es algo especial. Ella ha tenido una necesidad profunda de expresarse, y la respeto. Así como respeto al que no piensa igual que yo, que son muchos.
-Hace un rato hablabas de la intuición y del placer que te da sentir que las cosas en tu vida se van dando solas. ¿Te sentís, de alguna forma, un elegido?
-No, pero reconozco que me ha tocado vivir una vida que, al principio, no imaginaba que sería tan maravillosa. Estoy cada día más creyente, más cerca de Dios. Eso me hace ser pausado, reflexivo y agradecido. Es cierto que me pasaron cosas fuera de lo común. Pero no encuentro explicación.
-¿A quién le dirías, ahora, gracias?
-A Dios. Siempre agradezco. Y a la gente. Pasé por muchas etapas, pero en estos últimos años me siento cara a cara con la gente. La disfruto, me reposo en ella. Creé un vínculo muy especial después del secuestro de mi papá. Es como si se hubieran apiadado de mí, no lo sé. Pero yo salgo a la calle y me siento bien. Ya no me escapo de nada. Por el contrario: miro a los ojos, me saco los lentes y trato de regalar una sonrisa. Es lo mínimo que puedo hacer. Yo ya tengo mucho.
A TRAVES DE LOS AÑOS
Nació el 21 de septiembre de 1969, en Avellaneda.
Empezó a estudiar teatro a los 18 años, con Lito Cruz.
Luego de participar en Sólo para parejas y Alta comedia, protagonizó Inconquistable corazón, junto a Pablo Rago y Paola Krum. Luego llegó Mía, sólo mía, con Andrea del Boca.
En 1997 filmó El desvío, junto a Nancy Dupláa y Gastón Pauls. Ese mismo año debutó en teatro con Puck, sueño de una noche de verano, con Paola Krum.
Plata quemada, junto a Leonardo Sbaraglia y Héctor Alterio, fue uno de sus grandes éxitos en cine.
En el año 2000 protagoniza Los buscas de siempre, junto a Nancy Dupláa. Gana su primer Martín Fierro.
En el 2003 protagoniza el gran éxito que fue Resistiré.
En 2006 actuó en Montecristo, otra vez junto a Paola Krum y Joaquín Furriel. Filmó Cuestión de principios, con Federico Luppi, y Las viudas de los jueves.
Este año creó su productora, Arbol, y se asoció con Telefé para hacer El elegido, una idea propia con libros de Adriana Lorenzón y Gustavo Bellati. En el elenco estarán Paola Krum, Martín Seefeld, Leticia Brédice, Lito Cruz, Leonor Manso y Patricio Contreras, entre otros.
LA NOVELA PROPIA
En su momento, el romance Echarri-Dupláa fue un terremoto mediático. Flamante madre, ella estaba en pareja cuando surgieron los rumores con su compañero de tira. Pocos imaginaban semejante final de película, con boda incluida y dos hijos más.
Lo cuenta Pablo: "Cuando la crucé por primera vez en un estudio de televisión tuve una sensación única, de encuentro profundo, que jamás comenté y me la guardé para mí. La vida siguió, volvimos a encontrarnos en la novela Los buscas de siempre y ya la atracción era inevitable, pero teníamos que resolver muchos temas, no era algo fácil. Sumado a eso, mi crianza clásica y demás atentaba contra la posibilidad de un amor tan poco convencional. La cosa es que terminamos la novela -yo, totalmente enamorado- y, aprovechando que me había salido una película en España, decidí huir de la situación. Me fui decidido a olvidarme de ella, pero, desde ya, no pude. A los diez días me encontré haciendo un llamado telefónico desesperado, confesando mi amor. Ella, apenas pudo, se tomó un avión y nos encontramos en Madrid. Nunca más nos separamos".






