
Escapando de los charlatanes, este escritor introspectivo encontró el mejor corte de su vida en el lugar menos pensado.
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Por Lucas Garófalo
Cualquiera diría que, para un escritor, la habitual charla de peluquería podría convertirse en una gran fuente de historias. Sin embargo, Hernán Casciari no tiene ningún tipo de interés en hablar con nadie mientras le cortan el pelo. Para él es un momento de introspección: no lo distraigan. Justo antes de que se genere una confianza que habilite el diálogo, entonces, prefiere cambiar de peluquería. Y así fue que un día, caminando por las calles de Buenos Aires, cayó en las manos de una chica con piercings en la cara, un destino improbable para alguien de su generación que, sin embargo,
le cambió la manera de entender su peinado.
¿CUÁNDO TE CORTASTE EL PELO POR ÚLTIMA VEZ?
Hace dos semanas, en la peluquería Prana de la calle Cramer. Fue mi segunda vez en el lugar. La primera entré de casualidad. Pasé por la puerta y vi que todos los chicos y todas las chicas que cortaban tenían al menos cinco piercings en la cara. Me pareció superdivertido, así que me metí.
ESA VISIÓN PODRÍA HABERTE ESPANTADO…
Bueno, el tema es que yo vengo de cuarenta años de cortarme en peluquerías de viejos con olor a sobaco, y me parece que me cansé. Cuando pasé por Prana, me encontré con que eso era cualquier cosa menos lo que yo conocía. La música, por ejemplo, estaba a un volumen fuertísimo. La primera vez, entonces, fue todo fascinación. Y la segunda volví porque me cortaron muy bien. Quedé muy satisfecho.
¿QUÉ TAN FIEL LE SOS A UN PELUQUERO?
Muy poco. Siempre me dio la impresión de que si durante mucho tiempo voy al mismo peluquero, me empieza a dar demasiada conversación. Así que, en general, trato de ir cambiando. No me gusta mucho esa charla típica de taxi o peluquería. Al contrario: para mí esos son momentos de introspección, de pensar en mí, entonces no me gusta que me interrumpan. Pero, al mismo tiempo, no tengo la suficiente fuerza de voluntad como para decir "no me hables". Soy medio pusilánime, no me animo a cortar las conversaciones.
¿EN PRANA NO TE DAN CHARLA?
Sí, pero muy poquito, porque como la música está tan fuerte, es casi imposible que el diálogo sea fluido.

¿QUÉ FUE LO QUE TE GUSTÓ DEL CORTE QUE TE HICIERON?
En general, en las peluquerías de viejo, yo nunca me preocupé por nada. Mientras me emparejaran un poco ya estaba bien. De hecho, mi frase típica de peluquería siempre fue "emprolijame". Pero cuando llegué a Prana, dije: "Mirá, la verdad es que no sé muy bien qué decirte, porque siempre me corté con viejos". Celeste, la peluquera, se rió y enseguida hizo un diagnóstico: "El problema tuyo es que siempre te cortaron con máquina. Yo te voy a cortar con tijera". O sea, sin que yo le dijera nada, entendió mi problema, de una manera tan clara que cuando salí, la gente que me conoce me decía: "Mirá vos, nunca tuviste el pelo tan lindo". ¡Parece una publicidad de Prana esto!
VIVISTE VARIOS AÑOS EN ESPAÑA: ¿TUVISTE MEJORES O PEORES PEINADOS?
¡Mucho peores! Era tremendo: si googleás fotos mías entre 2005 y 2010, son lo peor del mundo. Me hacían un casquito horrible. El gran problema es que en España la palabra "prolijo" es como si no existiera, entonces siempre me costó muchísimo ese tema.
¿QUÉ TANTO TE PREOCUPABA NO ENCONTRAR UN BUEN CORTE?
Nada. Históricamente, todos mis peinados han sido malos, porque yo tampoco tengo muchas posibilidades de que algo me quede bien. No soy muy agraciado estéticamente, así que me da un poco lo mismo. Por eso, la verdad es que tampoco le temo a la calvicie. A esta altura…
Además, tengo un problema extra: con el pelo largo parezco un vago y con el pelo corto un estúpido.
No hay salida. Después de pensarlo un poco, me decidí a usarlo bien corto: parezco un estúpido, sí, pero
al menos no me tengo que ocupar.
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