Pronóstico del tiempo: la tormenta zen

Diego Angeli
Diego Angeli PARA LA NACION
Crédito: Augusto Costanzo
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21 de noviembre de 2019  • 01:20

La tormenta zen

Cómo fue que aprendí que el sol a veces decide traicionarnos. Cómo fue que aprendí a traicionar al sol. Cómo pude entender que el buen tiempo ni el mal tiempo existen. Que a veces el granizo puede tratarnos mejor que el cielo despejado. Que solo un vendaval puede traer la calma.

A comienzos de este siglo había viajado al Tibet. La amenaza de que todas las computadoras fueran a explotar con el Y2K me preocupaba y había elegido ese lugar para esperar el fin del mundo. Como nada sucedió, aproveché para inscribirme en un seminario intensivo de meteorología zen que se dictaba en un monasterio del lugar y que me serviría como motivo de mi viaje ya que me parecía bastante frustrante volver sin ningún apocalipsis para contar. Allí, bajo las estrictas órdenes de una suerte de profesor Miyagi, fui instruido en las más profundas artes de la meteorología Tao que practico aquí secretamente por no estar permitida por el Ministerio de Defensa de la Nación. Un día, mientras alisaba por enésima vez un jardín de arena contiguo haciendo espirales ascendentes, se me acercó el maestro y me habló después de varias semanas de completo silencio:

  • - Hi Stewart, you do it very well
  • - Sorry Master, I´m Diego, the guy from Argentina...
  • - Disculpa, es verdad, es que son tantos que me pierdo. Dime Diego, ¿qué es lo más bello que encuentras en este momento aquí arriba de la montaña?
  • - El sol, Maestro. El cielo limpio. La estatua de oro de Budha. El Himalaya. Y la chica de Suecia que se anotó la semana pasada.
  • - Pues nada de eso tendrás y aprenderás a que todo eso te sea esquivo de por vida. ¿Dónde notaste la mayor ira de la naturaleza?
  • - En las tormentas, maestro. Y cuando usted me golpeaba con su vara por hablar...
  • - Pues de ahora en más buscarás la belleza en las tormentas. Y entenderás que el azote de mi vara no es nada comparado a la ira de los lectores. Entenderás que no hay bien ni mal en meteorología. Verás ciudades arrasadas y vidas destruidas porque así lo dispuso la naturaleza. Y las contemplarás con desapego. Donde hoy veas a un elemento amigo, mañana verás a un enemigo y viceversa. Quiero que pienses en eso.
  • - Gracias, Maestro
  • - Ahora debes volver a guardar silencio y nada de acercarte a la sueca. Ella te alejará de la iluminación.

El paso del tiempo fue dándole la razón al Maestro. Pude comprender cómo el sol, un aliado en el duro invierno, se transformaba en un enemigo. Venerado por tantas culturas y de pronto ahí arriba, maldecido por mí y tantos otros en una tarde de calor en Buenos Aires, deseando que explote como una supernova y se apague para siempre. Comprendí que el cielo despejado era también la peor suerte que nos podía tocar. Supe que la tormenta es nuestra única aliada a la hora de derribar las altas temperaturas y entendí completamente las enseñanzas.

Son estos, esos días en los que un temporal es nuestro amigo y el sol nuestro rival, en los que no hay peor color que el celeste del firmamento inmaculado. Que cuando sube la temperatura, el alma baja. Que todo se da vuelta y lo que meses atrás era una bendición ahora es un calvario. Que lo que antes era un suplicio, ahora es prosperidad. Un verdadero Ying Yang atmosférico. Aprendí a agradecer cada tormenta, cada día nublado, cada entrada de aire frío que hubiese maldecido en el invierno. Y recuerdo de manera indeleble sus últimas palabras:

"Volverás a Buenos Aires y enfrentarás a tres duros enemigos en cada verano: el calor, el sol y el reggaetón".

Recuerdo en estos días sus enseñanzas: una tarde de sol y calor no representan otra cosa que pésimas condiciones meteorológicas para el ciudadano de a pie. Le escribí ayer para contárselo pero había abandonado la practica zen. Me contestó que se enganchó con la sueca y se fueron a vivir a Las Vegas.

Para este atardecer se espera una tormenta. Solo los más osados podrán entenderla como un verdadero regalo del cielo. Que las piedras de hielo, las ráfagas que tumben árboles, los rayos que impacten a tierra y las cortinas de agua no sean otra cosa que una gentileza de la naturaleza para todos los mortales que sobreviven al infierno porteño. Solo los más osados podrán comprenderlo.

Jueves: la tormenta ilustre

La comitiva ya está preparada para entregarle las llaves de la ciudad. Puede que no sea tan activa como inicialmente se estimaba pero su misión será tumbar al termómetro lo más que pueda sin la necesidad imperiosa de destruir la ciudad, para eso sobra gente. La tormenta se anuncia para el final de la tarde por lo que las cartas matinales ya están echadas. Amanecer pesado clausurando una noche donde costó muchísimo dormir, el termómetro comienza su marcha desde los 25°C confiado en volver a despuntar promediando el día pero no sabe la que le espera. Ya a media mañana la actividad prefrontal puede mostrar importantes desmejoras con la llegada masiva de nubosidad que tendrá la amabilidad de taparnos el sol desde temprano. El mercurio treparía hasta los 32°C envalentonado por el viento caliente hasta que se produzca el primer impacto con el aire frío en algún momento del atardecer o ya comenzada la noche. Se pueden esperar tormentas hasta la madrugada, recién ahí el conjuro térmico estará completo y el demonio liberado con la consecuente caída de la temperatura. Si bien las simulaciones marcan que no se espera nada estridente, guardaremos cierta cautela, habrá que estar atentos a las alertas que se emitan: el calor no se va a entregar sin dar batalla y algún pasaje de severidad no estaría fuera de libreto. La medianoche proyecta 24°C y se podrá volver a dormir. De esta manera se da por terminado el evento de altas temperaturas hasta nuevo aviso.

Viernes: el sol en penitencia

Después del desacato del miércoles el sol cumpliría una fecha de suspensión y su presencia para el viernes está en duda. Arranque con 20°C y aire frío recorriendo el estuario en una mañana que nos devuelve la primavera. Se estima un permanente sobrevuelo de nubes cargadas durante todo el día sin previsión de lluvias. En una jornada sin insolación de superficie y con viento frío el termómetro apenas lograría 25°C como máximo esfuerzo. La noche se perfila estable clausurando en 19°C sin amenazar los planes de aquellos que decidan salir.

Sábado: la primavera toma el control

Empieza un fin de semana en el que el sábado mostraría mejor semblante que la jornada dominical. Idílicos 17°C grados para inaugurar el día que promete cielo parcialmente nublado pero con generosas cuotas de sol. Se calcula una máxima de 26°C, impensados a mitad de semana, en un ambiente muy agradable que alienta a aquellos que quieran planificar actividad al aire libre. El viento del este y la nubosidad nocturna acunan al mercurio que apenas retrocede, cerrando el día en 23°C. La noche no corre riesgo para los que tengan algo en agenda.

Domingo: noche inestable

La jornada dominical irá mostrando una gradual desmejora con el correr de las horas. El mediodía queda a salvo con 26°C y la tarde promete calor moderado con una temperatura punta de 28°C. El atardecer podría encontrar algún núcleo de tormenta a la vuelta de la esquina y la noche quedaría expuesta a algunas lluvias aisladas. La inestabilidad se fortifica hasta entregar un lunes con lluvias de variada intensidad.

Eso es todo, amigos. Nuestra suerte de hoy queda echada al horario de ingreso del aire frío. Aún en el peor de los casos, si la veleta gira tarde y el mercurio pica alto, el calor tendrá sus horas contadas. Lo que resta del mes mostrará calor pero nada disparatado como lo de estos días.

Para finalizar les dejo un proverbio que aprendí en el Tibet: "El dragón inmóvil en las aguas profundas se convierte en presa de los cangrejos". No tiene nada que ver con lo que escribí pero me da una imagen fuerte para cerrar la columna.

Hasta la semana que viene.

@JopoAngeli

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