
Sandra cambió la ciudad por un pueblo de 100 habitantes: “Estaba en una situación cómoda y no me faltaba nada, pero no es la vida que yo quería tener”
Tenía trabajo, estaba cerca de su familia y llevaba una vida de ensueño; sin embargo, sentía que no era el futuro que deseaba
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Tener un trabajo estable, un lugar donde vivir y a la familia cerca podría parecer suficiente para muchas personas. Sin embargo, Sandra Lleida sentía que aquella vida no era la que quería para su futuro. La joven española trabajaba en un supermercado y se había instalado temporalmente en la casa de su padre después de quedarse sin su empleo anterior y no poder continuar pagando un alquiler.
De todas formas, lejos de desanimarse, decidió comenzar a pensar en otras opciones para ser feliz. A través de su canal de YouTube, Sandra relató cómo atravesó ese proceso y cómo fue que finalmente llegó a vivir en los Pirineos Aragoneses, donde encontró una casa en una localidad de alrededor de 100 habitantes y comenzó una vida completamente diferente.
“Lo primero de todo que hice fue cambiar el chip. Así, en modo resumen, yo estaba trabajando en un supermercado y viviendo en casa de mi padre. Y pese a que estaba en una situación bastante cómoda, no me faltaba de nada, estaba cerca de mi familia y amigos. Pero no es la vida que yo quería tener. Era una cosa temporal porque me había quedado sin mi trabajo anterior y, debido a eso, no pude seguir pagando un piso de alquiler de ese momento”, recordó.

Para Sandra, volver a la casa de su padre no significaba haber fracasado, sino disponer de un tiempo para reorganizarse y decidir cuál sería su próximo movimiento. “Entonces estaba en una situación como recalculando. Me fui a casa de mi padre y empecé a trabajar en el súper para tener como un punto de partida, pero no era donde yo me quería quedar durante mucho tiempo. Entonces se empezaron a formar varias ideas en mi cabeza: ¿cómo podía salir de esa situación sin tener mucho dinero y teniendo en cuenta que este perrito se venía conmigo a donde yo me fuera? Entonces, claro, las posibilidades se reducían bastante”, explicó.
Una de las grandes preguntas que le hicieron sus seguidores es cómo logró conseguir una casa en un pueblo sin haber vivido nunca en el lugar ni tener referencias. Según relató, había organizado un viaje hasta los Pirineos con la intención de pasar allí su cumpleaños. Sin embargo, como la idea de vivir en un pueblo llevaba tiempo rondando en su cabeza, decidió aprovechar la visita para averiguar si realmente era posible instalarse en la zona.
“Le pregunté a la dueña de la casa rural en la que me estaba alojando, pregunté en distintos establecimientos, bares, tiendas, si creían que había alguna posibilidad de mudarme ahí, cómo estaba la vivienda, cómo estaba el trabajo... Y sí que es verdad que no hay nada fácil en esta vida, pero parecía que era factible, que era una opción”, señaló.

La vivienda no era el único obstáculo. Como ocurre con muchas personas que contemplan dejar una gran ciudad, la posibilidad de conseguir un empleo y mantenerse económicamente era una de sus principales preocupaciones. “Evidentemente, está la parte laboral. Todos tenemos el miedo de ‘¿de qué voy a trabajar cuando llegue allí?, ¿cómo me voy a mantener?’. En un pueblo las opciones laborales no son las mismas que en una ciudad. Entonces tenéis que valorar cuáles son vuestras prioridades concretas”, explicó.
La joven también señaló que determinados trabajos requieren presencialidad y no pueden seguir realizándose en una pequeña localidad alejada de todo. Ante esa situación, la persona deberá decidir qué aspecto de su proyecto de vida tiene mayor peso.
“A lo mejor vosotros tenéis una profesión que sí o sí tiene que ser presencial y no existe la opción de trabajar de eso en un pueblo. Entonces tenéis que decidir qué preferís: seguir con vuestro trabajo pero en una ciudad o intentar otro camino laboral para vivir en un pueblo. Y eso es totalmente su decisión. A lo mejor decidís que en este momento de la vida preferís seguir apostando por el trabajo y ya está, y está bien”, reflexionó.
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