Se enamoraron, proyectaron un futuro, pero todo cambió cuando ella conoció a su familia: “Era incapaz de poner límites”

Lo conoció en un mundo donde se permitió ser él mismo, sin el peso de una vida digitada, pero todo cambió cuando la familia apareció en escena...

Corazones
7'
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Se conocieron en la universidad, algo tan usual en tantas historias de amor que terminan en matrimonio. El primer encuentro fue en una clase de Historia Social Moderna y Contemporánea, Luca levantó la mano porque no había entendido bien un concepto. Camila, que solía distraerse mucho en clase, volvió a tierra, atraída por su voz, pero, en especial, por su acento, en este caso, un evidente italiano de alguna región del norte.

Luca hablaba bien castellano y había llegado de intercambio de estudios, no tanto por la carrera en sí, sino por la experiencia de vivir en otra cultura y desprenderse un tiempo de sus lazos familiares, a veces un tanto asfixiantes.

“Luca venía de esa familia tana típica muy unida, donde a medida que se casaban, cada familia se instalaba en el mismo pueblo. Era el primero en su familia en irse tan lejos y no había recibido demasiado apoyo en su aventura”, revela Camila.

Atracción y acercamiento: “En ese instante me volví loca de amor”

Camila lo empezó a ver en todos lados, aunque, a decir verdad, ella buscaba a Luca constantemente, entonces recorría la cafetería, los pasillos, las escaleras, el patio interno y todo recoveco de la facultad para ver si se producía ese encuentro `casual´.

Camila se enamoró de Luca en la universidad.
Camila se enamoró de Luca en la universidad.
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Cierta vez, lo vio en la barra de la cafetería, se acercó, se paró junto a él y pidió un café con leche, luego volteó y lo buscó con su mirada. Luca clavó sus ojos en ella, y en ese instante, Eugenia apartó su mirada con una leve sonrisa, después volvió a observarlo. El juego hizo inmediato efecto, él le sonrió y le dijo: `Te conozco, compartimos Historia Social Moderna y Contemporánea´. Camila simuló no recordarlo: `¿En serio? ¿Y qué te parece el profesor?´ A partir de ese instante comenzaron a hablar largo y tendido acerca de la clase, de las dificultades, de lo que les gustaba y de la carrera. Tan solo fue el inicio de una charla que, semana a semana, se enriqueció hasta confluir en sus orígenes, sus vidas personales cotidianas y sus aspiraciones futuras. Y entonces, con el corazón en apertura, y la química que ya había hecho efecto desde el día de la cafetería, llegó el primer beso. Fue durante una cita improvisada después de la facultad, ni siquiera habían llegado al bar al que querían ir, cuando él se detuvo en seco, la tomó por la cintura y la besó.

“En ese instante me volví loca de amor”, confiesa Camila. “Nunca había sentido las famosas mariposas en la panza, pero ese día revolotearon y me enamoré como nunca. Sí, hasta el día de hoy puedo decir que nunca me enamoré tanto como me enamoré de Luca”.

Argentina idílica y decisión: “No dude en dejar mi trabajo en Buenos Aires y mudarme con él a Italia”

A las tres semanas, Luca le dijo que se había enamorado de Camila y que quería que fueran novios. Ella, por supuesto, no lo dudó. Esa noche no pudo dormir, la felicidad que sentía era tanta, que no podía imaginar a alguien más contento y bendecido en ese instante en la tierra. Se resistía a cerrar los ojos y dejarse llevar por el cansancio, porque deseaba que las sensaciones no la dejaran de atravesar en ningún instante.

Luca tenía pensado quedarse un año, y ya habían pasado cuatro meses desde su llegada. A la pareja de enamorados no le importó, faltaba mucho y cuando llegara el momento decidirían qué hacer. Ambos coincidían en que visualizaban un futuro juntos e incluso imaginaron su boda.

Él conoció a sus amigos, a su familia nuclear, después a la extendida, quedó fascinado con los extensos asados, y los paseos de fin de semana a los que se aventuraron, recorrieron desde Maschwitz, San Antonio de Areco, pasando por Tandil, y la costa. En invierno, hicieron un viaje al sur, donde Luca se imaginó viviendo algún día.

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“Y a medida que él conocía mi mundo y mis seres queridos, yo fui conociendo todo lo suyo, pero desde la distancia. Una Italia que amaba, una familia absorbente y mandatos muy firmes que se sentía obligado a cumplir, pero de los que estaba huyendo”, cuenta Camila.

La pareja viajó por Argentina y planificó un futuro de a dos.
La pareja viajó por Argentina y planificó un futuro de a dos.

“Cuando su tiempo en la Argentina culminó, yo ya sabía que él sentía el deber de regresar. Yo, por mi parte, no dudé en hacer todos los trámites para seguir mis estudios en el extranjero, dejar mi trabajo en Buenos Aires y mudarme con él a Italia”.

La familia ingresa en escena: “Entre su sumisión y mi desarraigo”

Camila llegó medio año después de su despedida. Luca la esperaba en el aeropuerto y el reencuentro fue tan hermoso como lo habían imaginado. Se amaban, se habían extrañado y por fin podrían empezar una vida juntos.

Pero casi de inmediato, la familia respiró en la nuca de la joven argentina. Se instalaron en las afueras de Milán, cerca de los padres de Luca y con buen acceso a la ciudad para trabajar y cursar estudios. A pesar de mantener una distancia geográfica prudente, las exigencias familiares se sintieron de inmediato. En las reuniones, las miradas hacia Camila eran distantes y no fue capaz de sentirse bienvenida. Las llamadas y visitas a su departamento eran continuos y los eventos asociados a cumpleaños, aniversarios, asuntos de empresa familiar, entre otras cuestiones, parecían abarcarlo todo.

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“Tenían una empresa familiar gastronómica y Luca estaba destinado a trabajar en ella. Y Luca parecía incapaz de imponer espacio, de poner límites y dejar de agachar la cabeza ante los reclamos exigentes del padre. Apenas llegamos cumplió con el mandato. Entre su sumisión y mi desarraigo que crecía, comencé a transitar un período de angustia creciente que se transformó en depresión”, confiesa Camila.

Italia y un final que se resistía.
Italia y un final que se resistía.

Un amor que valió la pena

Camila trató, lo hizo con todas sus fuerzas. Luca también, con las herramientas que tenía y hasta donde pudo. Se amaban, pero no fue suficiente. Ella lo había conocido a él en un mundo donde pudo ser libre; un paréntesis de vida donde Luca se permitió ser él mismo, sin el peso de una vida digitada. Pero en Italia regresó a esa identidad construida, y una mañana hacia el final del invierno, tuvieron esa charla que ninguno de los dos quería tener. Camila no era capaz ni sentía que debía abandonar su vida por esa otra que le era ajena. Luca sabía que no renunciaría a su rol en el engranaje familiar.

La despedida fue amarga, muy amarga, acompañada con un `te amo´ y con el deseo de la mayor felicidad. Los años pasaron, las décadas pasaron, cada uno construyó su rumbo y su familia y, hasta el día de hoy, se saludan para los cumpleaños y las Fiestas. Cada uno fue feliz a su manera y Camila jamás se arrepiente de ese amor intenso que sintió por Luca: “Fue un amor que atesoraré para siempre. Fue un amor y un camino recorrido que valió la pena”, concluye.

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