Torsos, talles y géneros: la distinción de género con formatos específicos

Javier Arroyuelo
Javier Arroyuelo LA NACION
El saco cruzado del traje masculino y el vestido cruzado son las piezas que, a nivel del torso, mejor definen el ideal patriarcal
El saco cruzado del traje masculino y el vestido cruzado son las piezas que, a nivel del torso, mejor definen el ideal patriarcal
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11 de agosto de 2019  

Hay, en la anatomía de la moda, un área central que compone un todo, extendida de los hombros a la cintura, y anexando los brazos. Es un conjunto tenido en cuenta como unidad de diseño, aún en el caso de las prendas que no cubren necesariamente todos los sectores, como, por ejemplo, los top crop. El abdomen, la pelvis y algunas franjas de caderas y nalgas pueden en ocasiones integrarse en el ensemble, según las coordenadas estéticas del momento o el formato de la prenda, determinado a menudo por la estación o, si se busca crear la ilusión de una silueta alargada, en un vestido de noche. Pero las zonas erógenas quedarán para una próxima entrega. Hoy nos interesa ponerle el pecho a la moda.

En un tiempo en que la moda, entendida en el sentido amplio, con inclusión de los movimientos de costumbres, favorece los cuerpos amplificados por musculación e/o implantes, el pecho aparece como un notorio marcador de género y notable punto de seducción.

La moda popular, cabe decir que en un vaivén de influencias mutuas con la moda de las pasarelas, favorece los pectorales blindados y los senos turgentes, según la fórmula de Corín Tellado, bien manifiestos bajo la remera segunda piel, o generosamente ofrecidos al escrutinio general en soutien de calle ella o musculosa de escote desbocado él. Pero, paradojalmente, sobre semejantes desbordes, marcadores claros del sexo de pertenencia, ella y él eligen llevar camperas de jean o motoqueras de cuero, que disimulan o diluyen toda diferencia. Sospecho que el gusto por la neutralidad resulta de la influencia del repertorio deportivo que domina la estética de la época, a todos los niveles del mercado.

En el canon tradicional, en cambio, la distinción de género a través de formatos específicos se mantiene inalterada. Significar el género con decisión, sin ambigüedades posibles, fue y es la función primordial de las prendas clásicas, sin recurrir al despliegue de obvios signos exteriores de sensualidad arriba evocados. Las piezas que, a nivel del torso, mejor definen el ideal patriarcal son el saco cruzado del traje masculino y el vestido cruzado, en inglés wraparound dress, inventado no en los 70 como cuenta cierta leyenda publicitaria muy bien orquestada sino en los 30, nada menos que por Elsa Schiaparelli.

Basados en principios similares, no podrían a la vez ser más disímiles. El saco cruzado subraya la densidad del torso varonil, connota un estatus social elevado y cumple un rol de coraza simbólica, protección elegante de los órganos vitales, entre los cuales, contiguos, el corazón y la billetera. Es una prenda que distancia.

Las curvas que definen la chaqueta del tailleur de la mujer apuntan a suavizar, sinónimo en moda de feminizar, su consistencia, a disminuir su impacto. Mientras que en el vestido cruzado, a medida que aumentaba su popularidad, se fue acentuando el carácter envolvente, acariciante, de su construcción,

La moda de salón sigue viendo y vistiendo al torso masculino desde la perspectiva de la sastrería y, al femenino, desde el moulage, el drapeado. La moda de calle los iguala en la fluidez y los volúmenes de los formatos de confección o los diferencia erotizándolos.

En cualquiera de los casos, lo fundamental es que si hay mangas la sisa calce exacta y, si hay cintura, que esté bien marcada. Y si hay panza, blusa de pintor para todo el mundo.

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