
Un vermucito
De bebida popular en boliches lugareños al costado de la ruta a onda sofisticada en hoteles finoli
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Es curioso cómo, de un año para el otro u otros, y como quien no quiere la cosa, costumbres sempiternas deliciosas se esfuman de la vida; chau.
Con Fernando Vidal Buzzi, que es como hacha para la nostalgia, hicimos una lista de estos bienes perdidos, sobre todo en las áreas morfi, y rememoramos montones. Los English muffins, por ejemplo, que horneaban las viejitas anglo en sus chalets de Belgrano Erre, ¿recordáis? Para tomar el té con algún native. Fernando trajo a cuento el qué fue de las torrejas de zapallo con azúcar, de los churros grasuli madrileños en las madrugadas de Corrientes, del arroz a la cubana con banana frita, del puchero con repollo y chiquizuelas ideológicas. Que comíamos en El Globo, porque enfrente El Imparcial era una cueva de franquistas.
Yo insistí, por mi parte, con nostalgias ambarinas de las enaguas de satén, tan delicuescentes de explorar por debajo de la mesa, las en cambio brumosas reflexiones de Ezequiel Martínez Estrada sobre las pampas chatas locales, y las vicisitudes del famoso bache que prosperaba invicto en Cachimayo esquina Zelarrayán. Todo lo cual de alguna forma se borró sin dejar rastros, en esa hipótesis conjetural alternativa llamada la Argentina. El bache Cachimayo sigue ahí, andurrial y empedernido. Pero tan incrementado en ancho y hondo que hoy abarca por entero a la república. Solución política ideal porque entonces ya nadie más lo ve.
También hemos perdido el vermut, que, al estilo copetín con ingrediente, era costumbre cotidiana after six en los majos reductos gallegaicos de la
Avenida de Mayo, hoy santa sede del art déco.
Inolvidable ese drinki, cuya ortodoxia era el Cinzano en vaso alto con soda de sifón y dos hielitos. Al que empédocles de los que nunca faltan le ponían chijete de fernet para agregar espuma y levísimo retrogusto amarguito. Venían respaldados por el ingrediente a la manera tapa de quesito Chubut, maní salado, dados de jamón cocido, tiritas de mondongo a la salsa de tomate hot, papas fritas, albondiguines, aceituna, lupines, anchoa, apio, arandelas de rabanito, y algún canapé extra de relleno infuso, lujo de la casa. Había una liturgia primordial que sugería ingresar al ingrediente por el jamón cocido, los chubut y la aceituna, posponiendo para el fin las albóndigas y el mondongo picantoso. Se estimaba de buen tono dejar mínimo cuatro maníes en su platito de aluminio opaco, cosa de no caer en la categoría de angurriento.
El consumo estándar eran dos vermuts, dosis justa para esa premamúa que los anglos llaman "estar tipsy". Pero con el plus de Branca, un poco el lunfardaje trastabillaba. Ese era el momento de la anchoa y los lupines, que son ambos de amainar tranca siempre que se mastiquen en ralentisseur, como vaca post-Moreno. Que en lugar de pasto se come el horizonte. A las minas retrecheras no se les suministraba ese apacigüe para favorecerles la predisposición a lo que venga.
Porque el vermut tiene un afuera inocentón, pero un adentro peligroso, como que su nombre deriva del alemán wermut, o sea, del ajenjo. Y el ajenjo, o absinthe, era el drink delirium tremens del poeta Paul Verlaine y su entourage de los malditos.
Hoy, el enérgico retorno al hábito del whisky on the rocks, del clarito o dry Martini, del coloradito de Campari-Gancia y la rampante fashion del pisco sour (sáuer) y de la caipirinha, han hecho del vermut con pineral y su ingrediente un consumo de boliche pampa al costado de la ruta. Pero onda muy sofisticada si uno lo pide en reductos high class como la Biblioteca en el Sofitel de Arroyo, o el pub del Caesar Park en calle Posadas. ¿Un vermut con soda? Todos giran su cabeza y te miran.
1. Para cada dia
En su línea López (ex Selección) con precio a nivel vino-nuestro-de-cada-día, la bodega homónima sacó un sauvignon blanc superrecomendable. De Agrelo, vinificado a 13º constantes, aromas varietales frescos y calidad bien por encima de su precio: sólo $ 14. Es partida limitada, pero eso en idioma López son 50.000 botellas.
2. Vuelta al pago
Desde hace años concentrado al estilo New World, el Norton Malbec DOC abandonó en su actual cosecha (2006) púrpuras lúgubres, aromas neutros y astringencias de sangrías a la Parker. Era hora. Recuperó el vivo rubí azulado, el sensual aroma a fruta y la boca amable del malbec local. Volvió a ser un predilecto del consumo interno. Fíjese.
3. ¿Como se degusta un vino?
Muy fácil: 1) descorche botella; 2) transfiera vino a una copa; 3) respírele aromas; 4) introduzca sorbo al interior de su boca; 5) haga buche para paladear sabores; 6) trague; 7) diga ¡ah! bajando los párpados; 8) saque labios para afuera como besando nalguita de un ángel; 9) diga "este tinto tiene aroma a guante de cabritilla"; 10) eso es todo.






