Una ingrata experiencia con debut y despedida

Javier Álvarez
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2 de enero de 2016  

Siempre planifiqué mis viajes con varios meses de anticipación. Sólo una vez, estando en pareja con una española, acostumbrada a las ofertas last minute que abundan en Europa, me dejé llevar y me convertí en un viajero de último momento. No me resultó.

Tenía una semana colgada de vacaciones y en la empresa donde trabajaba entonces me "obligaron" a tomármela en el lapso de un mes. Era agosto. Son muy estrictos con el descanso y para ellos yo era el que estaba en falta. Cuando le comenté que tenía esa semana, mi novia se entusiasmó y empezó a buscar las ofertas en distintas páginas. Yo, que siempre había planificado mis viajes muchos meses antes, no tenía el mismo entusiasmo, pero me dejé llevar por su experiencia en el tema.

Hasta que apareció una oferta que, según ella, era difícil de de-saprovechar.

En primer lugar, al priorizar la oferta por sobre el destino, terminé de vacaciones en Buzios, un lugar que probablemente no habría elegido. No es que no sea lindo, pero en mi cabeza estaba la idea de ir al Norte, a playas agrestes y solitarias y con temperaturas un poco más cálidas. Jamás habría optado por el muy concurrido y familiar Buzios. En segundo lugar, el hotel no era lo que esperábamos, la habitación era demasiado pequeña y daba a la pileta, por lo cual el ruido de los chapuzones y la música ambiente se tornaba por momentos espantoso. Cuando quisimos cambiar a una mejor, pagando incluso la diferencia, nos fue imposible: el paquete no tenía opción de cambios, ni devolución ni nada parecido a la posibilidad de tener acceso a una habitación donde se pudiera reposar con tranquilidad. Un párrafo aparte fue el avión: salidas a horas insólitas, de madrugada, con aerolíneas colapsadas. En fin, fue mi debut y despedida en el mundo del viajero last minute.

Aunque a muchos los estresa planificar sus vacaciones, a mí me resulta un alivio saber con certeza adónde y cuándo voy a viajar. Aunque muchos de mis amigos no comparten esta filosofía, a mí es la que más me cierra. Entiendo la adrenalina de armar las valijas y a los pocos días estar disfrutando de las vacaciones, pero yo prefiero ir mentalizándome y disfrutar esos meses leyendo sobre el destino al que voy a ir.

Pero, además, creo que es un falso mito lo de las ofertas de último momento. Los pasajes aéreos, por ejemplo, son mucho más baratos si se los compra con varios meses de anticipación que sobre la hora. Lo mismo el alojamiento: no sólo es más barato, sino que además te asegurás de conseguir la habitación que querés. La única cuestión a tener en cuenta es fijarse de sacar tarifa flexible porque, aunque cuesta un poco más, da la posibilidad de cambio ante cualquier imprevisto. Y sacando con tanta anticipación eso se vuelve fundamental.

Las vacaciones de este verano las tengo planificadas y reservadas desde abril. Me voy a ir con mi hermano -planificador como yo- a la Costa Oeste de Estados Unidos. Por supuesto ya tenemos el itinerario pero dejamos unos días "en blanco" por si surge algo inesperado.

El autor es productor televisivo

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