
En tierras de Girona, Cataluña, una pareja reformó una construcción rural del siglo XIV para convertirla en su hogar y en una soñada casa de huéspedes.
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Producción: Solange van Dorssen | Fotos: gentileza José Luis Hausmman.
Can Bassa (en castellano, "la casa de los Bassa") es una antigua masía (construcción rural) situada en el Empordà (Ampurdán), una región entre la ciudad de Girona y la Costa Brava. Hasta ahí nomás son necesarias las traducciones: las sensaciones que despierta y los sueños que entraña se entienden en cualquier idioma.
"Compramos la masía hace 10 años", nos cuenta Isabel, junto con su marido, artífice de la reforma y a cargo del pequeño hotel. "Hacía tiempo que soñábamos con una casa de campo cerca de Barcelona para pasar los fines de semana con nuestros hijos. Después de mucho investigar, nos decidimos por esta región tranquila, con muchos pueblos medievales, campos de cultivo y montañas".
"Cuando encontramos Can Bassa, nos enamoramos, aunque sabíamos que era demasiado grande para nosotros y sólo en un 30% habitable. Las reformas previstas eran enormes, pero disfrutábamos imaginando qué proyecto podríamos hacer. Cuando empezamos las obras, ya dudábamos si seguir viviendo en Barcelona o si aventurarnos a vivir aquí, cosa que hicimos hace cuatro años. Para que el plan fuera sustentable, decidimos hacer de Can Bassa un albergue para huéspedes, y la dividimos en seis casas: la nuestra y otras cinco independientes que dan a un jardín comunitario y alquilamos por día. Hace dos años, también abrimos unas habitaciones de hotel en la parte baja de la masía".
La reforma fue completa: levantar techos para aislarlos correctamente, tratar o sustituir las vigas de madera, levantar pisos para reforzar la estructura y reponer suelos de barro, instalar electricidad, agua, calefacción, abrir o ampliar ventanas. "Lo más complejo fue la toma de decisiones, el diseño de las diferentes edificaciones. Pero también lo más fascinante", concluye encantada doña Isabel.
Los dueños de casa sugieren
• "La piedra gris está muy presente en la construcción y en todo el pueblo de Madremanya. No quisimos cambiarla con barnices ni revoques; pero también es cierto que es un material muy pesado a la vista, por eso lo equilibramos poniendo una pared de color claro en cada espacio y techos y vigas en off white".
• "Los suelos de cemento gris claro combinan muy bien con las paredes de piedra. Cuando pusimos baldosas, elegimos las más claras, siempre con acabados mates".
"Solo nos atrevimos a dar la nota de color en la carpintería de las ventanas y puertas verdes –el tono de los olivos de los campos vecinos- y en las colchas y almohadones".






