Adolfo Domínguez: "El cliente sigue siendo el rey"

El diseñador español fundó hace décadas una marca sustentable cuando ecología y moda sonaban incompatibles; cómo armó su camino y qué lo trajo a Buenos Aires
Felicitas Rossi
Paloma Bigio
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11 de mayo de 2016  

Visionario. El diseñador y empresario Adolfo Domínguez creó una marca de ropa sustentable por donde se la mire. Hiper conectado con el medio ambiente, trabaja junto a su familia en una empresa que supo acomodarse a los nuevos paradigmas del consumo global sin perder su ADN. De paso en Buenos Aires, donde participó de un reality show televisivo, vino a Conversaciones en La Nación.

Foto: Emiliano Lasalvia
Foto: Emiliano Lasalvia

–¿Qué lo convenció para intervenir en un reality de moda?

–Pensé, ¿Y por qué no? Es el futuro. Lo mismo que pasa con el periodismo, que pasa de lo gráfico a lo digital, pasa con la moda, porque son nuevas formas de comunicar. Y dicen que es una manera de comunicar el futuro. Al igual que les debe pasar a los periodistas con el futuro digital. Además, la escritura no la pierden, es un nuevo reto.

– Usted hizo famosa la frase "la arruga es bella", en referencia a las arrugas del lino. ¿Se puede aplicar esta frase a la piel de la mujer?

–Esa frase se volvió un slogan exitoso, porque retumbó y escaló por grietas insospechadas. La gente la sigue repitiendo porque significa mucho más que todo eso. Pensemos: Paul Newman es más guapo de viejo que de joven. Saber envejecer es parte de la vida. Para que nazca una rosa en primavera tiene que morir en otoño. La muerte es parte de la vida.

–¿Usted está muy conectado con la naturaleza?

–Yo vivo en el monte, no vivo en la ciudad. Y la verdad es que me encanta vivir allí. Lo que me relaja la mente es hacer yoga, cada día y bajo los árboles, aunque llueva. El yoga no tiene más misterio que la respiración, los estiramientos, y poder hacerlo bajo los árboles, es buenísimo. El resultado final es la mente en blanco.

–¿La naturaleza es su umbral para llegar a lo divino?

–Bueno… yo no creo en el Dios de los cristianos, soy monoteísta. Pero creo que si existe Dios, es el bisbiseo de los números. Las relaciones numéricas de las cosas, en realidad, tienen que ver con la física. Y si Dios existe, es musical: el mesías de Dios en la Tierra sería Mozart.

–Su conexión con la naturaleza, ¿cuánto le aporta a la hora de crear?

–Cuando me dicen la palabra crear, siempre digo que crear crea Dios, y los demás sólo hacemos cositas. Si hay alguien que crea es Einstein, Newton, Mozart, y algunos cuantos. Los demás solo realizamos algo, porque me parece demasiado pretenciosa la palabra. Pero el cómo es que hacemos eso, creo que es más sencillo; es un oficio, pero que necesita una formación artística, también una sensibilidad artístico-estética. Si no la tienes, dedícate a otra cosa.

–Trabaja con sus tres hijas. ¿cómo es trabajar en familia, ser padre y jefe a la vez?

–Las relaciones humanas son complejas, y hay que resolverlas, cada día. Siempre logré poner los conflictos aparte. A mis hijas las eduqué e intenté que resulten bien aprendidas. Y, bueno, luego las cosas fueron surgiendo. Se incorporaron cuando quisieron. Una de ellas, Valeria, lleva la parte de la tienda electrónica y, la otra, Adriana, se ocupa de la parte de fragancias, porque tiene una nariz espléndida. Y la pequeña, Tiziana, es la más artística, es diseñadora.

–¿Es difícil tener una marca sustentable si uno no vive de ese modo?

–Totalmente. Yo sé qué materias primas tienen menor huella de carbono, e intento convencer al cliente de que el lino es un material mucho más sustentable que el algodón, y que la viscosa también lo es, que no pasa nada con meter algo de otras fibras más de este estilo en las prendas.

–Hoy todo cambia muy rápido. ¿Cómo hace usted desde su marca para ponerle conciencia al consumo?

–Bueno, si se piensa en la actualidad, un obrero de hoy consume más que un rey de hace cinco siglos. El actual consumo de energía es impresionante. Y es así en casi todos los países del mundo. Es insostenible el consumo desaforado que estamos teniendo. Esto debe tener un límite, y creo que se va a imponer por la fuerza. Simplemente no podemos deforestar el planeta. ¡Es imposible! Yo conozco Asia y está híperpoblada. Creo que hay una solución: ir a Marte, pero eso va a llevar dos o tres siglos... Mientras tanto hay que ser concientes de que hay que apagar la luz al salir de una habitación, y ejemplos como esos hay que aplicarlos a tu oficio a diario. Pertenezco a esa generación en la que apagábamos la luz al salir de un cuarto, y hoy cuesta que se entienda y haga. Pero en tu trabajo también tienes que ser cuidadoso; si puedes poner leds en vez de bombilla normal, hazlo. Y así sucesivamente.

–¿Qué se hace con los clientes que consumen cada vez más y quieren cada vez más cosas?

–Creo que esta racionalidad de la que hablo va a entrar en la cabeza de la gente, querramos o no, con los años. En este mundo somos nuevos ricos muy recientes, incluso en los países más desarrollados, como Estados Unidos y varios de Europa. Pongo etiquetas constantemente intentando convencer a mis clientes de la importancia del uso de las fibras textiles celulósicas. Por ejemplo, vendo bolsos veganos y la gente los compra no sólo por ser más baratos, sino porque los compran con convencimiento, aún en ciudades ricas.

–A lo largo de las últimas décadas cambió muchísimo la manera de consumir moda. ¿Cómo hizo su marca para sumarse a este cambio?

–Tenemos tiendas propias y franquicias, y además tenemos la tienda online. La verdad es que dicen que el ecommerce es el futuro, y de eso se encarga mi hija, que es experta en comercio electrónico. Por lo que revelan los datos en Estados Unidos, que son los que se adelantan siempre, parece que efectivamente es el futuro. Pero no lo creo completamente, porque opino que lo físico siempre se va a conservar.

–¿El cliente sigue siendo el rey?

–Por supuesto. Yo lo creo y la sociedad de mercado se basa en que el cliente es el rey. Tenemos que adaptarnos a las necesidades de lo que el cliente nos pide.

–¿Qué se necesita para triunfar en el mundo de la moda?

–El azar y el trabajo. El azar tiene un papel similar al de la física cuántica: en el mundo de las partículas subatómicas hay mucho de azar. Cuando uno es joven cree que todo está en sus manos, pero a medida que pasan los años te vuelves más humilde y te das cuenta que el azar tiene mucha importancia.

–¿Qué le falta al diseño argentino y qué le sobra para estar a la altura de las grandes firmas internacionales?

–Creo que no le falta nada. Hasta hay más tendencia de moda que en otras ciudades del mundo. Lo que quizás hace falta es capacidad industrial y de distribución que tienen que darse con condiciones socioeconómicas constantes. Desde Adam Smith hasta hoy los países anglosajones se abrieron al mercado, porque creían que la protección de un país cerrado te hacía dormir. Y creo que les resultó. Si mantienes una atmósfera estable de competencia y esfuerzo, creo que los países mejoran. Y si tu proteges en exceso, como dice el poeta español José Miguel Ullán, al abrigo del viento solo hay muerte.

El orígen

El diseñador nació en 1950 en Trives, España. "Yo crecí entre costuras", dice sobre los recuerdos de su infancia. En su adolecencia, en la década del 60, se fue a vivir a París, donde estudió cine y arte. Hacia 1976 llegó a la moda española influenciado por los diseñadores japoneses del momento.

La firma

La marca que lleva su nombre nació en 1976, y tuvo su primera tienda en la ciudad de Ourense, España. Actualmente tiene 539 puntos de venta y está presente en 34 países. Su propuesta estética se basa en la sobriedad y la libertad. En 1990 lanzó su primer perfume, Agua Fresca, junto al grupo Puig.

Crecimiento

En la década del 90, Adolfo se planteó la posibilidad de explorar otras culturas, otros países con los que creía interesante poder intercambiar ideas y valores. En poco tiempo conquistó tres continentes y abrió tiendas en países como Bélgica, México, Gran Bretaña y Japón.

Inspiración

"Me inspira más la mujer que mira por la ventana que la que se mira al espejo", sostiene. "Pero si tengo que pensar en una mujer, la que más me inspira es Audrey Hepburn". Si se le pregunta qué es para él la elegancia, asegura que la encuentra en Japón, "un país refinado hasta el extremo".

La ecología

Para él la ecología es un modo de vida. "Yo me hice ecologista desde que nací. Es genético". El diseñador vive en el monte, donde realiza yoga bajo los árboles. Aplica la sustentabilidad en su marca, donde elige materiales nobles con el menor impacto para el medio ambiente, como el lino.

El diseño

Admira a los diseñadores de Oriente, que lo influenciaron en su carrera, y a los que destaca por la técnica del drapeado; Kawakubo y Yamamoto son algunos de ellos. Pero asegura que el momento de oro de la costura en el mundo se dio con las creaciones de Balenciaga, seguidas por las de Givenchy.

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