Algo para sumar: las gafas; si retro, mejor
Lejos de los mitos de héroes o víctimas, los anteojos para leer se usan hoy aunque los ojos no los pidan
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Men don´t make passes at girls who wear glasses (es decir, los hombres no se acercan a las chicas que usan anteojos, con rima en el original) era la frase de la escritora neoyorquina Dorothy Parker que torturaba al personaje de Pola Debevoise (encarnado por Marilyn Monroe) en la película How to Marry a Millionaire . En 1936, chicas como ella escondían sus anteojos si se trataba de lucir encantadoras, no importa todo lo que se chocaran por demostrarlo.
De a poco, el lugar común hollywoodense de que tras un par de anteojos viene alguien muy nerd o muy tonto, siempre aburrido y poco atractivo (desde Clark Kent hasta Betty la Fea , abundan ejemplos) fue cambiando, y hoy los anteojos empiezan a ser vistos como accesorios de moda, útiles para sumar sofisticación y aires más interesantes. No les quedan mal a David Beckham, a Julia Roberts ni a algunos músicos del Brit pop, y son un complemento casi imprescindible para los estudiantes de cine, con sus marcos gruesos y cincuentones.
"Hoy hay gente que no necesita anteojos y los usa con cristales neutros. Es que dan una personalidad diferente, y es una forma rápida y fácil de actualizar el look", explica Felipe Artacho, socio gerente de Nivel Uno, fábrica de anteojos de 25 años, responsable de líneas para varias marcas de ropa, incluida la de Pablo Ramírez, para su próxima colección.
"En un vagón de subte en París, el 40% de la gente usa anteojos. Y en Italia, cada media cuadra hay una óptica increíble", dicen las estadísticas espontáneas de Carla Di Sí, que durante mucho tiempo ayudó a su padre en la Optica Di Sí. También, sus conclusiones: "Acá, mucha gente necesita anteojos, pero no los usa, y las ópticas que hay no ayudan, porque ofrecen propuestas demasiado masificadas, con vendedores con guardapolvos y mostrador tipo farmacia. Todo eso les da a los anteojos una imagen más de prótesis que de accesorio".
Desde hace un año, Di Sí vende marcos y anteojos de sol vintage y europeos en una boutique de Palermo Viejo, que comparte con los diseñadores SpinaCruz y Silberstein.
"Prefiero un lugar así, cómodo, tipo living, donde la gente se siente, tome un café, como si estuviera de visita." A fin de año, Di Sí tendrá diploma de óptica técnica y, entonces sí, sumará cristales recetados.
El armazón con que se mire
A veces no se recuerda a la hora de elegirlos: los anteojos serán una parte más de la cara durante gran cantidad de horas. Mejor que queden bien. "Si se puede pagar la diferencia, no se debe dudar entre un marco que queda bien y otro que no tanto, pero de precio más conveniente. Siempre hay que apuntar al armazón que más guste y que mejor quede", aconseja Di Sí.
Entre las opciones vigentes, ganan los formatos chicos en materiales hiperlivianos y diseño retro, que miran a los años 50, 60 y 70, "pero con fuertes cambios; la nueva tecnología permite colores, más materiales, detalles y aplicaciones imposibles en aquellos tiempos", enumera Gabriel Hanfling, director de Infinit, firma argentina que empezó con impronta deportiva. Hace tres años sumó su línea Prescription y cada vez se orienta más al diseño: sus colecciones incluyen ediciones limitadas (a partir de 270 pesos) y desde junio cuentan con boutique propia, con bolsos y remeras de la firma.
Así, siguen en pie los diseños retro en zilo y en acetato (inicialmente se fabricaban en celuloide, abandonado por inflamable), y en combinaciones como frentes metálicos con patillas de acetato. En su mayoría negros, pero también en colores más jugados, pero tranquilos: marrón, azul, bordó, verde y combinaciones como marrón- celeste. Entre las últimas novedades, la vuelta de la media montura, es decir, con armazón sólo en su parte superior. Como en los días de Malcolm X.
Y si alguien entra en una óptica porteña y pide algo muy moderno , una posible respuesta serán los anteojos montados al aire (sin marco, sólo puente y patillas) en grilamid, especie de plástico translúcido u opaco, flexible. Llegan en celeste, rosa, blanco, gris, sepia y natural; los precios de los armazones varían según marcas y diseños: la versión Via Vai cuesta 160 pesos, los Infinit se van por 170 y, en Vision Express, la línea Face arranca en los 130. "Pero son modelos frágiles, sólo para los más cuidadosos", previene Hanfling.
Los salones de óptica más importantes del planeta (Silmo, en Francia; Mido, en Italia, y Vision Expo, en Nueva York) anuncian la vuelta de los marcos rectangulares definidos, que enmarcan los ojos y acentúan los rasgos. También avanza el metal delgado, con variantes en platino y titanio.
Pero para piezas únicas, nada como los marcos vintage o los de diseño, estos últimos, rareza de lujo y todavía más en la Argentina, mercado improbable para -por ejemplo- los anteojos firmados por Philippe Starck y Alain Mikli, reconocido diseñador francés de anteojos.
Sin embargo, en la vitrina de estilo de Di Sí esperan algunos modelos del diseñador francés Christian Roth (con vidrios móviles superpuestos, suplementos de sol) y un festival inconmensurable de marcos retro originales.
Ejemplos: en acetato, blancos con strass estilo Gatúbela (230 pesos); otros Fiorucci cuadrados y azules, circa 1980 (135); otros rosas con moño plástico en un costado superior (180); otros masculinos, marrones, grandes y bien cuadrados (95), y hasta unos italianos Carisma, ochentosos, cuadrados, en acetato azul y turquesa con strass (250). Di Sí se los prueba y pregunta: "¿No es divino?" Enseguida, agrega que sus clientes tienen mucha personalidad: "Fito Páez me compró tres pares".
Tips para elegir
Antes que nada, si se cuenta con una miopía elevada no convendría entusiasmarse con anteojos de marco grande: "En estos casos, los cristales son más delgados en el centro y más gruesos en los bordes, y según aumenta la miopía, también aumenta el grosor. Y mientras más grande sea el armazón, más gruesos serán los bordes del cristal -explica Hanfling-. Conviene hacer un tratamiento de bordes que reducen y disimulan el espesor de las lentes de alta graduación".
Para los hipermétropes, en cambio, los marcos más indicados son los grandes: "Usan un cristal panzón al centro y más fino en los bordes; entonces los marcos más grandes disimulan más", sigue Hanfling. El mismo consejo, para los anteojos bifocales, que necesitan cristales más grandes.
Los tamaños se clasifican por calibres (un mismo modelo puede tener hasta cuatro). Y, para agilizar el trámite de la elección, conviene llegar a la óptica consciente de la forma geométrica que más se asemeja a la propia cara, y qué armazones favorecen más.
En ese plan, Carla Di Sí saca sus apuntes y explica: "A las caras redondas las estilizan más los marcos angulosos y angostos, no así los redondos u ovalados. Para las caras algo rectangulares, los mejores marcos son los redondos o semitriangulares. A las más cuadradas les convienen los marcos redondos u ovalados, alargados horizontalmente. Si la forma es estilo diamante, quedan bien los de media montura o montados al aire con líneas rectas en la parte superior y más redondeadas en la inferior. Si se trata más bien de un triángulo invertido, deberán respetar las líneas rectas en la parte superior y curvas en la inferior. Las caras más versátiles son las ovaladas, mejor si tienen pómulos prominentes: marcos iguales o más anchos que la cara".
Eso es todo. La nariz y las cejas no deberían ser factores de peso en la decisión.
Tampoco tendrían que ser muy pesados los cristales: para eso, el material debería elegirse según el tamaño requerido. El cristal más pesado es el mineral (vidrio, en realidad, no se raya, pero si se cae... se rompe). Opciones mucho más livianas son el cristal orgánico (se cae y no se rompe, pero... se raya) y el policarbonato (más fuerte que el orgánico, puede ser perforado y, por eso, usado en monturas al aire).
Y para hacer foco con más estilo que nadie, ahí están los cristales de color: los celestes, sepia, marrones y verdes descansan la vista. También los rosa salmón, como los Ray-Ban modelo aviador que lleva y trae Gino Bogani, por ejemplo.

