Allí donde el conejo metió la cola
Patricio Cossio y su invento exportador
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Patricio Cossio era un chico de traje y corbata, que trabajaba en bancos, con computadora y teléfono, a mil. Lo suyo eran las finanzas, la Bolsa. Cambió el rumbo y hoy es... un señor peletero, que exporta ropa y accesorios para decoración. "Por 10 años trabajé como financial advisor acá y en los Estados Unidos. Asesoraba a clientes y les armaba un portfolio de inversiones. Llegué a manejar 15 palos verdes , pero nunca los vi. Sólo números en la computadora", se ríe Cossio, de 32 años, desde su fábrica, inaugurada hace poco en Soler al 4200.
Le encantaba su trabajo, pero con la crisis del Nasdaq en Estados Unidos, en 2000, la Bolsa trastabilló. En la Argentina, se sumó la crisis local. "Mis clientes estaban deprimidos, la gente en la oficina estaba de malhumor, perdiendo plata. Entonces me explotó la cabeza y, en 2001, renuncié", relata.
Una cosa y la otra y así
Incertidumbre. Durante una semana no supo qué haría. Pero tenía un amigo en Londres, casado con Sofía Rouges, argentina que había trabajado con la inglesa Catherine Walker, que fue diseñadora de Lady Di. "Llamé a Sofía para hacer algo juntos. Quería pasar de lo financiero a la exportación. También con el impulso de mi familia nació la idea de los conejos, moda que estaba a full en Europa. Se me ocurrió hacer prendas y mandárselas."
Pero Cossio no tenía ni idea cómo trabajar ese material. "Mandé a curtir unos cueros que me habían regalado y se los llevé al peletero de mi vieja, que me hizo una campera." Esa muestra la mandó a Londres; pidieron más. Y llegó la primera orden de compra. "Eran diseños marca Cossio, con etiqueta y todo. Mandé una manta y chaquetas. A fines de 2002, teníamos 8 clientes. Pedían entre 20 y 30 prendas por mes; el peletero de mi madre pasó a trabajar con toda su familia. No lo podía creer. ¡Salió un artículo de mis cosas en el London Magazine y otro en The Financial Times! Flashearon con el conejo argentino, de pelo más brillante, no sé..."
Evolución. Llegó un momento en que sus diseños eran demasiado básicos. "No podía seguir vendiendo la misma camperita por el resto de mi vida. Así, a fines de 2002, aparece Agustina García Laredo, hermana de una amiga."
La diseñadora. García Laredo es estudiante avanzada de Diseño de Indumentaria en la UBA: "Ayudo a Pato con las pieles. Trabajamos napa y piel de conejo, y cuero de vaca. Hacemos ropa de mujer, camperas reversibles, tapados, mantas, alfombras y, a pedido, hasta grandes cortes de tapicería".
Sus modelos, comerciales, siguen la tendencia. "No hago colecciones. Me dicen lo que se usa en Londres y lo hago. Hay mucho feedback . Nada extravagante. Todo es muy natural, en blanco, camel, marrón, negro y algo de borravino y uva para las que quieren algo distinto", dice.
Las londinenses Paul & Joe, Paul Smith, General Trading Co. y Joseph les compran. Además, este año empezaron a vender en Oslo, París y en casa. "Ahora, la cosa está tranquila en la Argentina y hay un buen nicho.Vendemos en Recoleta y en multimarcas", sigue Cossio. ¿Es buen negocio exportar? "Es muy engorroso el trámite, hay incertidumbre con el pago. La caja sube al avión y tengo que tener fe en que van a pagar. Por ahora nos va bien. Pero sabemos que hay que seguir haciendo cosas", concluye Cossio, ahora dueño y señor de sus propios números.

