Ayres a favor
Los diez años de esta etiqueta argentina: 23 locales, 210 empleados y un plan para crecer en el exterior
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En diez años, Gabriel Isersky pasó de vender remeras por la playa a ser dueño de Ayres, una de las marcas de moda mejor instaladas en la mente de la consumidora actual. Isersky se hizo fama, pero no piensa echarse a dormir: "Lo más importante está por venir. Apenas está madurando la marca. Estoy contento, pero ya estoy pensando en llegar a los 20 años, más que festejando los diez". Con 23 locales, incluyendo ocho franquicias, y 210 empleados, Ayres sigue creciendo, aunque con reparos. Para Isersky, el negocio de la indumentaria ya no es tan color de rosa. De todas maneras, en este aniversario se da un gusto: abrirá su primer local en Palermo, que funcionará como un laboratorio experimental de tendencias. "Va a ser un local insignia, donde la nueva línea de edición limitada se arriesgará con diseños exclusivos y numerados. Es donde nos vamos a divertir todos", se entusiasma Isersky, que parece tomarse la vida un poco más relajadamente.
-¿Por qué tardaron tanto?
-Porque no aparecía el local. En breve inauguramos en Salvador y Armenia un megalocal de dos pisos y 400 m2. No sé si será negocio, pero va a impactar en imagen y prestigio. Va a ser nuestra vidriera para otros países. La vuelta de tuerca que nos faltaba, que acompaña la renovación de imagen en todos los locales, empezada en el Solar de la Abadía.
-Y cumplís diez años...
-No soy muy consciente. No soy muy de mirar atrás. Creo que llegué porque no me he detenido. Pasé de un bolso playero a una oficina de cuatro por cuatro metros, después a un galpón de 400 m2, de ahí a uno de 1400, para llegar hoy a este edificio. En diez años, es mucho. Acá, en tres pisos, concentro diseños, logística, algo de producción, administración, depósito de telas y corte. Estamos cómodos, aunque empieza a quedarnos chico.
-¿Cómo vivís la década?
-Con placer. Me sigo emocionando y enorgulleciendo cuando veo mis prendas en la calle. Tengo la suerte de hacer lo que me gusta. Es una bendición. Aunque soy un poco inconformista. Siempre está la paranoia de que me vuelva a pasar aquello de padecer necesidades. Vivo buscando cosas nuevas para mantener este monstruo. Lo más difícil viene ahora: mantenerse vigente.
-¿Cómo atravesaron la tormenta económica de la década pasada?
-Para nosotros, la crisis fue oportunidad. Muchas marcas no supieron manejarse, se cayeron y dejaron un lugar. Nosotros veníamos con empuje y ganas, y aprovechamos el momento. Hoy sería más difícil posicionar una marca en diez años, con la cantidad que hay.
-¿Cuál fue la estrategia de posicionamiento?
-Vender ropa de primera calidad a precios razonables. Apuntábamos a una mujer independiente, profesional, con buen nivel adquisitivo. Hace dos años, decidimos ampliar el target a una mujer más joven y jugada, sin descuidar lo que habíamos ganado, incorporando gente nueva a la marca. Venimos sumando clientas de 17 a 40 años, aunque veo mujeres más chicas y más grandes.
-La consumidora ha ido cambiando...
-Hoy quiere ser distinta. Antes, las masas se movían más uniformemente. El secreto ahora pasa por diferenciarse. Por eso hacemos ropa más jugada. Redoblamos la apuesta y lanzamos una edición limitada, una minicolección para pocos. Producimos cada vez más variedad de modelos y menor cantidad de prendas de cada uno. Es más esfuerzo, pero no queremos que en una fiesta se encuentren dos chicas vestidas igual.
-¿De dónde vienen los diseños?
-Siempre se miró afuera. Pero ahora estamos más pendientes de lo que nosotros sentimos y nosotros queremos, esté de moda o no. Vamos a seminarios de moda para ver lo que todos van a hacer, y no hacerlo. Algo tomamos, pero hay moda caliente, en la que no me engancho porque se prende fuego en un mes. Y otras veces, es al revés: el chupín está decayendo, pero nosotros seguimos. A mí me gusta la mujer así. En lo oversize también me parece que vamos a persistir. Tenemos un equipo de tres diseñadoras, cada una con su estilo: una es más sofisticada, otra más comercial y la tercera es un poco más freak, muy talentosa. Yo no diseño: digo qué se hace y qué no, y propongo cambios y telas.
-¿Es un buen negocio la indumentaria femenina?
-Es mi vida... Todo lo que tengo es gracias a este negocio, que es complejo. Todo se pone viejo en un mes. Estás constantemente rindiendo examen. No importa cuántos años de experiencia tengas, en cada temporada te podés equivocar. Además es sabido que los costos están subiendo. Estamos empezando a ser caros para el exterior. Lo más importante ya no es el precio, como lo fue tras la devaluación, sino vender un producto, una marca, un diseño.
-¿Cómo está funcionando la cadena productiva?
-Hay pocos fabricantes, con poca inversión y atendiendo una gran demanda. Y para importar hay limitaciones. Veo que hay dos economías. Por un lado la de los proveedores, con su capacidad a full, sobrevendidos. Y por otro, la del mostrador, difícil, porque la gente no puede soportar los aumentos de precio. Hay tranquilidad en el mercado. O fabricás más, para mantener los precios, o fabricás menos y aumentás los precios. Y lo que más está pasando es esto último. Para mí, la fiesta se terminó. Y van a sobrevivir los que sean buenos en esto, estén bien posicionados, sean eficientes, profesionales, tengan buena calidad y buenos precios.
-¿Próximos pasos?
-Tenemos proyectado abrir entre uno o dos locales por año en los próximos cinco años, franquicias casi todas, algunas en el exterior. Yo tengo un sueño... Quisiera tener una marca internacional. Para eso hay que estar preparados, ser serios, saber que se puede cumplir y tener buenos socios. Estamos apuntando seriamente a crecer afuera. Tenemos locales en Uruguay, Chile y Paraguay, y también vendemos a México, Holanda, Ecuador y Bolivia. Estamos conversando con gente de Venezuela, Colombia, Japón y Brasil. En Uruguay, nos unimos a un conocedor del mercado que invirtió en prensa y en locales, y en un año y dos meses la marca es líder del mercado.
-¿Qué te gusta de vestir a una mujer?
-Cuando empecé estaba trabajando con un tío en una dulcería y pensé en irme a probar suerte a Estados Unidos, donde nací. Conocí a una chica, y me tentó para quedarme. Su papá fabricaba ropa para señoras y me ofreció hacer remeritas. Me gustó y me di cuenta de que tengo criterio, gusto, o sensibilidad. En realidad, yo visto a la mujer como me gusta verla a mí como hombre. Es todo por estómago: lo que no significa que a una mujer sexy y femenina no la tenga en cuenta. No es que de chiquito jugaba a vestir muñecas...
Anticipo Verano 08/09
"El verano de Ayres tendrá una apuesta fuerte por el color, con desarrollo de estampas originales y looks novedosos. Como continuidad del invierno, siguen los colores shocking, pero combinados con neutros de verano, como el gold y el blush.
"Las estampas aportan el toque personal, en versiones maxi, geométricas y abstractas. Allí conviven colores fuertes y cálidos como el peach y el fucsia, con neutros como gris y negro. Por otro lado, la tendencia de Ayres es proponer nuevos looks, cada vez dándole más espacio a propuestas de noche. ¿El conjunto que no puede faltar? Una mini de tiro alto con una camisa estampada o lisa por dentro, un chaleco y unos buenos tacos. Bien femenina y glam."

