Benito Fernández: “La moda está llena de egos”

Talentoso, divertido y cero divo. Un diseñador que se reinventó y hoy vive el mejor momento de su carrera. El favorito de Máxima, creador de un estilo libre, desprejuiciado
Catalina Lanús
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9 de julio de 2015  

El único Benito de la moda argentina cumple 29 años en el diseño. Y la remó. "Pasé todos los gobiernos, las crisis, me fundí, me fui a vivir dos años a Barcelona. Una carrera cansadora. Luché contra muchos prejuicios. Y, sobre todo, me pude reinventar", cuenta, uno de los diseñadores más queridos del país. Un personaje, un mediático con identidad, creativo talentoso, simple y cero divo con el mejor de los humores siempre. Está pasando su mejor momento: "Además de estar haciendo muchas cosas, lo estoy disfrutando. Hago los uniformes del banco Galicia, tengo mis perfumes de mujer, lanzo el mes que viene Rey, el de hombre, voy a hacer cuadernos y también una línea de sábanas. Estoy pleno con mi carrera. Tuve mi momento de crisis hace 6 años. No quería salir pero tampoco me quería quedar encapsulado con algo que no se identificaba con la modernidad", cuenta Benito, desde su trono de la calle Ugarteche.

–Y abriste el abánico...

–La vida cambió. Antes tener una entrevista con un diseñador era un plan, venía toda la familia. Hoy a las chicas les aburre. Y quieren todo para usar esta noche. La ves a Angelina Jolie en el Oscar y está bárbara con su vestidote, pero la prefiero corriendo por la calle con un jeans, una remera blanca y una mochila divina. Genera más desde ese lugar.

–¿Cómo te reinventaste?

–Primero me metí en el mundo televisivo por medio de un programa que hice con Guinzburg, que me abrió un lugar en la televisión. Desde ahí mi nombre se hizo más popular y bajó de la alta costura. Yo tenía el reconocimiento de más de 20 años de carrera en los medios gráficos...

–Y te hiciste más mediaticón...

–Sí, más mediaticón (risas). Empecé a hinchar un poco con las redes sociales. La verdad que eso me cambió la vida. Me hice una persona masiva. Y empecé a hacer cosas que tienen que ver con la modernidad de hoy. Incluido, vestir a Máxima, una modernidad hecha reina.

–Hablame de Máxima.

–Ella modernizó con su frescura a algo que no estaba fresco. Más allá de que sea la reina y que internacionalmente me posicione en otro lugar, me gusta vestirla. Por Máxima doy notas en medios europeos (muestra orgulloso uno de los videos y enumera un listado de revistas). Arranqué vistiendo a su cuñada Mariana Andrés y a sus amigas para el casamiento. Vestí a la madre en su primer visita oficial a Holanda (el bautismo de Catalina Amalia). Máxima tiene que ver con vos, trabaja, cuida a sus hijos, a su marido, es muy natural. Hace bastante que no nos vemos. Yo la conozco, sé lo que le gusta, le mando vestidos.

–¿Te sorprende cuando la ves?

–Me desmayo. Nunca sé cuando se va a poner mis diseños. El último lo usó hace poco en Canadá, uno fucsia. Se anima a correr riesgos: ¿Quién se pone un vestido de flecos fucsia? Ella tiene esos guiños, esos mimos que hace. Y siempre me pregunto: ¿Qué estará pensando en ese momento? Lo disfruto. Me da mucha tranquilidad como diseñador. Pensá que yo sigo dando examen en mi país.

–¿Porqué decís eso?

–Los argentinos somos muy prejuiciosos, me costó mucho ir a los Martín Fierro con Natalia Lobo con una identidad latinoamericana, con pompones de colores. Me costó hacer remeras para un supermercado. Creo que mi lugar en la moda pasa por eso, sacar los prejuicios.

–¿La argentina es prejuiciosa?

–Sí, super. Creo que es por inseguridad y por no tener una identidad. Me mató cuando criticaron tanto a Natalia con los pompones. ¡Ya no somos europeos, somos latinoamericanos! Si no lo bancamos nosotros...

–Se copia mucho hoy...

–Me parece que antes el mercado era una interpretación de lo que se usaba afuera. Hoy se copia mucho pero hay marcas que tienen su identidad. Esos son los que me gustan a mí. Un Pablo Ramírez, por ejemplo.

–Sí, tenemos creativos independientes, perlas únicas.

–Todavía tenemos la prenda muy cerca. Los diseñadores en Europa hacen sus colecciones y la ven después de 8 meses: se corta en un país, se borda en otro. Nuestras prendas tienen algo distinto, son más humanas. Eso se lee. Me pasa con los vestidos que usa Máxima, yo no me puedo comparar con un Valentino ni quiero.

–¿Ese diferenciador se puede leer como una costura no óptima o perfecta?

–Me parece que ganamos en otras cosas. No tenemos la tecnología. Esas carencias hacen a lo nuestro más sensible. La carencia nos ha colocado en lugar especial.

–Muchas semanas de la moda... ¿Porqué no nos juntamos y hacemos algo grande y bueno?

–Porque miramos a corto plazo. Los argentinos somos exitistas y no hacemos el paso chico, no nos juntamos, no proyectamos. Es algo pendiente. He estado en el Fashion Week de NY, en el de París haciendo un desfile en el Carrousel. Y no hemos podido sacarle provecho. Se queda sólo en un logro personal.

–¿Por qué?

–No le echo la culpa a ningún gobierno, pero creo que si se tomase el tema pensando a largo plazo en esta industria super importante, el privado acompañaría y nos iría mejor. El problema es no mirar a largo plazo. Sacar un rédito ya. Eso nos deja en un lugar difícil.

–¿Es ambiciosa la idea de posicionar a Buenos Aires como una Fashion Week del mundo?

–Vamos los dos a Palermo en taxi, seleccionamos diez diseñadores no muy conocidos, y en cualquier Fashion Week quedan bien parados. Falta el marco, la industria.

–¿Qué harías vos? ¿Aceptarías algún lugar político?

–Me gustaría hacer algo serio con la industria de la moda. Tenemos un potencial. Habría que sacar muchos egos. Es algo que tengo pendiente y me hace ron ron en la cabeza.

–¿Te llamaron?

–Me llamaron para hacer cosas que tienen que ver con la acción social. También me interesa generar algún espacio donde pueda transmitir mi experiencia y ayudar a crecer a chicos que encaran esta carrera. Otra sería generar una buena marca país en la moda. Nos la merecemos.

Tatuaje real: una corona en la mano. "Hace un par de años que quería hacerme un tatuaje y no encontraba el símbolo. La verdad es que yo no me acuerdo los nombres de las mujeres y les digo reina a todas... Me bloqueo y con reina siempre me va bien. Es muy mío. Y lo de Máxima me terminó de convencer, mi perfume se llama Reina... Es algo predeterminado. El tatoo me lo regaló una amiga mía el 27 de mayo, día de mi cumple".

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