Bernardo Conti: "Una chica de 20 con OPIUM es un minón"
Es uno de los hombres que más sabe de perfumes en el país. Habla de la moda en las últimas décadas, del desarrollo de fragancias nacionales y de su postura a la hora de elegir un jugo para dar la nota
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Ternura, romanticismo, tristeza... Un perfume puede decir de todo. "A veces te cruzás con una señora mayor que tiene un perfume pesado, espeso. El perfume no está mal: la combinación, sí. Tengo una postura: quiero que los grandes clásicos de la perfumería los usen las chicas. Y que las señoras se pongan perfumes frescos y jóvenes. Así se da vuelta la ecuación. Una chica con Opium se convierte en un minón. Y la señora con algo fresco, en una mujer con onda", dice con el mayor de los criterios Bernardo Conti, pisciano, nacido en Flores. De profesión: perfumista. Hace 27 años que trabaja en la casa de perfumes Firmenich: es uno de los hombres que más sabe del tema en el país. "Transcurría 1985, yo era técnico químico y necesitaba trabajar. Buscaban un ayudante de laboratorio. Yo hablaba inglés, francés, había sido buen alumno, tenía 17 años. Y ahí quedé hasta hoy. Se dieron cuenta que olía bien. Fui aprendiendo." Hoy es profesor universitario, da clases de botánica, de cata de vinos, de estética olfativa...
—¿Un nariz se hace o se nace?
—Hay gente que es talentosa de nacimiento como los grandes perfumistas de la historia. Yo soy un perfumista de los de estudio, voy conociendo las materias, las familias olfativas. Por ejemplo, las 500 variedades de rosa que hay en perfumería. Todo, con mucha práctica.
—Un arte.
—Sí, tiene mucho de arte. Para mí, el arte tiene la habilidad de prefigurar la historia. Por ejemplo, el arte clásico que después prefigura la arquitectura neoclásica. El arte tiene un paso antes que la historia, mientras que la perfumería sigue la historia. Por ejemplo, en la década del 80 la mujer consagra su liberación. En la perfumería se lanzan perfumes fuertes para que la mujer se destaque. En la ropa, tapaditos negros, hombreras, corbatas. Los perfumes de los 80 eran Poison, Coco, cosas fortísimas. Venía una mujer caminando y se notaba. Los hombres aparecían relajados en las gráficas, tirados en la playa.
—¿Qué pasó en los 90?
—Se consideró que se les había ido un poco la mano y ahí viene una moda muy unisex. Todos salíamos a bailar en borceguíes, jeans y remeras blancas de Calvin Klein. Llegaron los perfumes unisex, y los perfumes femeninos y masculinos no tan obviamente femeninos y masculinos. Más cítricos, más acuosos.
—Y llegaron los 2000.
—Fue una década densa, empieza con la guerra de Medio Oriente, el atentado a las Torres Gemelas. Hubo un gran paraguas: el bienestar que se buscaba. Uno quería lo mejor para la familia, viajes, las catas de chocolates, los hoteles siete estrellas. La idea era: ¡A disfrutar que se acaba el mundo! Surgen los aromas, perfumes hiperlujosos y, también, los productos naturales, todo lo que tiene que ver con lo orgánico, yoga y perfumes naturales.
—¿Cómo es un aroma lujoso?
—Materias primas carísimas, raras. Por ejemplo, el árbol de agar que les encanta en Medio Oriente. En inglés se llama oud, vale como 100 mil dólares el kilo y en Medio Oriente todas las casas tienen una variante de oud, y llevan un 40% en cada fragancia.
—¿Y hoy?
—La gente está harta de todo: los políticos, la polución, que no se respete la ecología. Entonces, el gran paraguas de esta época es la new page: la página nueva. Hay una publicidad de Ford que empapelaba una ciudad toda de blanco para volver a empezar el mundo. Las publicidades de cremas y pelo te hablan de renovación. El blanco fue gran estrella y los perfumes se llamaron White, Pure, Blanc, Oxigene... Todas cosas que te remiten a pureza y a nuevo.
—¿Se desarrollan buenos perfumes en la Argentina?
—Estamos trabajando mucho. Estamos con varios lanzamientos. Hace poco hice el perfume de Benito Fernández, con él y su hija, los tres como narices. ¡Me encantó! La moda local está en niveles muy buenos. Las marcas tienen cosas diferenciadas, distintas, originales.
—Siempre se discute el tema de la fijación. Las mujeres dicen los de acá no duran.
—No hay mucho misterio. La esencia se vende por kilo. Lo que huele y perdura es la cantidad de esencia que pusiste adentro del frasco. Si vas a vender un perfume a 50 pesos no hay manera, le ponés sólo el 1% o el 2% de perfume. No tiene fondo, por eso desaparece. Es como una torta de chocolate, si le ponés sólo arriba, queda el olor arriba, pero adentro nada. Acá se ponen buenas dosis de esencia a precios razonables en frascos económicos. Paula es el perfume más vendido del país: una buena marca, un muy rico perfume, muy bien hecho, frasco tranqui, con caja tranqui.
—¿Cuando vas por la calle vas oliendo los perfumes?
—El perfume te dice mucho de la gente. Sí, los voy identificando. Yo no te conocía y te saludé con un abrazo, porque tenés un perfume muy almizclado, que huele a bebe. Y me dio mucha ternura.
—Futuro.
—Variedad absoluta. En 1890 alguien dijo que no quedaba nada por descubrirse. Yo pienso que está todo por ser descubierto.
Carnaval toda la vida

Objeto fetiche: un vaso en vidrio carnaval, muy duro, el vaso de su infancia de la casa de su abuela. "Está pensado para que tomen los chicos. Mi abuela lo recibió como regalo de casamiento en 1925. Se llama vidrio carnaval porque su brillo nos encantaba a los chicos. Lo uso de portatiras desde siempre."

