Camila Milessi y Emiliano Blanco: "Diseño es algo que otro pensó y creó para vos"
Las prendas deconstruidas, entre estructuradas y despojadas, son la especialidad de los creativos de Kostüme, que destacan su diseño inspirado en Le Corbusier
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Ya van más de 30 colecciones de volumetrías, abstracciones y contrastes, en un lenguaje urbano deportivo y, todavía, Camila Milessi y Emiliano Blanco tienen mucho para decir. "No podemos parar de diseñar", dicen los creadores de Kostüme que, después de conocerse -y enamorarse- en una empresa de producto terminado, decidieron lanzar una marca de diseño en 2001, "cuando no había nada que perder", dicen. Fueron unos de los primeros en instalarse en Palermo Viejo. En su showroom en Colegiales y hablan de su último trabajo, de su evolución, su nueva alianza comercial con Vulk y de la moda argentina.

-¿Cuál es el concepto de #32SS?
Emiliano Blanco: –Partimos de un concepto más luminoso y relajado, con referencias a la morfología de las prendas árabes que definieron las dos familias de la colección: una, de forma más rectangular y estructurada, y la otra, más orgánica y en apariencia caótica, que remite a un bollo, muy Kostüme. Son 70 artículos divididos en hombre y mujer, más accesorios.
Camila Milessi: –El espíritu es más blando, inclusivo y sin género, con foco en el contraste de tipologías, recursos, materiales y de sistemas de ajuste que van moldeando la forma de las prendas según como interactúa el usuario con ellas. Las texturas arrugadas se oponen a las lisas, los textiles opacos, a los brillantes, en un juego de formas donde también se trabajan los pesos de los materiales. Al asociar los opuestos en una misma prenda es interesante ver cómo se fortalecen.
–Un juego que habitualmente muestran en pasarela.
E. B.: –Claro, nos divierte hacer cosas que tengan que ver con nuestra esencia y la pasarela clásica ya no nos divertía. Le encontramos la vuelta al interactuar con artistas con los que compartimos procesos creativos y formas de trabajar. Así, es más nutritivo y divertido no pensar tanto en la ropa y tratar de contar una idea que la trascienda, que tenga más riesgo y te haga pensar.
C. M.: –Es más difícil, lleva más tiempo y laburo pero nos gusta ser permeables con otros performers, fotógrafos, diseñadores de sonido o artistas que nos llaman la atención y aportan a nuestra visión. Para la campaña trabajamos en el estudio de la artista escultórica Marcolina Dipierro y con tres fotógrafos (Martín Traynor y Martina Keenan, para la campaña, y Juan Antonio Papagni Meca, para el lookbook) que potenciaron el proyecto desde sus distintas maneras de mostrar nuestras prendas. Es en la oposición de sus imágenes donde aparece lo sabroso.
–Y este año sumaron anteojos?
E. B.: –Hace un año venimos desarrollando con Carlos Centeno, de Vulk, una línea de gafas ópticas y de sol inspirada en nuestro arquitecto predilecto y guía: Le Corbusier, y finalmente pudimos concretarlo. Son ocho modelos que parten de dos diseños, una interpretación de sus gafas negras icónicas, en acetato brillante y mate, y una remantización de ese modelo, en metal negro y plata.
C. M.: –Fue una alianza espectacular, en la que nos dieron total libertad para crear productos desde cero, nutrirnos mutuamente desde su experiencia en la óptica, la nuestra en el diseño y sumar la identidad de Kostüme.


–¿Cómo hacen para mantenerse vivos en el mercado y diferenciarse después de 15 años?
C. M.: –Yo soy fanática, no puedo parar y pienso en ropa desde que tengo uso de razón. Cada colección son todas ideas nuevas. No copiamos y pegamos nada de un año al siguiente y todavía tenemos mucho para decir. Venimos predicando desde nuestros inicios que la mujer no tiene que estar ajustada para ser sexy o que la ropa no es de hombre o mujer sino del que tiene onda y mantenemos vivo el deseo.
E. B.: –Logramos meter la identidad en las prendas y, lo más importante, pudimos convertirlo en un negocio sustentable. Es algo muy personal que tiene que ver con estar vigente y sostener una idea en el tiempo y con coherencia. El día que me dé lo mismo si una prenda está bien o mal hecha o que parezca de otro diseñador, ya nada va a tener sentido. Nos importa que nuestras prendas gusten y les suceda algo con ellas.
–¿Cómo ven a la moda argentina?
E. B.: –Hay muchos diseñadores jóvenes nuevos con propuestas interesantes y que se agrupan para colaborar entre ellos pero, a grandes rasgos, la identidad no es algo que esté en boga. Pareciera ser que el diseño no tiene valor y que la ostentación le ganó al pensamiento. En el consumo masivo hay muchos neutros, está todo muy chato y casi ninguna marca se diferencia de la otra, lo cual para el diseñador es un plus porque enseguida te destacás con una propuesta diferente. Además, muy pocos estudiantes de diseño apoyan a sus colegas diseñadores o se visten con marcas de autor.
C. M.: –Cuando estudiaba e iba a Ciudad Universitaria (UBA) en el colectivo, ya sabías quiénes cursaban en Exactas y quiénes estudiaban diseño, por lo que llevaban puesto. Hoy, por inseguridad o chatura cultural, la personalidad está disociada del estilo y van todos uniformados. Comprar diseño es un lujo porque es algo que otro pensó para vos. Eso es el diseño, algo que otro pensó y creó para vos. No es sólo cubrirse el cuerpo sino querer transmitir un mensaje a través de lo puesto, que te identifica. Al hablarle a gente más libre, lo hacés en el idioma que entiende; es un juego de seducción entre ideas nuevas y gente que sabe jugar y no le da miedo.

