Carla Gryb y Mariana Acevedo: “Hacemos prendas de larga vida”
Fieles a su tierra chaqueña, dos diseñadoras que crean a partir de su entorno y vivencias, y lo muestran con una morfología reinventada, de líneas minimalistas.
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Carla Gryb y Mariana Acevedo se inspiraron en el suelo chaqueño para crear Kalu Gryb, una marca que habla de la tierra, sus procesos y su gente. Minimalista, de siluetas lánguidas, telas nobles y morfologías reinventadas. Proponen prendas pensadas, trabajo a conciencia, comercio justo y espíritu sustentable. Por gusto, sólo hacen piezas superiores; sí mostraron algunas inferiores en el desfile de la semana última, pero sólo para completar la silueta en pasarela. Originales, fieles a lo suyo, cuentan qué hacen y cómo.
–¿Cómo empezaron?
Carla Gryb: –Las dos estudiamos una tecnicatura en diseño de indumentaria y textil en la Universidad Popular de Resistencia. Cuando me recibí hice una capacitación llamada Las cosas del quehacer a orillas del Paraná, que dictaba el INTI y reunía a diseñadores de las provincias que están a orillas del río. El objetivo era diseñar a partir de la conexión con el entorno, y la meta, que una de las marcas ganara un espacio en Bafweek en marzo de 2013 y lo conseguimos. En esa instancia se creó la marca, yo venía trabajando sola, mi producción era muy reducida, y en ese momento llamé a Mariana y empezamos juntas.
–¿De qué se trata Kalu Gryb?
C. G.: –El nombre ya lo tenía y tiene que ver con vivencias propias. Plasmar el entorno en las prendas con nuestra mirada fue una meta adquirida desde el inicio. Lo que conté en la primera colección fue tan rico que a partir de esa investigación salieron todas las demás.
–¿Cuál fue el tema?
C. G.: –La tierra en instancia de sequía y de cómo lo vive una persona que trabaja en el campo. Yo viví en el campo hasta los 10 años, cuando todavía el algodón se cosechaba a mano. Hablamos de cómo se vestían esas personas, de ahí surgieron morfologías como la camisa cosechero, de líneas oversized, con grandes bolsillos, y hoy es una de nuestras prendas emblemáticas. Otro relato fue a partir del aroma a tierra mojada, y es el momento en que llega la lluvia, cómo lo toma la tierra y lo vive el ser humano que la necesita para seguir con la siembra y cosecha.
–¿Y la que mostraron la semana última?
C. G.: –Este año nos propusimos trabajar con prendas atemporales, que ya lo hacíamos pero ahora de manera más consciente. La idea es hacer un desarrollo creativo, no trabajar colecciones por temporadas sino que el concepto dure todo el año. En invierno largamos este concepto con Campo abierto, que habla del descanso de la tierra, cuando ya dio sus frutos. El paisaje es una tierra revuelta, donde se hace barbecho, quedan raíces, en un horizonte limpio.
Mariana Acevedo: –Quisimos transmitir la sensación que da la tierra en calma. Las prendas son despojadas, de morfologías simples con recursos más sensoriales.
–¿En qué consiste una prenda sensorial?
M. A.: –Tratamos de que las telas sean amables con la piel, que la persona se sienta cómoda. Fuimos depurando la marca, en las primeras colecciones hay más texturas, en esta trabajamos una uniformidad de telas nobles, blandas, como lino, jersey, tencel, algodón y jersey de algodón y seda lavada.
–¿Se inscriben en un trabajo sustentable?
M. A.: –Intentamos, pero a veces es difícil conseguir las telas, igualmente desde la primera colección usamos géneros producidos por una cooperativa de Chaco, que se llama Inimbo y trabajan con una fibra de algodón de la zona. No hacen textiles para prendas sino para bolsas que empacan los fardos de algodón.
–Y la usan para indumentaria.
M. A.: –Les pedimos si podían mejorar el hilo, cosa que ellos no necesitan porque las bolsas son rústicas, y compraron un hilo de mejor calidad para usarlo en ropa, es un jersey. Tratamos de utilizar sus textiles en una o dos prendas. Es una cooperativa chica, de 6 personas, y nos gustó poner en valor el producto que hacen.
–¿Qué morfología las define?
C. G.: –La de Kalu Gryb es una silueta lánguida, en la que dominan los recortes, superposiciones y cambios de textiles. Nuestro recurso más importante es fusionar tipologías, por ejemplo, una camisa con un suéter o camisa con una capa. Y también le buscamos la vuelta con el textil, por ejemplo, una misma prenda con otro textil tiene otro significado. Se dio con el poncho, que es un aliado en todas las colecciones, y lo hicimos en paño o en jersey. Siempre, prendas superiores, no hacemos piezas inferiores, como pantalones. La camisa es un ícono de la marca.
–¿Cómo trabajan?
M. A.: –Hacemos el diseño, la moldería, el corte y para la costura tenemos tres modistas, no trabajamos con talleres. Es una producción controlada. Intentamos trabajar con un taller grande en Chaco, pero no nos resultó porque el volumen que les dábamos no era rentable para ellos y tampoco las tipologías, que les resultaban complicadas.
C. G.: –Si se vende un tipo de prenda y no quedan más, reponemos pero no hacemos 100 y después las liquidamos porque no se vendieron; no nos parece que eso vaya con la marca. No le das valor a lo que hacés si rematás tu trabajo. El nuestro es un trabajo pensado para prendas de vida larga.
M. A.: –Tratamos de respetar nuestros tiempos y los de la gente con la que trabajamos. Buscamos pagar lo justo a las personas que cosen porque son prendas complejas y no es lo mismo coser una pieza simple o básica que una que requiere mayor concentración.
–Trabajo en tiempo razonable y pago justo.
M. A.: –Sí, por ejemplo, si alguien viene y nos pide hacer 100 camisas en un mes le tengo que decir que no porque no podemos explotar a las personas que cosen. Nos planteamos un camino que es difícil económicamente pero posible.
–¿Se diseña de a dos?
C. G.: –Sí, vemos qué se contó en la temporada pasada y pensamos juntas cómo sigue el relato.
M. A.: –El proceso creativo de a dos es lo que más nos gusta.
–¿Quiénes son sus referentes?
M. A.: –Martin Margiela, Yohji Yamomoto y Rei Kawakubo, esencialmente porque ven el cuerpo liberado de la prenda, no se piensa al cuerpo como adorno, tiene que ver con un proceso interno de cómo se conecta el cuerpo con la ropa.
C. G.: –En nuestras prendas hay muchos lazos o superposición de telas blandas, que se mueven o revolotean y nos gusta la experiencia que tiene el cuerpo con eso, esa instancia de juego. En cuanto a nacionales, nos gusta Hermanos Estebecorena, por la constancia, la atemporalidad. Y también Cora Groppo.
–¿Cómo es diseñar desde Chaco?
M. A.: –Hay un programa de integración textil del Ministerio de Economía de la provincia que se llama Chacu, que nuclea a diseñadores emergentes y les da la posibilidad a los que empiezan de trabajar una marca. Tienen tres locales; allí también comercializamos lo nuestro.
–¿Se instalarían en Buenos Aires?
C. G.: –No.
M. A.: –Hacemos envíos a todo el país y tenemos una relación con clientas de Buenos Aires. A partir de ahora las prendas van a estar en un espacio de venta de diseño de autor en la Casa de Chaco.
C. G.: –La idea es darle valor a la marca desde Chaco, es respetar de dónde venimos y demostrar que desde allá también se puede. Llegar a Buenos Aires desde el interior es un camino que todos hacen. Queremos otra cosa, respetar a las personas que están con nosotras desde el primer momento, a los de la cooperativa, a las modistas que vemos todos los días; son como nuestra familia, y no sería lo mismo.
M. A.: –Nuestro camino lo haremos desde Chaco.
Prenda que las define
El saco Viento Sur reúne los recursos que usan: superposición y cambios de textiles en una misma prenda.

