Claudio Drescher:“El diseño es la estrategia”

No se identifica con esa figura. Sí con la de un desarrollador de marcas. Hoy lleva adelante Jazmín Chebar y su computadora está llena de proyectos. ¿Su secreto? Cero intuición
Catalina Lanús
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4 de septiembre de 2014  

La entrevista es en la casa de Jazmín, en Palermo Viejo. Y el entrevistado es Claudio Descher, su capitoste. Donde puso el ojo, dio en el blanco. Desarrollador de grandes marcas (Caro Cuore, Vitamina, Jazmín Chebar), Drescher tiene claro el negocio como el agua. No por nada es uno de los hombres más consultados de la moda argentina. "Sí, recibo a todo el mundo que me llama. Tengo un servicio de consultoría gratuita", se ríe.

-Sos algo así como el zar de la moda argentina.

-Jajaja. No un zar, para nada. Me identifico como un hacedor. Alguien que disfruta mucho de este negocio fascinante, que tiene una combinación maravillosa de ciencia, tecnología, talento, diseño, estética, estrategia. Mi primera marca fue Caro Cuore. Los Drescher comenzamos en el negocio en la industria textil en 1960, primero con ropa interior femenina. Tuvimos una experiencia espectacular con Caro Cuore.

-¿Fuiste el que inventó la famosa latita colorada?

-Fue un gran equipo que trabajó con la latita, las modelos jóvenes, una gran comunicación, el tipo de producto. Después vendí mi parte. Conocí a Marcelo Goldberg que estaba con el proyecto Vitamina, transcurría 1994. Nos pusimos a trabajar e hicimos una marca muy poderosa en su momento. En 1998 estoy en condiciones de venderla, había pasado de tener 4 locales a veintipico. Ahí conocí a Jazmín, ella trabajaba como diseñadora. Fue mágico.

-Vitamina fue una escuela, pasaron muchos nombres.

-Fue un semillero porque se formó gente, hubo docencia, ésa es mi forma de gestión.

-Y vos eras como el decano.

-Sí, pero un decano que también aprende. Tengo esa función porque me gusta mucho la docencia, porque como soy un apasionado la gente se contagia. Porque me gusta conceptualizar las cosas y no actuar por intuición sin explicación. Analizo las cosas, las comparto con mi equipo, tomamos decisiones. Y no es que un día vine inspirado. Esa escuela que se formó en ese momento perduró. Hay gente que trabaja conmigo hace 30 años. Hay que diseñar todas las partes del negocio. Esto no es sólo diseñar prendas. Hay que diseñar las vidrieras, cómo se atiende, la campaña, cómo nos contactamos con un proveedor, un artesano...

-Y con esa estrategia convertiste a una Jazmín que estaba frente al Zoológico, una boutique para amigas, en una de las marcas más aspiracionales del país.

-Sí. República de la India con Jazmín era un diamante maravilloso.

-¿Por qué la elegiste a ella?

-Porque Jazmín es mágica (risas).

-¿Cómo ves las nuevas camadas de diseñadores?

-Muy bien. La Argentina tiene un gran potencial y no nos damos cuenta. Nos cuesta valorar las aptitudes que tenemos. Somos como un tango permanente. Siempre estamos sufriendo. Mas allá de esto, la Argentina tiene una camada de diseñadores que se han desarrollado con un gran potencial. La ropa de acá tiene un nivel que es comparable con los mercados de alto desarrollo.

-¿Y la calidad?

-Con respecto a 2000 estamos espectacular. Con respecto a lo que aspiramos, estamos al 80%. Es una construcción. En 2000 se destruyó la industria textil, desaparecieron los oficios. Hoy no tengo a la hija de la costurera. Esa chica trabaja en telemarketing. Ahora estamos con el proceso inverso, la chica ya sabe que el telemarketing es horripilante (risas). Y se da cuenta de que el aspecto creativo es interesante. Estamos construyendo eso.

-El artesanato.

-Sí, es un poco de lo que es Jazmín, el oficio con el diseño. El nuevo lujo, ahora no es lo pretencioso y lo caro, sino la prenda humanizada. Nuestras clientas saben que cada prenda, cada envivado, botón y terminación que hay en los locales tiene atrás muchísimas personas que la vieron como una pieza única. No es una producción estandarizada masiva. Creo que la Argentina tiene acá una oportunidad.

-¿Cuál es la estrategia?

-El diseño, no tengo dudas. Hay que pensar que tenemos un potencial de diseño enorme y la capacidad para desarrollar una industria que trascienda. Tenemos que tener claro que lo que salga de la Argentina no va a ser lo más económico, para eso está China. Tenemos un continente con más de 300 millones de habitantes, un mercado formidable, que inexorablemente va a crecer en las próximas décadas. Esto haría factible, sustentable y sostenible una industria de la indumentaria con eje en la Argentina. Marcas de diseño con productos bien desarrollados. De eso hablo.

-¿Cómo se hace en un país con tantas variables económicas?

-Tengo una frase que desde hace uno años puse de moda en la compañía: Tengo una empresa pensada para durar 100 años. Cuando armás una marca para un siglo, en realidad, la coyuntura económica, lo que sucede este mes, el ministro de Economía (ya pasaron como cuarenta) son temas menores.

-¿Te ves como un Bernard Arnault argentino?

-Me gustaría. Creo que la industria de la indumentaria en la Argentina va a llegar a un grado de maduración que va a permitir armar bloques de marcas importantes. El grupo LVMH se va a hacer un día en la Argentina. Me gustaría armar un grupo. El mercado es muy interesante, hay mucho por hacer. Hay mucho talento. Te voy a decir una cosa: lo trendy es corto en el tiempo. La moda es para toda la vida. Mirá el caso Chanel. Pasaron dos guerras mundiales. Francia fue ocupada por los nazis. Tiraron bombas atómicas en Japón. La Unión Soviética se disolvió. Me pregunto: ¿qué duran más, los países o Chanel? El que pasa de moda no tiene identidad. Son como las personas que conocés y después no te acordás el nombre. Burberry tiene 153 años. El tipo hizo impermeable la gabardina.

-¿Y qué hizo Jazmín?

-Una revolución maravillosa desde el punto de vista estético. Une el concepto de lo europeo, lo sofisticado, lo elaborado, lo que tiene miles de años con la espontaneidad de los americanos. Toda su historia está vinculada a Europa, viaja desde los 2 años a Suiza, París, Milán. Consolida el sentido estético de lo que está bueno de toda la vida. Pero después vive en NY, estudia en la Parsons donde adquiere esa soltura que a los europeos les cuesta muchísimo. Es una unión cultural muy fuerte. Mirá vos, cuando Gucci se relanzó lo llamó a Tom Ford que es americano. Lo mismo con Louis Vuitton y Marc Jacobs. Yo tengo mi propia diseñadora, mi querida socia, que tiene esa gran conjunción. Su ropa es grosa y, como dice ella, la ropa la hace para la vida.

-¿Hacia adónde vas?

-Siempre hay un proyecto vigente. Primero construir una marca de 100 años. Conquistar mercados. Una marca internacional. Un conglomerado de marcas con conceptos propios y fuertes, con algo para decir. Sin copy paste.

-¿Sos tremendo?

-No, soy más bueno que Lazzie.

LAPICERA BICENTENARIA. Un objeto: "Elegí esta lapicera en homenaje al Bicentenario. Fue realizada por artesanos y es un objeto que me lo regaló mi mujer", cuenta Drescher, que firma siempre con un fin: que su empresa dure 100 años

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