De tradición
Los Pliauzer, más conocidos por Rallys, hacen de los zapatos su arte
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Siguen al pie de la letra el consejo de su coterráneo, el pintor griego más célebre de la Edad Antigua, Apeles: Zapatero, a tus zapatos. Y lo hacen de generación en generación. Los Pliauzer provienen de una familia de tradición zapatera que arrancó en Grecia en 1890 con su bisabuelo, continuó con su abuelo con una veta más industrial, siguió con su padre que se la transmitió y él a dos de sus cinco hijos, Juan Pablo en diseño y producción, y Christian, en comunicación y administración. Rallys, cuyo nombre se transformó en marca en 1953, en Resistencia, da cuenta de que se ajusta bien a la horma, más bien da forma a ideas, de esas que logran perdurar y pisar fuerte.
"Hacia Rafaela, provincia de Santa Fe, en 1930 viajaban los fabricantes de zapatos desde Buenos Aires en busca del asesoramiento de mi padre para reformar muestrarios de productos", cuenta orgulloso Rallys Pliauzer.
Apasionado por su trabajo se instala en su último local, el de Posadas 1271, a escasos metros del Patio Bullrich y a 100 de su otro espacio, que ya cumplió 10 años en el mercado. Siempre acompañado por Lydia, su esposa, compañera de la vida con la que comparte, además, su amor por este trabajo, para contar de lo que sabe, o seguir con el precepto Apeles.
Cuidados, cómodos, actuales. Así define su calzado y asegura su consigna familiar: "Hacer zapatos de calidad". Una regla de oro que le valió ser el zapatero de divas como Mirtha Legrand y otras reconocidas como Cecilia Morel, primera dama chilena.
-¿Siguen abiertos ambos locales?
-Sí, porque al de Posadas al 1100 llegan los turistas que vienen de los hoteles de la zona de Cerrito a Retiro, mientras que al del 1200 vienen los que paran en la zona de Recoleta y sobre Posadas. Y las mantenemos por esa costumbre nuestra de responder al público que nos rodea. Como su tamaño es pequeño, es imposible desplegar en una sola todas nuestras colecciones, que generalmente pasan los 100 modelos. De este modo, los dos espacios nos sirven para exhibirnos, complementarnos y atender mejor.
Y eso queda reflejado en un ya característico libro de firmas, forrado en paño bordó, que siempre está en el mostrador de cada local donde figuran desde firmas de famosos y otras no tanto hasta de turistas de todo el mundo.
-¿Qué cosas cambiaron en este negocio del calzado en relación con los primeros años?
-En general se descuidó mucho el sector comercial, la atención al cliente. Se perdió la prolijidad y la presencia del vendedor de zapatos. En las boutiques, en cambio, las conservaron y eso ayudó a crecer en ventas. Es que lo importante es respetar al cliente, asesorarlo según lo que le puede quedar bien. Pensar sólo en vender no tiene sentido, se trata de gratificar al cliente. Por eso hacemos tanto hincapié en eso, en la imagen y el buen trato.
-¿Qué otros factores afectan al sector?
-La falta de mano de obra calificada, sin duda. Ya es sabido que este fenómeno se dio porque la crisis del año 2000 alejó a muchos maestros zapateros del sector. Esto va de la mano de una falta de cultura del trabajo. Por ejemplo, cuando se desarrolla un zapato hay que pensar en la anatomía del pie para lograr que sea cómodo y para eso es muy importante el rol del fabricante de hormas, y lamentablemente escasean.
Además no tenemos la planificación de la colección, como por ejemplo se hace en Europa.
-¿Se copia mucho?
-Seguimos dependiendo. En nuestro país se desarrolla una temporada en tres o cuatro meses. En Europa, en cambio, se diseña con un año de anticipación. Se pone de acuerdo la curtiembre con el diseñador sobre los colores por desarrollar para esa colección, se juntan con diseñadores y muestran lo que van a lanzar y conversan para que desde la industria textil se promueva eso. Es un trabajo conjunto, con una planificación seria, y eso nos falta… Cuando nos acerquemos a ese modelo vamos a comenzar a exportar productos terminados, con moda propia.
Mi hijo Juan Carlos estudió en Italia con el diseñador de zapatos de Christian Dior, en la mejor época de la firma. Y él solía decir: Los argentinos compran los materiales que vamos a utilizar el año que viene, pero después copian nuestros diseños. Tienen capacidad para elegir los materiales, pero no inventiva… Creo que hay mucho de eso. Uno de los mejores modelistas de calzado para hombre de la Argentina se la pasaba un mes con este diseñador para después desarrollar su colección.
-¿Cómo ve a los nuevos diseñadores, las nuevas marcas del sector?
-Hay un talento extraordinario porque tenemos raíces europeas, y eso se nota en el buen gusto, en la mirada diferente que ofrece el diseño; eso nos da muchas posibilidades, pero no están siendo aprovechadas. En particular tuve algunas experiencias con estudiantes en la fábrica, pero les falta experiencia para conocer bien la anatomía del pie, por ejemplo. Y eso no se puede reproducir, hay que vivirlo. Formarlos en ese ámbito es difícil por falta de apoyo. No siempre se tiene la capacidad económica para becar alumnos y formarlos.
Y en esto hay algo que le puedo señalar:
la prensa, por ejemplo, puede ayudarnos, estaría bueno que se haga una crítica de las propuestas que hay en materia de calzado; guste o no. Estaría bueno porque nos señalaría que vamos por el buen camino, o para saber qué tenemos que mejorar.
-¿Cómo es la argentina?
-Elegante, de buen gusto y clásica dentro de la tendencia. Por supuesto hay un sector que viene y pide el zapato de vanguardia. Lo que no le gusta, en general, es comprar algo que al año siguiente pasa de moda o es ridículo. También es exigente, sabe cuándo un zapato es bueno o no. Siempre le brindamos tendencia y calidad, por eso hasta los extranjeros vuelven. Vienen de Chile, Estados Unidos, Venezuela, Perú y más.
-¿Piden asesoramiento?
-Hay de todo, algunas son seguras; otras buscan un zapato y un color especial –para ellas tenemos probadores, porque a veces vienen con el vestido por combinar–, y otras necesitan que las aconsejen.
-¿Y el hombre?
-El hombre argentino conoce mucho más de calidad del zapato que la mujer. Compra buenos modelos y pocos. Es una elección más racional: compra para que le dure.
-Las zapatillas ganan espacio en el guardarropa, ¿qué le parece?
-Se instaló por una cuestión de comodidad. Lo que sucede es que la industria del calzado tradicional no fue lo suficientemente ágil como para pensar en un zapato casual tan cómodo como la zapatilla. En Estados Unidos era muy común ver mujeres con trajecitos y zapatillas, y en una bolsa, el zapato de taco para la oficina.
Igual creo que debido a la influencia de las marcas de zapatillas y la gran presión del marketing de ese sector, la gente gasta 400 pesos por un calzado confeccionado en sintético y no lo exige en cuero. Sin embargo, cuando desde una zapatería se le ofrece algo cómodo en cuero a un precio similar, le parece caro.
-¿Qué destaca de la propuesta de este invierno?
-Ya se ve que siguen con fuerza los tacos de madera, los zuecos también llegaron para quedarse, así como los estampados en leopardo. Los tacos medios son ideales para caminar por la ciudad y acordes con el estilo de vida que lleva la mujer de hoy. Las botas bucaneras con plataforma y taco alto continúan, pero con una novedad: la caña más corta, para que las puedan usar las más bajitas.
-¿Abrirá alguna sucursal en el exterior?
-Eso se los dejo a mis hijos…

