Del viejo vaquero al modelo personalizado
Recordando aquellos tiempos del Far West / Y de otros tantos diseños que hicieron época
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Nadie negará que con un buen par de jeans se circula por la vida con más soltura y comodidad que con cualquier otro pantalón, sobre todo en estos tiempos en que el denim ya no es un duro, sino un muy buen amigo. Que el primer día no lo parecerá tanto porque, se sabe, conviene que apriete, a veces al punto de tener que tirarse panza arriba, contener la respiración y... cerrarlo. Después, unos estiramientos estilo gym y al rato todo mucho mejor, que lo será aún más con el uso. Proceso que volverá a darse tal cual cada vez que se lo lave y retome su tamaño original.
Una larga historia la del jeans, que por acá trae a la memoria los viejos vaqueros, también blue jeans, Far West, en azul oscuro y con etiqueta de cuero grueso grabada a fuego; los más caros y aspiracionales Lee, si la memoria no falla, importados, y también aquellos más accesibles, los Kansas, o esos otros para los que se hacía cola en una firma argentina que se mantuvo en el candelero durante años, Eduardo Sport, en Puente Pacífico. Ya en los años 80, los Fiorucci y los 501 de Levi s eran favoritos, aunque, claro, valían oro.
Pero en los inicios, cuando el Lejano Oeste mandaba, quién hubiese soñado con el vaquero transformado en objeto de culto, con miles de lavados y un sinfín de intervenciones diferentes, tal como se lo ofrece ahora. Nadie se hubiese dado el permiso tampoco de calzarse el suyo para un look que no fuese casual. Ni se hubiese fascinado con alguno rotoso y oxidado, sino todo lo contrario: lo hubiese hecho trapo. Y seguramente no hubiese entendido cómo un vaquero argentino, que si bien tampoco era regalado entonces, podía llegar a superar los 300 dólares, como cotizan algunos customizados según el gusto del cliente.
Lo cierto es que todo cambió y hoy el jeans nacional es un producto de alta calidad, por sus cortes y calces, sus lavados e intervenciones, y por su enorme variedad. Es que en muy poco tiempo dejó de ser patrimonio de jeaneras para ser estrella de marcas de moda. Un fenómeno.

