El desfile de Chanel, en un viaje mítico a Grecia
Karl Lagerfeld presentó una nueva colección crucero inspirada en la antigüa Grecia; columnas dóricas, sandalias gladiador, vestidos bordados y plisados convivieron con los modernos trajes de tweed de la firma
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Volvieron las colecciones Crucero o Resort y LA NACION estuvo allí, en exclusiva, para presenciar cómo Karl Lagerfeld trasladó Grecia al centro de París. La temática de este año fue, casi como un oxímoron, La modernidad de la antigüedad. En la Galerie Curbe, en el segundo piso del Grand Palais, la inspiración clásica se veía por doquier: el decorado ambientado con columnas dóricas, una gigantografía de un atardecer de fondo y ruinas al costado de la pasarela nos trasladaron al hogar de los dioses del Olimpo.


Después de varios años de realizar los desfiles crucero en otras ciudades -como el del año pasado en Cuba o algunos otros como Dubai, Saint Tropez o Versalles-, la cita este año fue en la histórica locación de pasarelas de la etiqueta francesa. El desfile empezó luego de que la directora en jefe de la Vogue estadounidense, Anna Wintour llegara.

En un interesante mix entre el pasado y el futuro, la influencia griega apareció en los típicos vestidos drapeados y plisados a un hombro, con acentos dorados en joyería y pedrería y vinchas trenzadas y adornadas en la cabeza. Todo, cruzado con tipologías más urbanas y características de la maison francesa como sacos y abrigos en tweeds con acentos en verde y dorado.

En la paleta predominaron los tonos neutro como el beige, arena, marfil, blanco y algunos pasteles: rosa, celeste y crema aparecieron en algunos vestidos drapeados y crops tops y faldas. La gran compañera casi todos los outfits fue la sandalia de taco alto, tipo gladiador, hasta la rodilla. Se vio en colores vibrantes como el amarillo, rojo, verde, azul y también en negro y dorado, para los looks más veraniegos.


Para concluir la pasarela, Karl lagerfeld salió a saludar de la mano de Hudson Kroenig, su gran musa de 8 años, para luego invitarnos a un cóctel donde la decoración del desfile se como si estuviésemos dentro del atelier de un artista de aquella época. Las invitadas y amigas de la casa, algunas vestidas de Chanel en total looks y otras simplemente usando detalles como aros o zapatos, disfrutaron de la compañía del Káiser que se movía como si fuese un invitado más.



