"El placard es el reflejo de la salud mental"

Mujer destacada y del año, atrevida, una de las 100 líderes o una de las personas más influyentes de Chile. Títulos y menciones de la psicóloga Pilar Sordo, cuyos libros están entre los más vendidos de la Argentina. Abre su consultorio y escucha planteos: diferencias entre el hombre y la mujer, lecciones de seducción y consejos para mamá
Delia Piña
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13 de octubre de 2011  

Sus libros Viva la diferencia y Lecciones de seducción , entre otros, están entre los más vendidos de la Argentina. Anteayer llenó el teatro Astral por quinta vez.

-¿Qué demostró Viva la diferencia?

-Validó la diferencia entre mujeres y hombres, e hizo que disminuyera la tensión asociada a la competencia entre ambos. El planteo está hecho sobre la base de una investigación a partir de experiencias, testimonios, en términos sencillos, con sentido del humor y reflexivamente. Por eso, la gente se siente identificada.

-¿Por qué la magia asociada a la mujer y la realidad al hombre?

-Lo enuncié en la tapa del libro o, más bien, ese fue el nombre del estudio, porque la mujer tiene una estructura de pensamiento mágico, adicional al realista; aunque hay hombres que lo tienen es en menor cuantía. Ellos tienen una forma más pragmática, menos conductas de ensoñación.

-¿Qué destacás de aquello que predomina y nos determina como mujeres y hombres?

-De las 14 diferencias que planteo, la capacidad de retención que tenemos, la buena memoria, guardar por si acaso, ser insistentes, preguntonas, más verbalizadoras. Versus el soltar, avanzar, el no detenerse en los detalles, el que olvidan más rápido y valoran menos los procesos que nosotras.

-¿Estas diferencias pueden llevar a estereotipos o a cierto sexismo?

-En las alternativas de género sexual -que no son opciones, sino condiciones-, esas características están igual. La mujer que describo a partir de mis pesquisas es la que predomina en América latina, pero hay más. Cualquiera de nosotras debe aprender características masculinas para poder funcionar en determinadas circunstancias y los hombres, otras femeninas. Eso no altera la condición de género o no debería.

-¿Cómo se advierten esas diferencias en el consumo de cosmética, indumentaria, deco?

-Las mujeres tenemos un mayor sentido de lo armónico y estético. Se asocia a la belleza y se traduce en la ropa, los cosméticos y, sobre todo, en los accesorios: zapatos, carteras, bijou, que se usan mucho porque no dependen del peso. Por ejemplo, si uso un zapato Sarkany me siento igual que una flaca, no compito con ella; en cambio, con un pantalón, sí. Los accesorios nos igualan.

-¿Por qué la mujer cambia de ropa cada temporada y el hombre cuando se le gasta?

-Las mujeres lo necesitamos por una cuestión de energía: cambiar los colores, matizar los tonos, responder a las sensaciones de temperatura. Tenemos una sintonía especial con el medio ambiente, con lo que nos rodea: vidriera, ropero y afines.

-¿Qué mira una mujer frente a una vidriera y qué el hombre?

-El hombre mira si necesita o le gusta, y la mujer lo que le atrae o seduce. El hombre va más a lo concreto, aunque a los menores a los 35 años les importa un poco más el look, aprendieron a jugar con el vestuario.

-¿Al hombre le aburren más las compras que a las mujeres?

-Lo que le aburre es el proceso de compra. Si nosotras fuéramos sólo a comprar habría menos problema. El tema es que no vamos sólo a comprar, podemos recorrer 50 cuadras por un par de zapatos y generalmente volvemos por el primero que nos probamos. Al hombre le irrita cuando el proceso de compra se alarga, el comprar por comprar.

-Mencionaste que la mujer va tras lo que le seduce. La seducción es un tema que trataste estableciendo que no tiene que ver con la belleza y el dinero porque deja a muchas afuera. ¿Con qué tiene que ver la seducción para involucrarnos a todos?

-Con el autocuidado. La investigación Lecciones de seducción (otro de sus libros) tiene más que ver con el misterio que con lo evidente, con lo oculto que con lo que se muestra: con la personalidad, el encanto, el sentido del humor, la sonrisa. Y eso es lo que de alguna manera marca la diferencia con la apariencia física, lo corporal, lo más burdo, como las lolas o una cola.

-¿Y por qué dar lecciones de seducción?

-El título del libro es un enganche maravilloso. Los que creyeron que les iba a enseñar a seducir al otro se encontraron con pautas de cómo hacer esa autoterapia. Una se tiene que cuidar o estar bonita tenga o no pareja. No puede ser que tenga que verme bien porque otro me va a mirar. Y tomé la ropa interior como símbolo. Las mujeres tendemos a usar lo bonito cuando sabemos que vamos a ser vistas y si no da lo mismo. Las lecciones no son más que propuestas y formas de mirarnos, que a la larga es lo que nos hace crecer.

-¿Por qué el uso de la ropa interior como símbolo?

-Porque refleja muchas cosas. En general, una mujer que se preocupa de su ropa interior está mejor autocuidada que otra que no lo hace, esté o no acompañada.

-¿Qué otras cosas reflejan cómo estamos?

-El uso del placard es un signo de cómo estamos. Si está ordenado, si tiene los colores que una pueda buscar, si está la ropa que uso y no la que voy a usar en algún momento, si está desordenado. El armario es un espejo de la estabilidad mental, del estrés. Refleja si está centrada, tranquila, si se da tiempo para sí misma. Si efectivamente usamos las diez carteras que tenemos.

-¿La cartera es como un miniplacard?

-Claro que sí. Y cambiarla según la ropa que se usa da cierto aire de renovación. Lo mismo pasa con otros accesorios, como aros, anillos. Y eso habla mejor de su autocuidado.

-¿El maquillaje tiene que ver con el cuidado o con querer ocultar?

-Hay muchas que lo usan para tapar y probablemente no saldrían a la calle sin pintarse. Pero, en general, tiene que ver con el cuidarse. Maquillarse, ponerse un rico perfume o aplicarse crema es un mimo, y uno tiene que aprender a acariciarse para poder estar y sentirse mejor.

www.pilarsordo.cl

PARA MAMA

Tengo dos anhelos, más que consejos. Primero que empecemos a gozar de ser mamás –yo lo soy de dos grandes y preciosos: un hombre de 20 y una mujer de 17–, porque se ve que la maternidad es una carga agotadora. Me encantaría ver a mamás más gozadoras con sus hijos, que los vean como un privilegio y no como un problema. Y el otro deseo es el de desmitificar el anhelo de perfección. Siento que una mamá no puede ni debe tratar de ser perfecta. La gracia está en la vulnerabilidad, en que los hijos nos vean equivocarnos, llorar, pedir perdón, cansadas o distendidas, intentando hacer cosas, conquistando sueños, porque ese es el testimonio que les vamos a dejar.

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