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Carla Conte habla del trabajo, sus gustos y la maternidad... Y muestra su lado más natural, personal y auténtico
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Las medianoches de Canal 9 la convirtieron en chica mediática al frente de Call TV, un programa de juegos telefónicos. Sin embargo, Carla Conte tuvo su pico de rating en Showmatch cuando ganó la tercera edición de Bailando por un sueño, en 2006, y repitió el éxito al año siguiente al llegar casi a la semifinal del concurso que más da que hablar en la televisión argentina. Desde entonces, se la vio en la pantalla chica sin pausa y hasta subió a las tablas junto con Adrián Suar y Guillermo Francella.
Lo único que la sacó de escena fue el nacimiento de su hija Mora. Entonces interrumpió la conducción de Este es el show y se tomó un año y medio para ser madre en exclusiva. La vuelta a la TV no le resultó fácil; tras un retiro voluntario en Canal 13, hace nuevo intento en la pantalla de la TV Pública, donde conduce junto con Lalo Mir el magazine Vivo en la Argentina, que refleja similitudes y diferencias entre la gente de todo el país.
Después de las dos horas de programa –sale al aire de 14 a 16– recibió en su camarín, el número 43, un cuarto con dos silloncitos, un puf y un gran espejo que tiene la puerta pintada de rosa. Sus palabras de bienvenida fueron: Estoy muerta de hambre. ¿tomás mate? En la charla, los temas aparecieron uno tras otro: el trabajo, la maternidad, su imagen de femme fatale, sus gustos, su personalidad.
–¿Sos impulsiva, de portazo fácil?
–Aguanto mucho, después exploto. Y doy muchos avisos antes de cerrar una puerta, pero cuando me canso es difícil que dé marcha atrás.
–¿Qué motivaron los portazos?
–Yo comencé en Call TV. Me eligieron en un casting donde buscaban una chica que mostrara la cola y las lolas. El problema es cuando pasa el límite de la comodidad porque se convierte en una constante que no te da ni siquiera la posibilidad de elegir cuándo y cómo hacerlo.
–En este ciclo encontraste un lugar diferente...
–Estoy muy contenta con lo que estoy haciendo. Me gusta la temática y el formato del magazine, me enriquece estar en contacto con gente de otras provincias. Además, me siento muy cómoda. Estoy en una época muy relajada, de poca producción. Podría decir que la imagen de la conductora y la mía son una. Es la primera vez que me pasa.
–¿Por qué?
–Porque me visto como quiero y hasta logré estar cómoda con la altura del taco para salir al aire, ¡que es todo un tema! Siempre estuve muy condicionada por el vestuario a pesar de mis explicaciones de que si tenés que estar con un vestido que te obliga a meter la panza, sacar la cola y subida sobre 20 centímetros de taco durante más de una hora no es posible pensar con claridad. Este programa me permite estar muy relajada. Llego una hora y media antes, me entregan la rutina y voy a maquillaje. En casa me hago el difusor, así que acá me arreglan un poco el flequillo y listo.
–¿Trabajás con ropa tuya?
–No. Pero por primera vez incluí a mi vestuarista, Lola, en la negociación de mi contrato. Casi fue mi única condición.
–¿Por qué tanta importancia?
–Porque somos amigas. Me recontraconoce y hemos ido desarrollando juntas el tema de mi imagen. Ella sabe qué me gusta y qué no. La ropa es un tema y yo siempre tuve problemas. Necesito verme lo más parecida a mí, a mi estilo. Se puede estar relajada, linda y elegante.
–¿Sos más bien práctica?
–Sí. Por eso me encantan los programas en vivo. Lo que siempre me tiró para atrás de la tele es eso de tener que llegar tres horas antes para dedicarle un siglo al maquillaje y el pelo. Ahora sólo salgo con el pelo lacio y las pestañas postizas cada 15 días, cuando grabo para Cosmopolitan.
–¿Qué pasa con la imagen de chica sexy? Se es todo el tiempo sexy?
–Nooo. Para nada.
–¿Cómo te vestís de entre casa?
–Después de tener a Mora estuve más de un año en pijama, pero ya no. Estoy en un momento en el que quiero volver a sentirme sexy o linda. Terminé con el encierro, la cuestión introspectiva de la maternidad y ahora tengo ganas de aparecer otra vez. Lo que siempre me saco cuando llego a casa son los zapatos y me pongo unas botas chatas con corderito adentro. Esas son mis pantuflas.
–¿Cuál es tu cable a tierra?
–Salir a hacer las compras. El año pasado, cuando todavía no me separaba de Mora, en los momentos que creía que me iba a desesperar, salía a cualquier hora de la noche y me metía en Farmacity porque era lo único abierto. ¡Qué una farmacia pueda ser tu programa es una locura absoluta!
–Maternidad intensa la tuya...
–Y sí... Mora tiene más de 2 años y todavía toma la teta. Con ella empecé a leer sobre nutrición y descubrí que puedo cocinar y disfrutarlo. En mi casa disminuimos la cantidad de lácteos, dejamos de consumir harinas blancas y nos acostumbramos al arroz chamaní. No te voy a decir que me hice vegetariana porque sería mentira, pero me ordené muchísimo con la dieta. Ya no es habitual que no haya nada en el freezer. Y no es el único cambio. Antes adoraba ir a Miami a hacer compras, ahora disfruto de un viaje en familia y de ver que los trapos que compraba allá con adoración mi hija los usa para jugar.
–¿Lo que más te comprás?
–Tuve momentos de zapatos y carteras a morir, otro de compra de maquillaje compulsiva. Ahora entro en Grisino y me llevo todo.
–¿La compra más absurda?
–Miles. Para empezar, soy adicta a TVcompras ¡me lo compraría todo! El año pasado compré un aparato que pica la nada. Para colmo, dificilísimo de armar y desarmar. Ahí quedó sepultado en un mueble.
–¿Alguna mujer que admires?
–Admiro a la Presidenta, pero mucho más allá de su estética. Aunque cuando la miro pienso: Guau, ¿quién le hará el delineado y la profundidad en los ojos. Cuánto tiempo le llevará? Risas.

