Encuentro de dos marcas argentinas con la misma vocación
A. E.: -¿Qué sos?
M. R. G.: -Economista... (risas)
La pregunta inicial de un diálogo entre dos firmas que comparten, cada una a su modo, una misma pasión, vestir a los argentinos: Javier y Alejo Estebecorena (diseñadores de Hermanos Estebecorena, una marca que nació en Palermo) y Mariano Rodríguez Giesso, quinta generación de un clásico argentino.
J. E.: -Me parece alucinante que sean cinco generaciones...
M. R. G.: -Siempre fue pasando a una rama de los hijos, por eso duró. Mi abuelo iba a ser abogado, pero se quedó huérfano y se tuvo que ocupar del negocio en contra de su voluntad. Después fue una persona hiperactiva y le fue muy bien en los años 50 y 60...
J. E.: -¿Y en los años 70 la importación de Oriente no los afectó?
M. R. G.: -No porque nosotros importábamos. En realidad hasta 1973 confeccionábamos sastrería a medida. Teníamos nuestro taller con mesas de corte de una madera bárbara, con vidrios biselados, hoy podrían ser muebles de una casa? Pero las reglas cambiaron.
A. E.: -Hay algo en tu mente que va a la cosa antigua; de hecho, estamos en un lugar que rescata eso... ¿Dónde está la mesa de tu abuelo?
M. R. G.: -Esta mesa es de mi abuelo, pero es muy años 50.
A. E.: -Muy racionalista...
M. R. G.: -Mi abuelo incorporó en su casa esa expresión arquitectónica. Nunca viví en una casa tradicional; mi casa, en los 70, tenía paredes de laca negra y las sillas eran tipo director, en platil. Actualmente mi mesa del comedor es una Le Corbusier. A lo mejor hoy me compraría una mesa de diseño contemporáneo, en madera y cuero. Quizá porque soy un poco más viejo...
J. E.: -Lo bueno es que no comprás una mesa de cuero y madera porque un día dijiste vamos a ser modernos. Es un estado que viene de situaciones anteriores. Tiene que ver también con cómo te acercás a la sastrería. No sería lo mismo si ustedes hubieran sido una familia de acartonados ingleses que ser lo que son: una manga de genoveses locos.
M. R. G.: (risas) -No sé cómo surgió eso, pero tengo un gusto especial por la estética. En la moda hay una línea muy finita: uno puede mirar diseñadores de una casa muy tradicional de Nueva York (señala un hombre peinado a la gomina, con traje claro a rayas y camisa con círculos gigantes azules y marrones), pero su ropa tiene un juego. No hay algo moderno o antiguo; hay una estética, hay cosas lindas y feas.
J. E.: -Eso tiene una posición tomada, hay una estética y eso está bueno...
M. R. G.: -Sí, es muy importante la actitud que la persona le da a la ropa. A un hombre que no tiene onda, que no se sabe mover, le podés poner la cosa más loca del mundo y sigue acartonado. Y si le ponés un par de mocasines, un traje azul del año 50, una camisa blanca y una corbata azul a uno que se sabe mover... va a tener onda. ¿Por qué? ¡Qué sé yo!
J. E.: -Nosotros también venimos de una empresa familiar. Antes nos dedicábamos a la mecánica: motores eléctricos, engranajes.
M. R. G.: -¿Y cómo llegaron a trabajar en la moda?
A. E.: -Una decisión muy fuerte fue cuando decidimos entrar en la Facultad de Diseño. Fue un primer cambio; nosotros somos técnicos mecánicos, había como un camino marcado y nos corrimos...
M. R. G.: -¿Y de dónde salió el gusto por el diseño?
J. E.: -Mi padre, a pesar de ser técnico, tenía un sistema de comunicación con diseño gráfico muy moderno para ese rubro. No había una inquietud específica, pero sí algo que estaba latente. Son cosas que van influyendo. Todo ese back que tenés vos, Mariano, de pertenecer a esta familia con todas estas facetas está buenísimo. Y en algún lugar se ve; es muy difícil saber adónde.
Sobre hombres y marcas
M. R. G.: -Noto que hay una ansiedad por tener y no por ser. Mucha gente mide el éxito por la cantidad de ventas. No hay un hombre argentino y uno que vista al hombre argentino. ¿Quién lo viste? ¿La marca que uniforma o la marca que lo enaltece? A uno le tiene que dar satisfacción poder ser lo que es y que la gente pueda apreciar lo que uno hace. ¿Hay un hombre argentino? No sé, hay muchos hombres argentinos y todos podemos venderle a cada uno de la mejor manera.
J. E.: -Hay muchas marcas que buscan el gol, ser explosivamente masivas, pero que no tienen un compromiso de sus dueños, son anónimos. Nosotros lo hacemos porque nos gusta, porque lo queremos hacer por mucho tiempo, algo que a vos también te pasa. Tenés una trayectoria, todo el mundo sabe quién sos y te tenés que hacer cargo. Eso no se da en el que quiere dar el batacazo y ser la marca del momento, hacer millones, después declararse en convocatoria y chau.
M. R. G.: -Esos le quitan valor económico a lo que uno hace. Esto no significa que me dé lo mismo vender o no?
J. E.: -Es decir? somos competidores (risas), pero sanamente.
M. R. G.: -Definitivamente, pero los buenos competidores generan valor, incluso, para sus competidores.
A. E.: -¿Cómo ves el futuro?
M. R. G.: -Estamos en un lugar muy lejos de poder desarrollar lo que queremos. No podemos hacer telas, no hay fábricas. No hay posibilidad de realizar un traje artesanal. Este año trajimos cashmere italiano para hacer un suéter básico de esos que duran 50 años, pero lo vamos a vender a 800 pesos. Es un disparate? Lo hago porque quiero ofrecerle al cliente algo en lo que creo, pero con esos costos muy poca gente puede acceder. ¿Cómo se imaginan al hombre que ustedes visten?
J. E.: -No lo imaginamos de una manera determinada. Tiene que ver con qué valoran, cómo funcionan más que cómo se ven. Tenemos clientes de 60 y de 20 años.
A. E.: -A veces viene alguno que compra una campera de 400 pesos, pero lo hace porque cree en eso; no porque tiene un montón de dinero.
M. R. G.: -¿Cómo se imaginan la vida de un hombre vestido por HE?
J. E.: -No es fácil decir quién es, no le decimos cómo tiene que ser, dejamos que la persona se construya.
M. R. G.: -Yo me imagino a un hombre Giesso como alguien que se despierta en una casa, que tiene hijos chicos, que pudo haber salido a correr, que se levanta con ganas de encarar la vida; lo veo simple, con poder adquisitivo?
J. E.: -Nuestro cliente es un hombre que atiende detalles, no me imagino qué hace, adónde va...
M. R. G.: -¿Qué prenda los identifica?
J. E.: -El sportwear
M. R. G: -¿Y trajes?
J. E: -No, nuestros clientes no se visten con traje.
M. R. G.: -Pensemos en un hombre que se casa por Iglesia...
J. E.: -Pero todos no se casan por Iglesia... Nos encanta el hombre que sale del montón y que se puede poner una cosa u otra sin problemas. Los clientes son mucho más versátiles y su relación con la moda no es predecible, se puede adaptar, cambiar...
M. R. G.: -Totalmente de acuerdo. Un poco lo plasmamos en la imagen de nuestra campaña. Mostramos cómo se puede usar la ropa; cómo se combinan los colores, las texturas, el juego...
A. E.:-¿Por qué comenzaron con ropa para mujeres?
M. R. G.: -Fue una idea mía, tenía ganas de hacerlo, porque la marca tiene valores asociados que podían servir para ropa de mujer.
A. E.: -¿Y cómo pensás la mujer?
M. R. G: -Muy ecléctica...
A. E.: -¿Es la mujer de ese hombre Giesso?
M. R. G.: -Sí, aunque por lo general el hombre esté solo.
A. E.: -¿Y tu cliente decide solo?
M. R. G.: -Sí, aunque muchos vienen con la mujer.
J. E.: -A nosotros nos pasa...
A. E.: -Eso de sí querida... A veces vienen solos y eligen de todo, pero después vienen con la mujer y no compran.
J. E.:-¡Es una dictadura! También están los rebeldes que dicen que no les importa nada lo que opinen ellas... Es curiosa la imagen que el extranjero tiene del hombre argentino; lo considera un marcho tanguero y malo.
A. E.: -Latino y pegador. Y, en definitiva, cree que decide por sí mismo, pero en realidad no decide nada. Algo que influye y sin duda se refleja en su forma de vestir.
(Risas generales)
J. E.: -Con esa frase podemos dar por terminada la charla.

