Estilo Alcorta y su cuarta pasarela multitendencia
Frente a 15 mil espectadores y con gran producción, doce etiquetas masivas mostraron su invierno
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A Paseo Alcorta, el invierno llegó por una pasarela y frente a 15.000 espectadores: se trata de la cuarta edición de Estilo Alcorta, que --entre el martes 2 y el viernes 5-- reunió a 12 firmas que también habitan el shopping. Parte de un segmento de marcas masivas que hace dos años no tenían espacio propio: "La semana está consolidándose con colecciones y puestas en escena más elaboradas. Antes, la mayoría de estas marcas hacían desfiles por su cuenta, o no los hacían", explica Carolina Lascano, vocera de Alto Palermo Centros Comerciales.
Charly García con blazer rosa entre el público de Ayres ("me gusta mirar chicas lindas", explicó); champagne promocional para los afortunados de primera fila; bandas de jazz y música electrónica; el primer desfile de Paula Cahen d´Anvers; todo bajo una gran carpa cruda (con pasillos, decks, ambientes separados, plantas) montada en el estacionamiento.
Temporada versátil
Abrió Class Life, deportivo y bien actual: para hombres y mujeres, joggings de pantalones rectos y campera con cierre matizados por estampados ochentistas, juegos de avíos y las consabidas tiras. Relajados, los pantalones sueltos, de tiro bajo y caído, en géneros suaves. También una línea más sexy, que incluye enterizos con cierre delantero. La pasarela de Prüne, en tanto, tuvo reminiscencias de los años 60, futurismo y aires hípicos. Botas chatas con tiras laterales y puntas levantadas, otras elastizadas que suben mucho más allá de la rodilla, y ballerinas con pespuntes a contratono. Abrigos: largos, larguísimos, cortos, entallados y rectos con lazo a la cintura. Gamulanes, también. Las carteras, cuadradas de manijas cortas, o chatas con tiras largas para usar cruzadas. Detalles: herrajes de níquel, charol avejentado, cueros patinados. En gris, marrón, negro, blanco y toques de rosa.
Un rato después, la firma italiana Miss Sixty se concentró en los años 80: recargada, hipercolorida, ropa casual en modelos peinadas con jopo; sacos de lana con borde de piel sintética, más chupines --con cantidad de cierres y tiro bien bajo--, y hasta un escotado catsuit de cuero llevado sobre calzas de lúrex.
Y para toda la familia, Wanama casi no dejó tendencia sin explorar. Su invierno abrió con una bandera con el símbolo de la paz, y la tipología militar reinventada en texturas pesadas (tapados tejidos en lana de oveja). Escoceses y jacquards en pantalones y camisas masculinas con gastados localizados, más blazers de corderoy. De influencia celta --con gaitas incluidas--, camisas con cuellos grandes, puntillas y detalles de broches.
Ayres también se sube a la versatilidad, inspirada en el esquí (colores brillantes como el amarillo y el rosa en contraste con tonos neutros para minis, pantalones rectos y tapados cortos), y para el masculino-femenino, sastrería, géneros tizados, tiradores, trench-coats y mucho príncipe de Gales, en rosa, gris, tiza y negro.
Masculino-femenino también para Claudia Larreta, que fue de un polo a otro, sumando pasadas de fiesta más bien clásicas. Y para Portsaid, que balancea con gasas, rasos, bordados.
Todo podría ir bien con zapatos de Sibyl Vane, por ejemplo, en cantidad de variantes sexy, pero discretas: desde botas stiletto hasta ballerinas, abunda el charol blanco y negro --combinados o no--, rosa, el estampado leopardo, y brillos dorados, plateados y cobre.
Mención especial para Paula Cahen d´Anvers, y su primer desfile público en diez años. Discreta y canchera a la vez, la colección se reparte en aires marineros (sastrería naval, rayas), jeans (en lavado apagado), tejidos (desde larguísimos abrigos crudos de tejido tipo irlandés hasta suéteres con frente bordado símil confites), lingerie (rosa y gris en tops de gasa y puntillas), noche sobria (correctos pantalones de terciopelo tipo smoking, enterizos y vestidos lánguidos). Para ir al college, nada como los suéteres con rombos. Al cierre, un contingente infantil en terciopelo negro y bordó con frunces, entalles, flores de gasa y coronas de cristal. Como belgas románticos.
Clara Ibarguren aprovechó para jugar con la multitendencia urbana: denim, corderoy y cuero se combinan con gasas y gabardinas satinadas. Unos pesados suéteres rústicos conviven con estampados ópticos, camperas de tweed deflecado y sacos más románticos de doble hilera de botones y gran cuello. Para las más rockers, camperas cortas con cierres múltiples, cadenas y hebillas.
María Vázquez eligió el retro circa 1950: faldas por debajo de la rodilla y mucho vuelo, cintura alta, marcada, y un toque de actualidad en estampados geométricos, remeras al cuerpo y corsets. Mejor, en rosa viejo, con algo de blanco y negro. Tul más géneros satinados para faldas superpuestas, trajes-pantalón en tweed al cuerpo, feminizados por estolas rosa. El cierre: unos minutos de imágenes de destrucción anticiparon cuatro modelos de deconstrucción; el gris entra en escena, se desdibuja el talle, los bolsillos afuera, y los cierres, cortes, pinzas, tiras y frunces exploran funciones nuevas.
El último desfile, el de Ricky Sarkany, que arrancó alineado en la nueva tendencia deportiva, superproducida, de algunos diseñadores europeos: toma la Fórmula 1 para botinetas con taco aguja acordonadas con tiras deportivas a todo color. También suelas de colores y pompones en el empeine. Casi en el otro extremo, botas básicas de gamuza con leve plataforma, que van desde el tobillo hasta arriba de la rodilla. Se puede usar sobre jeans clásicos, con camperas con pespuntes y bordados, como se mostró. ¿Carteras? Minis y gigantes. Para el final, zapatones de más de 15 centímetros, buena plataforma y pulsera. ¿Ganas de ver más? Hasta dentro de tres semanas, quien se dé una vuelta por Paseo Alcorta se encontrará con livings con videos, revistas y fotos de los desfiles.
Coberturas: Silvana Moreno, Delia Alicia Piña y Paula Zacharías.

