Inspiradora. La cordobesa que empodera mujeres a través de la moda sostenible

Noelia Ponce de León tiene 33 años, lleva adelante un proyecto social y, a través de sus diseños, promueve la toma de conciencia
Noelia Ponce de León tiene 33 años, lleva adelante un proyecto social y, a través de sus diseños, promueve la toma de conciencia
Cynthia Ijelman
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17 de mayo de 2019  • 15:59

Noelia Ponce de León es cordobesa, tiene 33 años y si, en 2012, le hubieran dicho que iba a ser diseñadora de indumentaria y a crear una marca de slow fashion como es D-Bandera, no sin antes liderar un proyecto de trabajo social para capacitar a mujeres en situación de vulnerabilidad, posiblemente ni ella misma lo habría creído. Es que por entonces, era una estudiante universitaria con otros planes.

Estaba cursando el último año de la carrera de Derecho cuando su vida dio un vuelco de 180 grados. Noelia Ponce de León recuerda que empezó a trabajar con gente de una productora franco-argentina que organizaba talleres de música en barrios vulnerables de América latina. Convertían los desechos en instrumentos. Ese fue el comienzo del cambio: "Siempre me gustó el arte y el trabajo creativo; participando de estos talleres surgió una posibilidad de armar un proyecto con foco en la moda". Así se empezó a gestar, en el año 2012, Cromosoma: "la idea era orientar a temas de reciclado en moda, en barrios periféricos de Córdoba".

Noelia Ponce de León creó un proyecto social para capacitar a mujeres en situación de vulnerabilidad y terminó cambiando el Derecho por el Diseño de Indumentaria sustentable
Noelia Ponce de León creó un proyecto social para capacitar a mujeres en situación de vulnerabilidad y terminó cambiando el Derecho por el Diseño de Indumentaria sustentable

Liderado por Noelia, el proyecto se empezó a desarrollar de manera autogestionada y se abrió una convocatoria para diseñadores de indumentaria que quisieran participar. "Yo casi no conocía a gente del área de moda por ese entonces, había dejado la carrera de Derecho y todavía no había empezado a estudiar diseño", comenta.

Experiencias que enseñan y dejan huellas

El primer "territorio" como ella lo denomina, fue cerca de la Villa El Tropezón, que está a unos 25 minutos de Córdoba, camino a Carlos Paz. "Nos cedieron un espacio en una salita en la que había un par de máquinas de coser y, aunque en un principio no sabíamos cómo íbamos a incorporar las técnicas de reciclado que nos proponíamos llevar, vimos que se vestían con la ropa de donaciones que llegaban en las bolsas de la iglesia y se nos ocurrió hacer algo con estas prendas. La idea era enseñarles a coser para que sumaran o cambiaran algo a la ropa y así darle identidad propia", explica.

En Campo de la Ribera, uno de los espacios de los encuentros
En Campo de la Ribera, uno de los espacios de los encuentros

El proyecto funcionó durante un poco más de cuatro meses; la mayoría de los que participaban eran chicos y señoras mayores. "Nos costó hacer que los hombres y la gente más joven se incorporara. Había mucho prejuicio, varios chicos se acercaban para aprender a coser y cuando después lo contaban en la casa no los dejaban volver". Ese año el taller terminó con un desfile en la Capilla del Buen Pastor, que está en el centro de la ciudad de Córdoba. El evento les dio bastante exposición porque era algo muy diferente al tipo de trabajo que se venía haciendo en los barrios.

Cromosoma empezó a colaborar con la ONG Las Omas, allí se trabajaba con mujeres víctimas de violencia de género que vivían en un asentamiento en la zona de Chacra de la Merced, un lugar con calles de tierra y un olor nauseabundo por ser zona de desembocadura de cloacas. "Había una sola escuela en la zona, las mujeres llevaban a sus hijos y se quedaban a pasar toda la mañana mientras los esperaban. En uno de los salones, la ONG empezó a dar talleres para estas madres y nosotros nos sumamos. Tuvimos un par de encuentros y les propusimos a hacer la moldería para que pudieran confeccionar sus propias prendas para verse y sentirse mejor, porque ellas decían: ¿para qué me voy a vestir yo acá, en este lugar lleno de tierra y mal olor?", cuenta Noelia.

En Villa El Tropezón reciclan ropa que reciben de las donaciones
En Villa El Tropezón reciclan ropa que reciben de las donaciones

Pero enseñar moldería fue casi imposible y puso de manifiesto algo muy profundo que les estaba ocurriendo a estas mujeres. "Un día, una psicóloga fue a charlar con ellas y descubrió lo que estaba pasando: no querían tomarse las medidas. Ahí nos dimos cuenta de que la situación era mucho más compleja de lo que pensábamos, porque la autoestima de estas mujeres estaba completamente anulada".

Ante esta evidencia, el equipo de Cromosoma cambió la propuesta: "Empezamos a hacer algo más creativo: con ropa que llegaba a través de donaciones, nos dividimos en grupos y con el apoyo de una terapeuta, que venía acompañándolas, trabajamos desde lo artístico qué significaba para cada una ser mujer. Fue un proceso largo hasta que llegamos a poder desarrollarlo de esta manera, porque nos encontramos con un mundo que era desconocido y tuvimos que hacer cambios sobre la marcha".

Junto con la ONG las Omas, capacitan a las madres mientras sus hijos asisten a la escuela
Junto con la ONG las Omas, capacitan a las madres mientras sus hijos asisten a la escuela

Cooperativas de mujeres

Después de algunas experiencias en las que la ropa sin dudas va más allá de la moda, Noelia y su equipo fueron convocados por una cooperativa textil en la que trabajaban ocho mujeres que cosían en una sala que ellas mismas habían levantado en el barrio Maldonado, de Córdoba. "Ese año les había surgido la posibilidad de fabricar mochilas para el Gobierno local, que las reparte a algunas familias antes de empezar las clases. Para hacerlas, desarmaron una mochila ya confeccionada, la copiaron y les quedó básica, sin refuerzo ni nada. Esa fue la primera tanda que entregaron. Para mejorar el producto, llevamos a unas diseñadoras que tienen una marca de mochilas para que las capacitaran y después nos quedamos trabajando con ellas un tiempo. Armamos un prototipo con lonas recicladas, se les añadió refuerzos, bolsillos y algunas partes fueron forradas. Al año siguiente, se presentó ese prototipo y un proyecto escrito con la propuesta del producto perfeccionado al Gobierno y recibieron la adjudicación del trabajo".

Los diseños de Noelia se confeccionan con fibras y tintes naturales
Los diseños de Noelia se confeccionan con fibras y tintes naturales Crédito: Gentileza Isabel Fiolet

Mientras enseñaba, Noelia ya aprendía. Sus estudios de Derecho cambiaron por Diseño.Y cada vez más, apuntó a la capacitación en oficios ya que la falta de profesionalización era una deuda constante en estos espacios de pequeños productores. "Desde el año pasado estamos trabajando con otra cooperativa de mujeres. El día que fui a verlas por primera vez les pregunté en qué se estaban especializando y qué tipo de costura estaban haciendo. Me miraron sin entender lo que les estaba preguntando. Así que ahí empezamos desde lo básico, capacitándolas y hoy se dedican a producir ropa de trabajo".

A la par de Cromosoma, Noelia lanzó un emprendimiento personal el año pasado: D-Bandera, una marca de indumentaria consciente . "Mi primera colección se llamó "Orígenes", la cosí toda yo y trabajé con mujeres en todas las etapas: desde las que tuvieron que ver con el tejido con fibras y tintes naturales, hasta la campaña fotográfica", explica. Su objetivo es ir sumando "diversidad" en toda la cadena, desde los proveedores hasta las fibras y crear cada vez más conciencia.

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