Intérprete
Graciela Zito y el arte de traducir las tendencias europeas al estilo argentino, con sello personal
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"Yo amo lo que hago. Tiene adrenalina. No sé hacer otra cosa", dice Graciela Zito en el escritorio de su showroom sobre la Avda. Alvear al 1800, a pocos metros de su local en la Galería Promenade. Elegante por naturaleza, en jeans, la diseñadora cuenta que está recién llegada de Europa, donde presenció la semana el verano 2011 en Milán. Ahí, también a temperatura invernal no perdió oportunidad de observar qué es lo que se usa en la calle, más allá de las vidrieras. "El disco rígido se llenó de información", explica. Pero nada de hacer copy/paste, aclara. Si bien sigue la tendencia, después llega su trabajo: depurar y adaptar a su estilo.
-¿Cuáles fueron los temas más recurrentes del invierno en Europa?
-Es un invierno práctico, más elegante. Vi hombros gigantes, babuchas exageradas...
-¿Se animará la argentina?
-Va a haber gente que se anime, pero yo no voy a hacer esas hombreras rígidas espaciales, no es lo mío. La argentina es muy elegante, conservadora, femenina; le gusta la tendencia, pero actualizada en algo que se pueda usar. Tampoco las veo con esas plataformas con tacos exagerados que se usan por Milán. Sí para una chica a los 17 años, pero no se puede caminar con eso ni andar con el cochecito por la calle.
-¿Qué otras pistas para el invierno 2010?
-Otros ítems protagónicos son el tapado, en negro, camel. Mucho short con medias y botas o con esas plataformas. Sigue el blazer, entallado o cruzado más suelto. Los vestidos vuelven con todo, la blusa de seda, las calzas... Y después de haber visto mucha moda en el Primer Mundo, el Disney de la moda, uno nota una distancia abismal respecto de la Argentina y se pregunta ¿qué puedo hacer en mi país con las telas que puedo comprar acá?" Ahora estoy trabajando con pleno invierno, con las muestras de punto, hilados, quiero hacer todo temprano para irme de vacaciones con mi familia. Esta vez más temprano.
-Un año difícil, ¿verdad?
-Sí, absolutamente. Por eso hay que trabajar con mucha más cautela que el año último, medir los gastos. Pensar bien la colección, hacer cosas muy acotadas y andar con pie de plomo. Fue un año difícil para la importación de géneros. Y en la industria nacional no existe variedad, mis proveedores venden cada vez menos. Por ejemplo, este hilado no es de acá. Tampoco los paños, las sedas naturales, los algodones de remeras. Entonces, ¿qué uso? ¿Cómo me diferencio? No puedo bajar la calidad. Lo mío es neto, austero, y lo que se ve es la calidad. Y no pienso abandonarla, porque si tengo que hacerlo renuncio.
-¿Cómo se vive la crisis en la Avenida Alvear?
-Yo había abierto el local en medio del auge de público, rebalsaba de turistas, reconozco. Una época maravillosa, un espaldarazo para mi marca, ubicada junto al hotel Alvear. Hubo dos veranos fuertes. Pero en el de 2008 las cosas empezaron a cambiar. Y con la inflación, los plantones de aviones y la gripe A todo fue un portazo en la cara. Ya en octubre repuntó un poco. Pero me quedé con un poco de miedo.
-Además de diseñar, ¿tenés que ser una buena empresaria?
-En el exterior el diseñador se ocupa del diseño. Acá tiene que hacer magia con la materia prima, con la empresa... Además, mi negocio es chico. Somos pocos. No tengo gerentes. Es todo muy artesanal. Hay dos vendedores, un contador, una diseñadora y yo. Hay que ir viendo todo sobre la marcha. Uno nunca sabe con qué se encuentra al día siguiente.
-Pero salís adelante. ¿Qué te elogian tus clientas?
-La calidad. Mis clientas me dicen tengo cosas tuyas de hace 20 años. El tema de la coherencia, como incorporo la tendencia, traducida a lo de uno. Porque es un arte elegir dentro de lo que se vio para que sea actual, cómodo, femenino y usable.
-¿Cuáles son las cosas que más piden?
-Los tejidos, sigo fiel a eso, me dan satisfacción. No me disperso. Es parte de lo que yo usaría. Eso es lo que más se vende. La gente lo pesca. Son esas prendas con las que se puede salir por la mañana, agregarle un collar y estar bien para la noche. Otra cosa que me gusta es asesorar a la gente. Odio la ropa apretada, es poco sexy porque engorda y es ordinario. En París no andan apretadas, sí las rusas, que andan todas estilo Versace. Se tiran todo encima.
-¿Hacés a medida?
-Sí. Vestidos de novia, madrinas y equipos de ropa para embarazadas, con todo lo necesario.
-Esta temporada no hiciste el habitual desfile del Alvear
-Por la misma razón que contaba, la situación de la crisis, opté por continuar con el lookbook de la colección, que tiene muy buena aceptación.
-¿Cuáles serían tus hits de este verano?
-Los enterizos, los tapados livianos, los vestidos de noche. He vendido casi todo, tejidos, blazers. Y los pantalones, mi gran fuerte. Soy loca por los pantalones. Me dieron curiosidad los de tiro largo. Los propuse con audacia. Y hoy considero que son para todo el mundo. Mis clientas lo aceptaron. Es elegante.

