J. Helguera y S. Acuña Occidentalizamos Oriente
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Cumplieron los 15. Sol Acuña y Josefina Helguera, amigas de toda la vida, vuelven a festejarlos, esta vez, con Rapsodia, la marca de la que son dueñas y creadoras. Reciben en su fábrica de la zona norte: un edificio donde el color y el mix de texturas aparecen en paredes enteladas, almohadones y mucho de lo que se ve. Anfitrionas de lujo, a la mesa no le falta nada. Hay tetera, jugos y cosas ricas para compartir durante la charla en la que las chicas hacen un repaso y explican, casi con sorpresa, cómo lograron crear este pequeño gigante que ya tiene vuelo propio. De algo están convencidas: Rapsodia es un sueño hecho realidad.
–¡Qué lindo haber hecho realidad un sueño!
Josefina Helguera: –Te digo porque tenemos pruebas. Es muy gracioso. En el businnes plan del proyecto original dejamos asentados que queríamos un negocio que se pareciera a una casa bohemia, con muebles, probadores amplios y ropa colorida y rica en texturas.
Sol Acuña: –Cuando arrancamos esto no existía. Era el shopping y la moda minimalista, con todo en blanco y negro, al mejor estilo Calvin Klein.
–¿Cómo siguieron?
S.A.: –Hicimos un relevamiento por todas las embajadas, indagamos sobre su industria textil y vimos referencias en libros. La que más nos cerró fue la de India. Nos mostraron el color, las sedas y las texturas que teníamos en la cabeza. Además. nosotras traíamos una influencia musical de los Stones y los Beatles que siempre vestían trajes fabulosos de ahí.
J.H.: –Salimos de la embajada sabiendo que nos íbamos a Bombay. Pero no conocíamos a nadie. Contactamos a un chico por Internet y nos mandamos. Llegamos y, como habíamos acordado, nos estaba esperando en el aeropuerto. Nos presentó proveedores, hicimos los pedidos (que eran mínimos), dimos los adelantos con el dinero que llevábamos de acá y nos sentamos a esperar. Fue como un destino.
–¿Era la primera vez que iban a la India?
J.H.: –Llegamos juntas por primera vez. ¡Y fue muuuy fuerte enfrentarnos con tanta pobreza. No parábamos de llorar!
S.A.: –Pensábamos: ¿Nosotras queremos hacer un negocio acá? Démosles la plata a estos chicos y chau. Lo superamos y al mes estábamos de vuelta porque habíamos vendimos lo calculado para el semestre.
J.H.: –Cuando llegó el primer pedido pensamos que la caja podía venir llena de papel de diario, pero no. La abrimos y dijimos: ¡Qué lindo! Desde entonces, siempre fue igual. Llegan los pedidos y seguimos diciendo: ¡Qué lindo! (lo cuentan juntas).
–¿Cuál fue la primera casa de Rapsodia?
J.H.: –Abrimos en Las Cañitas y atendíamos hasta las 3 de la mañana. El barrio estaba en pleno boom gastronómico y fuimos la primera tienda. Convidábamos a las clientas con vinito y queso. Esto predisponía muy bien.
S.A.: –Realmente inauguramos un concepto nuevo de local.
–¿Compraban productos terminados?
S.A.: –Siempre diseñamos acá y buscamos proveedores afuera. Occidentalizamos Oriente.
J.H.: –La gente cree que compramos la ropa en un gran bazar de la India y no. Desde el comienzo hubo diseño. Elegimos las telas, los prints, las tinturas, los forros, cada botón. En todos los detalles de la ropa hay amor. Los viajes allí nos dieron sólo la inspiración para los bordados, las lentejuelas, las sedas y el color. Hoy tenemos talleres propios y externos. Fabricamos acá, en Brasil, Uruguay, China y Perú.
–En los últimos años se expandieron mucho...
J.H.: –Estamos en México, Brasil Colombia, Uruguay, Chile y Venezuela, además de la Argentina. En los últimos cinco años crecimos muchísimo. La colección es súper amplia, tenemos 900 modelos y 900.000 prendas por temporada. La propuesta es la misma en todos los países.
S.A.: –Realmente, adaptamos muy poco, el calce de algún jeans para México y los talles. Acá se vende más el small y en México o Brasil el large.
–¿Cuál es la clave del éxito?
S.A.: –Rapsodia no tiene que ver con algo de moda, sino con un espíritu bohemio. La túnica de la primera temporada la seguís usando y cada vez te gusta más. Tomamos de la tendencia lo que sirve para nuestro estilo. Hoy la moda es más elegante y menos folk.
J.H.: –Por eso, los bordados son más brillosos y los desgastados de antes hoy se vuelven satinados. Pero yo creo que la clave es hacer lo que te apasiona.
–¿El cable a tierra?
J.H.: –Lo mío es la meditación. Surgió porque en un momento me estresé y descubrí que en vez de tomar medicamentos podía manejar mi energía para ponerme en eje. Lo adopté como estilo de vida.
S.A.: –Hoy mi cable a tierra es mi bebe. La vida me cacheteó con la pérdida de una hija (entre la primera y éste) y ahora me devolvió la luz.
–¿Proyectos?
J.H.: –El crecimiento afuera. En Argentina estamos muy restringidas. ¡No sabés lo que es nuestra colección en Chile!
S.A.: –Acá no podemos darle a la clienta argentina lo mejor que tenemos. Lamentablemente, la expresión máxima de Rapsodia hoy está afuera

