Javier Estebecorena: “Tu look tiene que decir quién sos”

Hermanos Estebecorena, la marca masculina que siempre es coherente con su discurso, acaba de lanzar su venta online. Su estilo, sus comienzos, su mirada sobre el hombre actual
Catalina Lanús
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11 de junio de 2015  

No hay moda. Hay ropa masculina con diseño moderno (no modernoso), ponible, simple, pensada. Un local de ensueño, masculinísimo, en el que hace años despachaban pan caliente, que mantiene sus muebles de madera originales. Hoy cuelga una propuesta deliciosamente sencilla como aquel pan. Al pan-pan y a la ropa masculina-ropa masculina. Atiende una vendedora cool, cero metida, que se esconde detrás de un biombo y deja a la clientela de la casa probarse a piacere. Recibe Javier (45 años, diseñador de indumentaria), hermano de Alejo (43, diseñador industrial), que acaba de ser papá y se quedó en casa con su crío. Son los Hermanos Estebecorena, creadores del sello HE, un clásico autoral argentino. Hace un tiempo, la revista iD los catalogo en una nota como uno de los top 50 próximos diseñadores mundiales. "Mi padre era industrial y mamá, maestra de inglés. Ellos nos inculcaron –sin querer– el diseño en la vida. Mi vieja nos hacía hacer manualidades, compraba revistas alemanas... Nos hacía hacer, por ejemplo, los adornos de Navidad. Lo recuerdo como algo muy gratificante", cuenta Javier. HE, el sello de ropa, es un desprendimiento de su estudio de diseño industrial. "Hacemos kitchenwear, la línea de cacerolas para Essen aluminio. Todo es parte del negocio. Nosotros elegimos hacer una marca que fuera exactamente lo que nosotros queríamos. Podría decir que HE es un merchandising de nuestro estudio de diseño", se ríe. Venden en Bird, en Nueva York, y en locales de diseño de autor en el interior. Esta semana sacan su sitio de shop-online. Todo, en series limitadas.

–Vine hace muchos años a la inauguración de este local, la moda estaba en ebullición...

–Cuando nosotros salimos de la universidad, hace más de 20 años, había una gran necesidad de expresión, de poner en práctica lo que habíamos aprendido. Fue una generación muy emprendedorista, mucha gente salía a jugársela. En líneas generales, en las siguientes generaciones hubo una cosa más hedonista, ver enseguida cuál era el resultado del esfuerzo. Antes había una cosa de más de hacer y ver lo que pasa con lo que hice.

–Y en la generación de ustedes lo que había no tenía tanta etiqueta.

–No se puede decir que no había diseño. Sí es verdad que había algo muy sesgado, muy difícil de discriminar. Me acuerdo que cuando empecé a estudiar Diseño de Indumentaria la gente no sabía de qué se trataba. Se creían que era un tipo rodeado de musas en París. Después de 2000 aparece una identidad más clara. En ese momento el país estaba en llamas. Nosotros abrimos en 2001 y trabajamos todo el año para llegar a Navidad, la gran venta anual. Y se fue todo a la m... Hicimos una vidriera que tenía un ploteado de vinilo en el que caían misiles y bombas, las bolitas y los pinos de Navidad estaban deformados por la velocidad de los misiles. No entró nadie. Nadie.

–La peor etapa.

–Sí. Con esto te doy un ejemplo de la generación a la que pertenecemos, todo era muy árido, no había nada y nosotros buscamos proponer de una manera más desprendida.

–¿Cómo es HE?

–Tiene una mezcla muy atemporal, tiene que ver con la funcionalidad del producto. Buscamos que sea cómodo, práctico, pero claramente tiene una cosa fuerte vinculada con la imagen. Entra la gente con ropa que compró hace cinco años y está perfecta, pero no sólo porque no se le rompió, sino porque el tipo está rebien vestido, no se puso antiguo.

–¿Diferencias entre el hombre y la mujer al comprar ropa?

–La mujer busca una cosa más efímera, el look que más la identifique y la ponga en valor. Yo creo que el hombre busca eso, pero el desafío más grande que hoy enfrenta con su imagen es tener una identidad acorde con sus intereses. Hace 50 años el hombre salía con traje y sabía que estaba bien. Por ahí parecía más un bancario que una estrella de rock, pero estaban bien. El traje era un acuerdo social para no tener que pensar en eso.

–Y hoy, que ya no está en el tablero como un mandato supremo, es más difícil vestirse.

–Claro. Sobre todo, más allá de los errores de consigna como usar jeans con zapatos o no, acuerdos que van cambiando en el tiempo; es muy difícil para el hombre común encontrar un look que muestre quién es y no lo deje fuera de lugar.

–¿Cómo lo encuentra?

–Prueba y error. Los hombres van buscando una sumatoria de elementos con los que se sienten cómodos, y con esa sumatoria arman un vestuario.

–Las nuevas generaciones se animan más, son más libres.

–Sí, está cambiando mucho. Hubo una moda muy fuerte del personaje muy puntilloso, muy slim, más femenino. Creo que está bueno poder seguir viendo lo masculino y lo femenino, hay un encanto en todo eso. Está bueno que el hombre se cuide más y tenga un control más claro de cuál es su imagen y qué es lo que proyecta. Me gusta el hombre que tiene una pasión por hacer, no el que se mira en el espejo, va a la manicura y se pone cremas.

–¿Se viste bien el argentino?

–Me encantan los viejos de traje. Tienen el punto justo de elegancia sin pasar a una cosa narcisista. Mi abuelo se lustraba los zapatos, se levantaba y se ponía camisa y corbata, y se ponía a tomar café con leche. Lo fundamental es encontrar una conexión entre quién es uno y cómo te ves. Cuando el discurso entra en cortocircuito no estás bien. Cuando te vestís y querés ser más joven de lo que sos, la gente se da cuenta, lo percibe y no te cree.

–Hoy están todos con la onda oso barbudo, de los lumber sexuals

–Sí (risas). Hay tipos que parece que tienen un suéter en la cara. Es lo de siempre: está llevando el look de alguien que no es. ¡Hay mucha gente que le queda muy bien! Al que le queda mal, por favor, que alguien se lo diga.

OBJETO QUERIDO. "Un gran producto. La cajita de calzoncillos que hace de la técnica la estética. Es un clásico que tiene fans por todo el mundo. El 99% de los boxers que se venden tiene a un tipo con una tabla de planchar y están más dotados que la media. Un objeto que se vende por sus cualidades intrínsecas. Con detalles técnicos. Cuesta $ 225", asegura.

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