Josefina Laurent: “La moda está llena de incoherencias”

Viste a las modelos, elige la ropa y arma códigos estéticos que se ven en las mejores gráficas de moda. Número uno, dueña de un estilo personal y gran generadora de deseos
Catalina Lanús
(0)
23 de julio de 2015  

Maestra de maestras, Josefina Laurent es de esos nombres que pesan puertas adentro de la moda. Jose ha sido por años reina y señora de los backstages de los mejores desfiles, de las grandes campañas publicitarias y de las producciones más refinadas de la industria editorial. Maneja como pocas el arte de crear estilismos y presentar un producto para generar lo que esta gran industria busca: deseo.

Josefina vende sueños. Hace que la ropa tenga estilo. Empezó en la revista Claudia (Editorial Abril) en 1980. Estudió Letras, pero un día se dio cuenta de que lo suyo no era escribir. "No daba pie con bola. No porque hayas estudiado Letras sabés escribir bien. Podés ser una buena lectora, pero no una buena redactora", dice. Y cambió. Se fue al mundo del detrás de escena y se convirtió en sus más de 35 años de carrera en una de las mejores. Hoy tiene su escuela de producción, Laboratorio de Moda, donde recibe estudiantes de Colombia, Perú... "La Argentina es referente en América latina en moda", asegura.

–Hiciste un carrerón.

–En la nacion, que es mi casa, entré hace varios años. No sé si me conviene decir cuántos, porque en la moda todo lo que es nuevo sirve. Y lo que tiene más de diez... (se ríe). Una vez, un diseñador me dijo que quería festejar sus diez años en la moda. Y yo le dije: ¿Te parece?

–Sos una gran institución.

–Hay que luchar contra eso. Hay que estar aggiornado y vigente.

–¿Cómo lo hacés?

–En primer lugar, siempre desconfío de lo que me gustaba hace seis meses. Desconfío porque si me quedo en eso no avanzo. Tengo que hacer todo el tiempo zapping con mis códigos estéticos.

–Hablame de tus trabajos.

–Desde hace diez años creo la imagen de vía pública Cannon. Ahí puedo estar todo el día jugando con una misma imagen. Trabajé en desfiles para marcas, desfiles únicos, armados en un lugar especial con una escenografía muy pensada. Hoy, con las semanas de moda, está todo más centralizado, accesible y simple para la marca y para la gente. No está mal. También hay propuestas como las de Chanel que te arma un gran supermercado o un casino con una colección. Pero acá no dan los números. Hubo en los 90 una gran movida. Me acuerdo de una presentación de una marca de jeans en la playa de estacionamiento del hipódromo y llegó un helicóptero que aterrizaba y bajaban los modelos. Un delirio. Fue en plena era de las supermodelos, venían todas acá. Me acuerdo del desfile de las escalinatas de la Facultad de Derecho, con Naomi Campbell, ediciones maravillosas.

–¿Cómo ves el diseño?

–Muy inspirador. Hay muchos talentos. Acá nos falta el soporte textil-industrial. Tiene que ver con infraestructura, con la economía. Al diseñador le cuesta mucho comercializar su ropa. Me gustan Pablo (Ramírez), Fabián (Zitta), quiero mucho a Benito (Fernández), le tengo un especial afecto; Martín (Churba) y su desarrollo textil me parecen muy interesantes, su derivación social es maravillosa. Y Jessica Trosman, con JT, tiene una propuesta diferenciada. Acá son difíciles los costos, las telas, la comunicación de la moda.

–¿Cómo nos vestimos?

–Cada día nos animamos a más. En América latina somos referentes de un estilo que pasa por estar fáciles, cancheras y bien. Naturales sin tanto maquillaje. Un buen confort style.

–Tu código personal es relajado.

–Soy simple. Tengo pocas opciones de color, pero me encanta la moda. Los sábados a la tarde me meto en el shopping, miro las vidrieras. Me paso horas adentro de un local probándome ropa que no compro. Es un deporte. Esta actividad no la podés hacer si no tenés esa pasión. Mi trabajo tiene dos direcciones, una hacia las modelos buscando crear buenas estéticas. Y la otra volcada hacia mí, es un sabio egoísmo.

–Construir un estilo.

–Sí, pensar y construirte un look adecuado, placentero. La ropa es lo primero que comunica quién sos. Me gustan marcas de afuera como Uniqlo, J. Crew, fáciles y agradables. Me encanta entrar al local de Chanel y mirar las piedras preciosas que tienen esas colecciones. No soy gastadora, sí muy racional, pienso cuándo me lo voy a poner.

–¿La argentina compra bien?

–Lamentablemente es muy marquera. La marca se impone: los María Cher, los Jazmín Chebar, generan deseo y es lógico. Pero no sé si todo el mundo tiene el filtro de la marca. Por más que te compres en buenas marcas no necesariamente estás bien vestida o bien lookeada.

–En tu mirada está ese filtro.

–Sí, me divierte el diagnóstico de moda, sentarme en un bar y ver cómo se viste la gente. Me pregunto por qué alguien se puso un determinado par de zapatos, qué significa estar muy desabrigada aunque haga mucho frío. La moda está llena de incoherencias o te lleva a hacerlas, ponerte una prenda un talle menos o dos talles más... Me encanta el diagnóstico. Ver si están adecuados o no. La moda no es sólo el virtuosismo de vestirte. Tiene que estar en concordancia con la circunstancia. Tiene que ser pensante. Las pasarelas están para ese lujo, la ficción. Tu realidad tiene que estar reflejada en tu vestuario.

–¿Creés que la moda cambia cada seis meses?

–Sí, cambia todo el tiempo. Es tirana. Es divertido que sea así. Acá cambia menos rápido porque no tenemos los recursos económicos. Acá podés aggiornar cosas, tomar un tapado y ponerle un par de zapatillas. Es lindo seguirle el tren y convivir en el día a día con un buen diseño.

–¿Cómo te refrescás?

–Viajando. Me gustan los destinos exóticos. ¡Me encanta no entender lo que dicen! ¡Me encanta tener miedo en algunos lugares y no saber qué va a pasar! Me gusta desafiar esas puertas, es ahí donde uno comprende más su situación en el mundo, que es simple, una gotita en un océano. Me gusta salir de la zona de confort. Ir a un lugar donde nadie te reconoce ni sabe quién sos ni de dónde venís. Mi mayor placer en la vida es ese: viajar. Espero que Claudio, mi marido, me acompañe siempre. ¡Es un flash!

OBJETO QUERIDO: "Mis anteojos". "Casi me ducho con ellos. Tengo presbicia, astigmatismo, todo lo que te imagines. ¡Nací con los anteojos puestos! Cuando salgo busco este accesorio más que otra cosa. Creo que la gente mira mis anteojos antes que a mí. Tengo un par lindo, moderno, los aggiorno todos los años. He convertido un marco de sol en uno de receta. Me divierten"

ADEMÁS

MÁS LEÍDAS DE Moda y belleza

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.