Juan Hernández Daels: "En París estás a los codazos"

Es argentino y diseñador, se formó en Amberes y luego se radicó en París. Hoy vuelve al país, donde vende su marca Fauna, que también exporta al mundo. Una historia llena de buen diseño
Es argentino y diseñador, se formó en Amberes y luego se radicó en París. Hoy vuelve al país, donde vende su marca Fauna, que también exporta al mundo. Una historia llena de buen diseño
Carolina Prioglio
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28 de marzo de 2013  

Juan Hernández Daels es argentino, diseñador de indumentaria y tiene 34 años. Su nombre empieza a sonar de a poco en el panorama de la moda local, pero en el horizonte de la moda europea, y hasta en la de Medio Oriente, se escucha hace rato.

Catorce años atrás emprendió un viaje que recién lo trajo de vuelta a la Argentina hace seis meses. Luego de formarse en diseño industrial en el Instituto ORT, Juan se instaló en California, donde vivió algunos años. Allí fue que desarrolló un interés particular por la fotografía y la ropa, hasta tal punto que tomó la decisión de ponerse nuevamente en el rol de alumno para estudiar diseño de indumentaria, nada menos que en la Academia Real de Bellas Artes de Amberes, conocida por haber adiestrado talentos como Martin Margiela, Ann Demeulemeester, Dries Van Noten, Bernhard Willhelm, Kris Van Assche, Haider Ackermann y Walter Van Beirendonck.

Se especializó en sastrería femenina, pasantías mediante con Raf Simons y Dries Van Noten, y al graduarse fundó la marca que lleva su nombre. Se estableció en París, comenzó a presentar sus colecciones en el marco de la semana de la moda, y pronto le ofrecieron un trabajo en diseño para la reina de Qatar. Se sucedieron varios años más en los que Juan vivió volando en triángulo entre Francia, Medio Oriente e Italia, mientras veía crecer su marca en el mercado más competitivo de todos. No contento, se embarcó hace dos temporadas en un tercer proyecto con Paula Selby Avellaneda, colega, amiga y ex compañera en Amberes. Juntos fundaron Fauna, una etiqueta de prêt-à-couture que vende en varias ciudades del mundo (Taipei, Hong Kong, Kuwait, París, Londres, Nueva York y Los Ángeles), y acá en Buenos Aires en la tienda Panorama, cuyos percheros exponen, también, a otros creadores noveles. "La idea es que todos podamos crecer en la Argentina y seguir posicionándonos desde acá en el mundo. Me parece que hacen falta espacios como éste, donde se muestre el trabajo de los jóvenes diseñadores", apunta.

-¿Qué oportunidades te da estudiar en una escuela de renombre?

- Te da oportunidades en el exterior, sobre todo, porque escuelas como ésta tienen mucho contacto con casas de moda importantes. La mayoría busca nuevos diseñadores en ellas. De hecho, al show de graduación anual viene mucha prensa y gente de marcas.

-¿Y qué es lo que hace a la Academia Real de Amberes un hervidero de talentos?

-Hay mucha libertad en la enseñanza y en el aprendizaje. Vos tenés que llegar a una prenda o a una colección de la manera que se te ocurra: dibujando, pintando o armando figurines con cinta scotch. No importa tanto el medio, sino el resultado.

-¿Vos qué hiciste después de egresar?

-Me quedé dos años ahí y desarrollé mi marca. Después me establecí en París, y en ese ínterin vino alguien de Qatar a ofrecerme trabajar para la reina de ese país. Acepté y trabajé en paralelo allá durante tres años. Hacía un triángulo entre París, Qatar y Milán, que es una muy buena ciudad para producir y está muy abierta al nuevo diseño.

-¿Y qué era lo que hacías en Qatar?

-Trabajaba en un proyecto de educación y desarrollo. En Qatar están desarrollando una ciudad de moda y diseño. Con tres personas armamos un grupo de nombre Qatar Luxury Group, que lo que hacía era agarrar egresados de universidades y emplearlos en el grupo, para instruirlos en el segmento del lujo y crear un diseño de Qatar para el mundo. Teníamos un sector de marroquinería, uno de sastrería, uno de ropa de alta gama para mujer. Y la producción estaba destinada a tiendas que el grupo tiene planificado abrir a partir de ahora en todo el mundo.

-¿Cómo fue la experiencia en firmas como la de Raf Simons y en Dries Van Noten?

-En realidad fueron dos pasantías que hice mientras estudiaba. Van Noten es mentor de la Universidad, así que todos los años se lleva a alumnos para trabajar durante un tiempo con él.

-¿Sirven ese tipo de pasantías?

-Sí, mucho. Aprendés y conocés gente. En el caso de Van Noten tenía contacto directo con él. Es una persona muy curiosa de los estudiantes de la academia, y te introduce en la parte del diseño en su marca. Con Raf no tanto. Me sirvió más para aprender sobre la organización de una empresa de moda.

-¿Cuán difícil es establecer una marca en París?

-Muy difícil, porque todo el mundo quiere mostrarse desde París. Es supercompetitivo y estás a los codazos. Por suerte, tengo una agente de ventas muy buena: se llama Florence Deschamps y es una señora de 75 años que descubrió a Lacroix y llevó a Comme des Garçons desde Japón. Cada seis meses presentamos colección en el marco de la semana de la moda.

-¿Por qué volviste a Buenos Aires?

-Porque me fui hace catorce años y tenía ganas de volver a establecerme acá.

-¿En qué te especializás con tu marca?

-Principalmente hago sastrería de estilo y corte fuera de lo convencional: tomo cortes de sastrería masculina y los aplico a la de mujer. En general todo es bastante sobrio, salvo en algunos casos que uso estampados que surgen de fotos de videos y pantallas -las ondas de la televisión o fotos de películas-, y mando a imprimir en telas. También está Fauna, la línea que hago con Paula Selby Avellaneda. En este momento estoy muy metido con ese proyecto porque me divierte trabajar con alguien. Al final, el producto es mucho más rico.

-¿Venden acá o en el exterior?

-Acá en la tienda Panorama que abrimos con Paula y nuestra socia María Lee, y afuera en ocho ciudades.

-¿Y cómo es el mercado en el exterior para nuevos diseñadores?

-Muy bueno si uno está dispuesto y preparado para cumplir con la demanda. Te dan una oportunidad. Pero si salís a vender y no cumplís con la fecha de entrega, te hacen la crucen y no te vienen a visitar nunca más. No existe el se enfermó mi abuela .

Sello personal

Juan busca ponerle su impronta a todo lo que hace; en esta foto, una colección de sus sellos, que lo acompañan en cada uno de sus viajes. "Me gustan por lo analógico, yo creo mis propias tarjetas y etiquetas", cuenta.

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