Julián de Gainza: "Empecé apuntando bien alto"

Flaco, moderno, con cara rara y la mejor sonrisa del mundo. Así es este modelo de 20 años que hoy está trabajando a full en Europa; desfiló para Prada, Jil Sander, Burberry y va por todo
Carolina Pierro
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13 de junio de 2013  

La novedad en las pasarelas internacionales es un argentino de 20 años, extrovertido, inteligente y con mucha determinación. Se llama Julián de Gainza y de él se sabe poco, casi nada, pero el chico juega en las grandes ligas de la moda.

—Te busqué en Google y encontré que estudiaste Arquitectura.

—Sí. Estudiaba, pero mandaron unas fotos mías a Bananas, la agencia que me representa en París, y me preguntaron si quería ir para Europa. Claro que dije que sí. Pasé Año Nuevo en lo de un tío en París y el 2 de enero ya estaba haciendo castings.

—¿Fue inesperado?

—Si, y además no sabía si iba a trabajar o no. Hay muchos chicos de todo el mundo.

—¿Por qué te eligieron a vos?

—La verdad, no sé. Me tenía mucha fe. ¿Viste que cuando pensás mucho en positivo lo positivo viene a vos? Transmití eso. Además influyen muchos factores, como la relación con los diseñadores. Si les caés mal, olvidate. Es mucho más sentimental de lo que te podés imaginar.

—¿Cómo fue el primer día?

—Fui a la agencia sin conocer a nadie. De repente era Julian (en inglés). Me dieron papeles para firmar, un mapa del metro y la noticia: Hoy tenés diez castings. Me perdí y llegué a todos tarde. Después de tres días así me fui a Milán, a más entrevistas. Estaba la posibilidad de desfilar para una marca increíble, pero me dijeron que no porque consideraban que tenía cara de nene. Igual me llamaron para Prada, Jil Sandler, Burberry…

—Empezaste desde arriba.

—Apuntando bien alto. Nunca menos.

—¿Cómo es el back?

—Vas tres horas antes, comés algo, charlás, te tienen que hacer mil cosas: maquillaje, manos, pelo, todo tiene que estar perfecto. Incluso en la fila antes de salir al desfile tenés a veinte personas mirando que cada detalle esté increíble, fotógrafos por todos lados. Es divertidísimo.

—¿Cómo hacés para no reírte mientras desfilás?

—Eso me preocupaba mucho, porque siempre estoy sonriendo. Tengo una sonrisa enorme y tenía miedo de salir a la pasarela y reírme. Pero me mentalicé y listo. Mentalizarse es todo. Igual me pasó que en un desfile de Kris Van Assche en París—el diseñador de Dior que tiene su marca propia— estaba por salir, ya había empezado el desfile y vino un estilista a tirarme spray, y en vez de apuntar al pelo me lo tiró en los ojos. Salí medio ciego, pero por suerte no me caí. Si no te hubieras enterado por alguna nota titulada: Modelo argentino se cae en… (risas).

—¿A qué apuntás?

—No te lo voy a decir porque si lo digo antes de que suceda lo voy a quemar. Tengo ganas de buscarle otra veta, y quizás en unos cuantos años me veas en la pantalla grande, no lo sé... Pero esto te abre tantas puertas que no se dónde puedo terminar, no tengo idea.

—Venís de la arquitectura y de una familia de músicos.

—La arquitectura me sirvió mucho en el nivel estético. Me dio una noción muy grande. Es que está en todos lados, en todo lo que vez, todo lo que tenga una estructura, incluso el cuerpo humano. Creo que me ayuda para la vida.

—¿Te ayudó tener una relación interesante con los diseñadores?

—Puede ser, aunque no intento caerles bien, simplemente soy yo. Si querés caerle bien a alguien no sé si lo vas a lograr.

—Alguien me comentó que ajustaste un poco tu estilo.

—Me asesoraron. Al principio iba a los castings así nomás, en jogging, buzo y zapatillas. ¡Imagínate! (Risas.) Agarré los castings igual, pero después de los shows un amigo me asesoró y me llevó a comprarme un par de cosas buenas.

—¿Cuáles son las piezas clave?

—Una campera de cuero con algún toque de diseño que la destaque, unas botas, zapatos buenos, jeans con buen corte. Están tan pendientes que hay que cuidarse, y además cuando trabajás de esto afinás mucho el ojo.

—¿Qué más traés así como intrínseco? Supongo que por tu familia de músicos tenés un ritmo interno importante.

—Me crié en un ambiente de música y lo tengo internalizado. La música te da un ritmo para caminar. Igual tuve que practicar cómo caminar. En cuanto a las fotos, con el tiempo fui tomando confianza y me empecé a sentir seguro y cómodo.

—¿Qué sentís que te aporta este nuevo trabajo?

—Conocer gente de todo el mundo, diferentes culturas, viajar. Estuve en China por trabajo hace poco, recorrí todo lo que pude: la muralla, fui a la Ciudad Perdida también. Además desfilé para Prada en Milán, eso fue importante.

—¿Te imaginabas todo esto?

—Estaba esperando a que me pase. Sabía que tenía que ser algo con mi imagen, sin saber bien qué. Apuntaba alto, la puerta grande, siempre.

—En cuatro meses se te dio vuelta la vida.

—Por completo. Fue inesperado, pero por suerte no me cuesta asimilarlo.

ABUELO QUERIDO

Es una foto de mi abuelo y la elegí porque es algo de mi historia, de mi vida, y aunque no lo conocí me sentí identificado. No lo pensé, lo sentí. Está en mi sangre y quería hacerle un pequeño homenaje

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