Julián Verdier y Lucía Corrías: “La ropa no es para una temporada”
De talleristas a diseñadores. Atelier B. A., una firma de ropa atemporal, de líneas simples, que propone prendas a precios accesibles “en un mercado atomizado y condicionado por intermediarios”
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Berni Antonio no es Buenos Aires, claramente; pero puede prestarse a confusión. Es que Atelier B. A., la marca que saltó a escena por asociarse al diseñador Pablo Ramírez, debe su nombre a que su showroom está, desde hace 18 años, en Lezica y Rawson, donde funcionaba el atelier de uno de los más grandes artistas plásticos argentinos. Sin embargo, también podría aludir a esta ciudad. Julián Verdier, director de la firma, y Lucía Corrías, su directora de producto, cuentan que no sólo reconocen ese espacio artístico sino que también quieren mantener su origen de taller de costura de Buenos Aires. De talleristas a diseñadores, hablan de su firma.
–Un nombre con mucho peso.
Julián Verdier: –Sí, fuerte, no sólo por donde estamos instalados sino a lo que remite. También se debe a que queremos mantener un poco nuestro origen de taller de Buenos Aires; para no olvidarnos nunca de que empezamos siendo un taller y que siempre vamos a seguir siendo un taller, por más que en algún momento nos veamos forzados a tercerizar algún producto o proceso. Esa es nuestra diferencia con el resto de las firmas del mercado; no necesitamos hacer seguimiento de producto ni auditoría porque nosotros lo hacemos directamente.
–Son contados los que pueden dar fe de su proceso de trabajo.
J. V.: –No conozco a ninguno.
–Ustedes hacen de principio a fin…
J. V.: –Hacemos corte, confección y terminación de principio a fin. Y tercerizamos, lavadero y algo de bordado. En Almagro tenemos la administración, la parte comercial, planeamiento de producción, producto y depósito. Y contamos con una fábrica en Cañuelas.
–¿Siguen trabajando para terceros?
J. V.: –Seguimos con volúmenes más grandes, aunque en comparación con el histórico son chicos, por la situación económica y por la tendencia de hacer menos volumen y más variedad. Estamos haciendo el doble de producto con la mitad de volumen, lo cual tiene su costo.

–¿Qué ofrecen?
J. V.: –Sastrería, camisería, pero nos especializamos en no especializarnos. Nuestro fuerte es definir una línea y con una misma tela, como mecano o crepé, hacemos saco, pantalón, falda y vestido. Las marcas nos valoran por este tipo de trabajo. Para terceros, cortamos, confeccionamos en talleres externos y hacemos terminaciones en nuestro taller; para nuestra marca hacemos corte, confección y terminación en nuestra planta de Cañuelas.
–Desde hace tiempo.
J. V.: –Sí, la nuestra es una empresa familiar desde hace 30 años. Mi familia siempre estuvo relacionada con la ropa, ya sea por lo comercial o lo industrial. A fines de los 70, mis viejos ya se dedicaban a fabricar para vender en boutiques. Hasta los 80 lo hicieron con una marca propia y cuando arrancaron los shoppings surgió la posibilidad de fabricar para marcas, como Paula Cahen d’ Anvers, entre muchas otras. Unos años después, me sumé a Fashion Trends, el nombre de la empresa.
–¿Los volúmenes son chicos porque el mercado está deprimido?
J. V.: –Sí, se vende poca ropa. Las marcas buscan tener mayor cantidad de artículos y menor volumen de cada artículo, para que haya más rotación de prendas y genere más venta.
–¿Por qué la ropa es tan cara?
J. V.: –El sector de indumentaria está muy atomizado, no sólo en Argentina sino a nivel mundial; y está compuesto mayormente por pymes que cuentan con una mano de obra intensiva, soportan una carga impositiva altísima, enfrentan una intermediación bancaria que resta rentabilidad, los costos de los shoppings son fuertes y las condiciones económicas de hoy no son muy favorables.

–¿Qué hacen?
Lucía Corrías: –Creamos a partir de molderías básicas, pero modernas, ponibles, que se entiendan, de buena confección y buena tela, para que perduren y puedan ser usadas durante varias temporadas. Y su confección es nuestro fuerte; es prolija, cuidada, hecha para usar y durar.
–Minimalista y neutra.
L. C.: –Sí, no nos gustan las estampas. Es que si esta temporada se vuelven a usar las flores, y la pasada se usaron los animales gigantes y te compraste una prenda con tigre enorme la descartás este verano… Como pretendemos que nuestra ropa dure en un placard, optamos por no trabajar mucha estampa. Sí hacemos rayas porque se usan siempre, un animal print podría continuar, pero preferimos algo más net. Trabajamos en seda, lino y algodón en esta temporada. Pero más allá de la tela es su uso y aprovechamiento lo que nos importa, para que de alguna manera sea un trabajo sustentable.
–¿Cómo es eso?
J. V.: –Lo que hacemos en la fábrica es aprovechar ese 20% de desperdicio de las tizadas. Se compran 100 rollos de tela y 20 se tiran. Estamos tratando de cambiar esto, mejorar los consumos y hacer prendas sobre telas que irían a la basura. Nos las rebuscamos, es decir, buscamos en los recortes o en las piezas más chicas la posibilidad de cortar y hacer otra prenda; aprovechamos al máximo una tela. Así dibujamos una línea, tratamos de generar en la misma tela cinco o cuatro artículos para que se vea la propuesta. Hay que preocuparse qué se hace con el material, además de ver si el material es orgánico, por ejemplo, y lograr una eficiencia del 100% en el corte de la tela, porque si no después para equilibrar costos se remarca para cubrirse lo que también va a irse por promo bancaria; hay que tratar de que el costo de la ropa sea más genuino para que el precio sea más real.
–¿A quiénes se dirige Atelier?
L. C.: –Es para mujeres que les den valor a las prendas por su simplicidad, por su confección, no buscan ostentar, no les interesa llamar la atención sino estar cómodas con lo que se ponen. Es de líneas rectas, con una paleta neutra sin mucho agregado o recargo, con apliques o bordados; hay marcas que compiten a ver quién le pone más y Gucci hay una sola. Preferimos lo simple y fuerte, lo atemporal; sin corte de temporada. En Argentina las estaciones son marcadas, sin embargo, un 30% de la colección siempre tiene continuidad.
–¿Accesorios?
L. C.: –También tenemos zapatos de Camelia para Atelier. Y como tenemos sobrante de avíos, como cierres o botones, nuestra intención es asociarnos a Greca, que los trabaja con resina, y hacer piezas especiales.
–¿Cómo es la alianza con Ramírez?
J. V.: –Pablo necesitaba que le fabriquen sus diseños, y descubrimos que podíamos complementarnos. Son 20 artículos, en dos líneas de sastrería entre pantalones, vestidos, faldas y sacos. Una es un poco más arreglada y la otra es más para todos los días. Confeccionamos el diseño de Pablo; desarrollamos un producto comercialmente más competitivo.

–¿Tienen precios más accesibles?
J. V.: –Estamos entrenados para bajar el costo de los productos y, por nuestro método de trabajo, el que mencionábamos de las tizadas, lo logramos. Más aún, a misma relación precio-calidad estamos un 20% más abajo que en el promedio del mercado.
_¿El objetivo de la marca?
J. V.: –La ropa no es para usarla una sola temporada y tirarla a la siguiente. Creemos en un producto que exceda lo que es la moda, la tendencia y la temporada. Es nuestra forma de ser ecologistas, crear productos con diseño, que se puedan usar dos o tres años por lo menos.

