Kelo Romero
Festival Verano Porteño
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Kelo Romero firma algunos e-mails como Modisto Insurgente Romero. ¿Kelo Romero? Con su desfile Agujas quebradas: miedo a la libertad cerró el segmento de moda del Festival Verano Porteño, en la futura Ciudad Cultural Konex (días antes, también hubo pasarelas para Hermanos Estebecorena, Cecilia Gadea y Vicki Otero).
Un nombre del diseño joven de principios de los años 90, propulsado por la II Bienal de Arte Joven, la historia de Romero (algo posterior a las de Gabriel Grippo, Gabriela Bunader, Andrés Baño, Sergio De Loof) tiene que ver con los días del protodiseño-joven-argentino, con desfiles nocturnos en discos como Ave Porco, ninguna carrera de indumentaria y más imaginación que información. En 1994 Romero se fue a Nueva York, fue poeta, pintor y volvió en septiembre.
Diseñadores, tal vez como consecuencia directa de esa época, entre el público estaban Pablo Ramírez, Rodrigo Abarquero y Mariana Dappiano, frente a un flaquísimo Romero, que bailaba en coreografía tribal sobre una grabación con su voz.
¡Oh ropa! ¡Oh mártir de la moda!, frases escritas por Romero. Y son un poco mártires las camisas, los jeans, tal vez algún mantel, que son deconstruidos para volverse jumpers de retazos de denim, un vestido recto y minimal con aplicaciones desgarradas de encaje lila (Gran cacerolazo, se llama, hecho en Nueva York). Y otra especie de patchwork: matra celeste estilo gaucho sobre una túnica verde y pantalones blancos.
Por otra vía, lienzo blanco y en algunos colores pastel para una serie de impronta afrocubana, marroquí, india: para hombres, camisas con volados, pantalones embolsados, piratas románticos. Para mujeres, faldas largas fruncidas con franjas de patchwork y algún vestido amarillo corto de talle princesa y mangas farol.
"Busco más inspirar a la gente, que cada uno haga su mezcla propia. Acá está la puerta", invita Romero.

