La alta costura, ese patrimonio francés incuestionable
A los sesenta años de Dior, un desfile inolvidable, que honra la tradición de una firma y mantiene viva su llama
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Nada tan espectacular en la moda como esta tradición que pese a todo se perpetúa y nunca deja de asombrar, los desfiles de alta costura, que en general exceden ese concepto para transformarse en puestas en escena francamente artísticas.
Lo acaba de demostrar de nuevo la firma Dior, quintaesencia del lujo francés y paradigma de este segmento de la moda, que a sesenta años del primer desfile de su creador, Christian Dior, tomó tono versallesco y con inspiración muy española rindió su espectacular homenaje a las líneas creadas por el modisto, en especial al New Look, la propuesta con que revolucionó la figura en 1947, ajustando la cintura, dándole amplitud a la falda y recuperando los hombros femeninos. Y anunciando, de paso, el advenimiento de tiempos más generosos en la moda que aquellos de escasez propios de la posguerra.
Una fiesta que se repite cada temporada y en la que cada vez se invierten millones, pese a ser la alta costura un lujo privativo de contadísimas personas: mil, dos mil clientas, a lo sumo, en general de los países árabes, conforman este segmento, que poco tiene que ver con la venta de vestidos y mucho con el sostén y promoción de los imperios de la moda, cuyas principales fuentes de ingreso se encuentran en los accesorios, cosméticos, alhajas, relojes y perfumes.
Este hecho a medida , porque así se maneja la alta costura, donde cada clienta tiene un maniquí a su medida y con su nombre, todo se realiza a mano a partir de la famosa toile y en sus ateliers convergen las obras maestras de bordadores y especialistas que mantienen y perpetúan la tradición en distintos métiers del hilo y la aguja, no puede ser, de hecho no es, otra cosa que patrimonio francés. Y no parece que ningún otro país pueda disputarle el título, por más que a diario y en todos lados, incluso por acá, se hable de alta costura equiparándola a la ropa de noche o incluso a la hecha a mano. Que obviamente tendrá sus valores en ideas y realizaciones, pero desde ya a años luz de los talleres de la costura francesa más tradicional.
Que siga entonces la fiesta, siempre placentera, y que se mantenga por siempre. Y aplausos para Galliano, el gibraltareño que así también festejó sus diez años en Dior. Vestido de torero, y olé.
cacevedo@lanacion.com.ar

