Las piezas de Homero, también en Japón
Artesanal y precisa
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Más diseño argentino en Tokio. Ahora, de la mano del joyero Homero Pereyra Inchausti, que llevó sus creaciones en acrílico, oro blanco y brillantes. Una combinación audaz y colorida, que renueva desde hace tres años en Buenos Aires, y llega a Oriente por pedido. "Un honor y un desafío. Una iniciativa que concreté gracias a una clienta de Manhattan (allí también tiene un local), que se enamoró de los diseños y quiso mostrarlos, más bien, comercializarlos, en su tierra", comenta Homero, que desde hace 40 años realiza joyería tradicional, con un llamativo mix de materiales poco convencionales. En los años 70 fue el pelo de elefante, marfil y carey (ya en desuso, obviamente; prohibido, en realidad), una década después sumó el caucho y, en la actualidad, además del cuero suma el acrílico. Todos materiales que se extendieron en el mercado, pero su mérito sigue siendo el haberlos incorporado a la joyería clásica, con éxito.
Dice que en su taller no hay horario fijo para crear. "Los 20 orfebres a mi cargo trabajan tranquilos y de buen ánimo, y esto influye en los resultados: las piezas son cuidadas, pensadas y desarrolladas con todos los detalles en la mira." Como la incorporación del caucho, la del acrílico también fue por azar. "Pero no por eso menos elaborada. Este es un material que lleva mucho trabajo, hay que buscar la forma y aplicar las texturas para el encastre adecuado", comenta. El colorido y el volumen son sus principales virtudes.
Y la propuesta gustó mucho, en Japón fue un acierto. Son anillos, brazaletes y colgantes que se exhiben en un espacio minimalista, de líneas geométricas y con música de Astor Piazzolla. ¿Qué puertas le abre Japón? "Muchas", asegura. Ya tiene pedidos de Sri Lanka.

