Los de la Cruz
Jorge y Horacio, con treinta años en la moda y mucho para contar
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Son de Concordia y en esa ciudad entrerriana los llamaban los Príncipes por la pulcritud inculcada por su madre. Administrador de empresas uno y casi abogado el otro, llegaron a la moda por seguir un impulso y acaban de cumplir treinta años en la profesión. Horacio y Jorge de la Cruz comenzaron en 1977 con un nombre de fantasía y un prêt-à-porter que vendía 4000 piezas por temporada. Sólo en 1985 hicieron su primer desfile, con marca registrada, y no pararon.
"En 1977 viajé a Estados Unidos por un año y me quedé tres, ahí conocí a la manager de un departamento de diseño que hacía prendas para grandes tiendas en Nueva York. Volví a la Argentina con la idea de crear mi línea y lo enganché a Horacio, que en esa época trabajaba en una inmobiliaria y vendía un departamento de vez en cuando. Con el primer muestrario recorrí ocho tiendas y me compraron en seis. Así comenzó la historia de los De la Cruz en la moda", cuenta Jorge.
Sin embargo, para ambos la mayor influencia fue la de su madre, con gran sentido de la estética. "Viuda desde muy joven, no tenía recursos económicos para destinarle a la ropa, entonces le compraba los géneros a un viajante que los traía desde Buenos Aires para asegurarse cortes originales que después le llevaba a su modista", apuntan.
Pero de ella no sólo recibieron la educación estética, también les enseñó a cortar y coser. "A los 12 años me sentó en la máquina con un molde y una consigna: hacer los shorts de baño que yo y mis dos hermanos varones llevaríamos esa temporada al club", recuerda Horacio. Y más tarde fue la más fiel de las colaboradoras y también la crítica más feroz.
Hoy con muchos desfiles en su haber, vestidos diseñados para famosas y modelos for export que conforman una trayectoria prolija, estos diseñadores tienen mucho por hacer. "El día que tengamos que usar una fibra acrílica bajamos la persiana", aseguran. Mientras tanto, hablan de las argentinas, el diseño local, sus experiencias y lo que se viene.
-¿Cómo fue la evolución de la mujer argentina?
-Se anima más. Tiene una gran preocupación por ser joven y enormes recursos. Hoy, a los 65 años pide escotes y no tiene reparo en mostrar brazos y espalda porque está más desinhibida. Por otro lado, se volvió más práctica. Antes, en marzo encargaba el atuendo de todo el año, previendo viajes y acontecimientos sociales, y todas se hacían por lo menos dos tailleurs; ahora sólo se hacen a medida para ocasiones especiales, los básicos los compran en tiendas.
-Entonces se acercan para equiparse para un momento especial...
-Acá llega la novia, la madre de la novia, una madrina... Y junto con la ropa le hacemos un asesoramiento de imagen total: le recomendamos desde el largo y el color del pelo hasta el corpiño, las medias, los zapatos y el resto de los accesorios que deben acompañar la ropa.
-¿Cómo es ser atendida por los De la Cruz?
-Una novia nuestra tiene cinco pruebas de rigor y siempre trabajamos en equipo con el maquillador y el peinador. Veinte minutos antes de que parta para la iglesia hacemos la supervisión final en el lugar elegido para cambiarse, pero desde mucho antes es asistida por nuestra vestidora. Con todas nuestras clientas tenemos un interview para conocer a fondo su personalidad y hacemos el seguimiento de la familia (generalmente nos ocupamos de vestir desde la hermanita hasta la abuela); esto nos da el panorama de los colores y las morfologías de los personajes más importantes de la fiesta. Jamás dejamos salir a una mujer vestida con un traje del que no podamos enamorarnos.
-Tienen fama de ser los favoritos de la clase alta argentina.
-Nos llamaban los diseñadores chic de la Argentina (risas) . Es cierto que vestimos mujeres de presidentes, ministros, embajadores. Pero nunca lo buscamos especialmente. La gente se identifica con un estilo y llega por recomendación o porque vio un vestido nuestro que le gustó. Nosotros no somos para nada mediáticos, sin embargo no paramos jamás en 30 años.
-Algunas clientas famosas.
-Del mundo del espectáculo vestimos a Susana, Mirtha, Amelia Bence, Bárbara Mujica, Aída Luz, Luisina Brando, Georgina Barbarossa, Graciela Borges, Reina Reech y muchas más. Mujeres de presidentes, a Zulema Yoma y Chiche Duhalde.
-A Cristina Fernández nunca...
No. Cristina es muy práctica. Ella vivía en Uruguay y Juncal, justo en la esquina de donde tenía su boutique Susana Ortiz. Comenzó a comprarle cuando iba para el Senado, y así se hizo clienta y amiga. Por eso Susana es quien más la viste, aunque Cristina también se hace algunas cosas con Senra y compra mucho afuera.
-Una experiencia para el recuerdo...
-La primera novia que vestimos a distancia: una chica de Turkmenistán, hija de un jeque. Trabajamos mediante un intérprete, la conexión era Buenos Aires-París-Turkmenistán y el medio de comunicación, el fax (todavía no existía el e-mail). Le dibujamos un montón de encajes para que eligiera y una chica argentina con sus medidas hizo las pruebas. Cuando el vestido estuvo listo se lo enviamos junto con tres pares de zapatos de Lonté del mismo diseño, con medio punto de diferencia en la medida por si se le hinchaban los pies, tres set de corpiños e igual número de tocados para prever las variaciones físicas que sufren las novias a último momento. Resultó un éxito. Para nosotros era un desafío brutal que nos llenó de adrenalina y expectativas. Hoy es de lo más normal vestir chicas argentinas que viven en el exterior. Eligen el diseñador, delegan y llegan a las pruebas 11 días antes del casamiento.
-¿Dijeron no alguna vez?
-Tres. Para 30 años es bastante poco (se divierten) . Una porque cuando el vestido estaba listo, la clienta dijo que no le gustaba. Entonces le dijimos que nunca nadie se había ido de la casa disconforme y la invitamos a recoger su seña. La siguiente no conocía nuestro estilo y pretendía llevar piedras de la cabeza a los pies, y otra porque era una señora muy grosera que en un momento levantó la voz.
-¿Cómo ven el diseño argentino?
-En la Argentina hay mucha creatividad, pero falta esmero en la costura. Los diseñadores deben construir un estilo, una identidad. Los nuevos están obsesionados por ser originales, pero falta rigor y conocimiento de los géneros, las técnicas. Esto mismo pasa en la sociedad. Antes había una mayor formación estética, la mujer sabía lo que era un ruloté, un corte al bies y una seda natural. Se les inculcaba desde chicas lo adecuado para cada ocasión social. Hoy se perdió un poco la autocrítica. Muchos creen que vestirse bien es una ostentación. El vestir es parte de la cultura, de la educación, del arte.
-¿Ahora qué viene?
-Nuestros herederos (sonó a broma, pero no lo fue). Volvemos al prêt-à-porter con dos sobrinos diseñadores que hicieron su primera propuesta, unos básicos interesantes y muy bien hechos.

