Los tejidos están de moda
Técnicas artesanales y tradicionales puestas en valor por diseñadores que las muestran en pasarela y las ponen de moda. Los tejidos se convierten en piezas únicas, actuales y trendy: ñandutí, randa, frivolité, chaguar, picote y crochet. Elegí el que más te gusta
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Ñandutí
Juana de Arco
Un viaje familiar por Paraguay fue el primer acercamiento de Mariana Cortés con este encaje, que se teje sobre bastidores en círculos radiales. Oriundo de Itagua, donde residen las tejedoras con que trabaja. El ñandutí, palabra guaraní que significa telaraña, está hecho con hilo de algodón almidonado y teñido con tintes naturales. Lo aplica o usa como tela, y lo convirtió en su clásico, tal como se vio en Musical love.
Randa
Clara Rosa
Otra trama de hilos entretejida en un bastidor, un trabajo paciente y hábil, símbolo de identidad de la localidad tucumana de El Cercado. La diseñadora Sabrina Sastre hizo suyas las delicadas piezas de la randera Claudia Aybar en la colección Monte. La randa es un tejido de algodón con agujas de coser y una guía cuyo diámetro regula el punto o malla, que se estira en un bastidor y al tensarse es posible bordar.
Frivolité
Lucía Chain
Encaje que consiste en una serie de nudos corredizos y picots realizados sobre un único hilo que funciona como eje y estructura, generando aros y arcos, los cuales se combinan en distintas secuencias para generar puntillas o textiles completos. Una técnica oriental que se desarrolla en Francia y llegó a Corrientes, Chaco y Misiones. Lucía Chaín la aprendió e hizo su versión en la colección Nebulae.
Chaguar
Autóctona
Autóctona es la firma de la diseñadora formoseña Julieta Mansilla, que como no podía ser de otra manera hace suyo el tejido wichi del monte chaqueño, el chaguar, hecho a partir de una fibra vegetal teñida artesanalmente, vista en su colección Mi paz, mi tierra. No es la única, el pionero en fashionizar esta fibra vegetal fue el salteño Marcelo Senra con su prêt-à-porter autóctono. También, Graciela Lescano la usa en joyería contemporánea.
Picote
Manuela Rasjido
De Santa María, en los Valles Calchaquíes, un lugar con un pasado antropológico, étnico y arqueológico, con un fuerte legado precolombino, donde el textil es un medio de expresión. Manuela Rasjido elige el picote y también el barracán, y dedicó años a investigar, pulir y resignificar su esencia para adaptarlo a sus requerimientos estéticos. El picote que usa es una tela de lana de oveja, pocas veces de llama, realizada en telar manual, hilada muy finita en husos. Un hilo que se urde y al tejer se trama; esto es: una hebra de lana vertical, otra horizontal, una línea traba a la otra y articulan el espacio o tela. Luego se lava para ablandar las fibras y después se puede teñir. Hace más de 30 años que trabaja en esto y formó un equipo de excelencia. Dedica especial atención al teñido, que realiza con tintes naturales tanto vegetales como minerales. Trabaja sus colecciones en base a estas telas que interviene con bordados, estampas, aplicaciones varias o mezclándolas con otras texturas como satén, organza, terciopelos, etc. Se inspira en la cultura wari, en la misma Puna con sus silencios y colores. Y con este tejido realiza quimonos, tapados, faldas y mucho más.
Crochet
Paula Ledesma
Lo suyo es sólo tejido, y trabaja en crochet y dos agujas, técnicas en las que combina puntos de manera personal, no convencional. Actualiza los calados propios del crochet en piezas en hilos de seda, rayón u otro algodón muy fino. Y hace prendas totalmente tejidas, en clásicas tipologías como suéteres, vestidos cortos y largos, y otras más trendy como top crop y monos en hilo de bambú o algodón mercerizado.

