María Luz Príncipe: "Lo lindo de los objetos es su entorno"

Es una de las pioneras en zapatos de autor. En 1999 intervino unas ojotas de plástico que se puso para un cumpleaños y no paró. Este invierno propone Urbe, colección inspirada en ciudades del mundo. Sus huellas
Silvina Vitale
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11 de julio de 2013  

Los zapatos le gustaron desde chica. El primer recuerdo que le viene a la mente de su infancia son unos plateados acordonados de su mamá. Estudió locución y fue locutora de Zulma Faiad en Radio Nacional, después pasó por América y Rock & Pop. Pero todo cambió el día que fue a un cumpleaños con unas ojotas de verano a las que les había aplicado galones, piedras y cintas, fruto de su habilidad con las manualidades. A sus amigas les fascinaron y le pidieron que se las hiciera a ellas también. Y así empezó Luz Príncipe.

–¿Cómo seguiste?

–Hice esas sandalias por varios veranos, fue mucho por el boca en boca, las hacía por encargo a conocidas y también las vendía en ferias en Palermo, San Telmo, en alguna de zona norte. Para tener continuidad pensé en hacer algo para el invierno también, unas chatitas, tipo ballerinas, con cintas, moños, piedras y bordados que gustaron mucho. En esa época iba a la radio durante la semana y a las ferias los fines de semana.

–¿Y después?

–Empezaron a pedirme cosas durante la semana y había que atender, y con la locución estaba todo bien, pero sentía que me faltaba algo. Así que me jugué por el diseño. Al principio atendía en la parte de atrás de la casa de mi mamá. Pero en 2001, la cosa se puso medio pesada en Buenos Aires por el tema de los secuestros y ella no quiso que entrara a su casa gente que no conocía.

–Tenías que dar otro paso.

–Sí, busqué una socia para poder alquilar entre las dos un departamento para armar un showroom, que en esa época no era tan habitual. Tuve una socia que hacía carteras y después de un tiempo se dedicó a otra cosa, luego me asocié con otra, y cuando dejamos de estar juntas por 2003 ya me podía bancar sola, así que le di para adelante.

–Y la cosa creció.

–Sí, pero siempre fue tranquilo, la cosa se fue dando, lo hicimos con mi marido a pulmón, con mucho trabajo.

–¿Cómo es el estilo Luz Príncipe?

–Primero son zapatos cómodos. Creo que cuando te olvidás de lo que tenés puesto es cuando más linda te ves. Son muy coloridos en invierno y en verano. Una clienta siempre me dice: "Tus zapatos son intensos", así que lo adopté para definirlos.

–Y con muchas texturas.

–Sí, me encanta la mezcla en todos los órdenes. No vas a encontrar un zapato hecho con un solo material, por lo menos tienen tres o cuatro distintos, combinados, superpuestos, cosidos, pegados. Hay elaboración y muchos son zapatos de detalle.

–¿Cómo trabajás?

–Soy caótica en la creación, no trabajo con patrones. Creo que hay que ser prolijo en el laburo, pero probar, hacer y deshacer en la producción. Así salen cosas interesantes.

–No te conformás.

–No, aun cuando algo queda bien siempre hay una manera de hacerlo mejor. Además tengo que encontrar cosas nuevas porque me aburro. Soy de meterme en mercerías, en bolichitos a comprar elásticos; a veces hasta compro cintas manchadas por el tiempo y las tengo. Me gusta hacer cosas nuevas todo el tiempo, todavía están saliendo novedades de esta colección y estamos a metros de la liquidación.

–¿Cómo surgió Urbe?

–A partir de un viaje en septiembre último a Madrid (al casamiento de mi cuñado) y a Gotemburgo, en Suecia, donde vive mi hermano. Uno cuando viaja se carga de energía, vuelve renovado. Saqué muchas fotos de lugares y de los pies de la gente. A partir de estas fotos me dieron ganas de ver fotos de otros viajes que había hecho, y de lugares que no fui, pero que me gustaría conocer. La colección nace a partir de todas esas imágenes, interpreto el espíritu de las ciudades.

–¿Incluiste a Buenos Aires?

–Sí, es el modelo más literal. Es un mocasín bajo, bien cómodo para recorrer la ciudad. Está hecho en cuero gastado en oro viejo y en charol negro tiene un obelisco en el frente y pequeños edificios alrededor de todo el pie.

–¿Qué otras?

–Hay muchas. Por ejemplo, Moscú es un zapato muy ornamental, está hecho con materiales muy pesados, gobelino, pasamanería, lúrex, cuero y terciopelo. Roma son las botas largas, superestilizadas y femeninas. Nueva York son botas cortas en dorado, azul y violeta para caminar, una ciudad que tenés que vivir. Lisboa es una ciudad llena de diagonales que se reproducen en el calzado. Para México hice unas guillerminas que me recuerdan al México antiguo, con bigotes en piel de conejo. Y Milán, un tacazo superelaborado, de terciopelo estampado, hecho con pasamanería, transfer y charol.

–¿Cómo está el diseño de zapatos de autor en el país?

–Ha crecido horrores, no porque esté mal, me encanta. Hay mucha oferta de valores, de calidad y de estilos. Hay tantos estilos como consumidores y está perfecto. La competencia hay que tomarla como desafío y factor de crecimiento. Además da laburo, se vuelve al oficio; cuántos más talleres chicos hay más gente se ocupa porque no tenés maquinaria. Me parece maravilloso.

–¿Mirás mucho los pies?

–Siempre que voy en el colectivo, el subte y veo un zapato que me gusta le saco fotos con el celular y las subo a facebook. El otro día vi una chica baja con unos zapatazos, grandotes, brillantes, y los llevaba tan segura que me encantó. No sé si me gustaban los zapatos, pero a ella le quedaban tan bien. Creo que lo lindo de los objetos es el entorno en el que los encontrás. Uno hace que las cosas se vean bien o que sucedan.

OBJETO QUERIDO, querido mÍo...

Es un cuadro, una versión de El beso, del austríaco Gustav Klimt, que pintó su amiga Andrea Arcuri, sobre seda. "Lo compré por amor a una persona a la que quiero mucho y se lo regalé a mi marido cuando cumplimos 17 años juntos, en 2012." Está colgado en su estudio donde trabaja (él es diseñador).

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