Mariana Dappiano: "Busco quebrar con mis ideas"
Nació en la UBA, creció en la firma Vesuvio y maduró un estilo propio. Instalada en Palermo, exporta a Chile, Uruguay y Bolivia. Está preparando su línea Home. Dice lo que piensa
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Mariana Dappiano tiene esa sencillez y pensamiento elaborado que se ve en cada uno de sus diseños. Recibe en su lindísima boutique de la calle Gurruchaga. Es de esas diseñadoras que da placer entrevistar. Todo está claro desde el principio: hace lo que le gusta, dice lo que piensa. Su ropa es como ella, cómoda, relajada, le escapa a lo rígido. Creó una marca en la que uno puede decir, sin ver la etiqueta, esto es un Dappiano.
Es de la generación del 90. Estudió Diseño de Indumentaria y Textil en la UBA. Fue la primera camada. Trabajó con Charly Grilli, RR.PP. de Palladium, que había comprado los derechos de Andy Warhol. "Yo le hice accesorios y buzos con la estampas de Marilyn y qué sé yo. El mejor laburo fue a partir de 1993, en Vesuvio, para la firma Gags. Me llamaron para hacer la parte de prendas de artistas plásticos. Estaban Marta Minujín, Nicolás García Uriburu, Nick, Clorindo Testa. Después pasaron Laurencio Adot y María Teresa Solá. Fue genial. Ahí aprendí un montón sobre tejido de punto. Esa fue mi gran escuela."
¿Es difícil ser diseñadora y empresaria en la Argentina?
Muy difícil, porque no hay mediano plazo. Nunca sabés lo que va a pasar mañana. Es muy complicada la planificación. Largar una colección y comprar los materiales para la próxima. Nunca sabés qué va a pasar. Nada, la Argentina siempre fue así y es muy estresante…
¿Dormís bien?
No, pésimo.
¿Tenés mucha gente trabajando con vos? ¿Talleres?
No, somos muy chiquititos. Tengo talleres externos. Adentro hacemos toda la parte de moldería, de diseño. Trabajo a pie de cañón, todos los días muchas horas.
¿Venís de una familia textil o de diseñadores? Vengo de una familia de abuelas que tejían y cosían, abuelas supertextiles, que lo hacían naturalmente, pero en ningún momento se les hubiese ocurrido decir que eran diseñadoras. Cosían como los dioses. Mi abuela materna cosía y hacía cosas para otros. Se llamaba Tita y creo que ella influyó a full en esto. Mis padres (psicóloga y licenciado en Administración) me incentivaron siempre. Tuvieron siempre la cabeza muy abierta.
¿Te ves en tu ropa?
Sí, tiene esa parte desestructurada que yo tengo. Es lo primero que quiero transmitir con la ropa. Pero a pesar de ser desestructurada no es deportiva ni básica. O sea, no necesitás estar deportiva para estar cómoda, podés estar muy bien vestida, pero relajada y cómoda.
Nada de joggineta…
Claro, ropa para estar bien vestida.
Y siempre con una cuota de diseño textil, muy Dappiano… En mi estilo influyó mucho lo que aprendí en Gags. Yo me formé con una tecnología que tenía que ver con el tejido de punto, con el color, con el hilado, con la estampa, el jacquard. Y aprendí a dibujar tejiendo. Y eso es lo que más me gusta.
Un Dappiano sin estampa no existe…
Por ahora. Uno se aburre siempre, ¿no?
¿Lo tuyo es sólo ropa?
No, puede haber muchas cosas más. Estamos por lanzar la línea Home. Almohadones, pantallas, wallpapers, minibolsos de viaje, alfombritas, bolsos de playa. La queremos lanzar para Navidad.
¿Cómo te inspirás? ¿Viajás? ¿Ves revistas?
Sí, viajo, pero no viajo para ver tendencias. ¡Me voy a la playa, a comer langosta y cangrejo! No miro revistas, soy un desastre. Me pasa siempre que cuando estoy en el momento caliente, que están por salir las telas, el desfile..., ahí se me ocurre algo genial. Se da un poco por afinidad-oposición. A veces digo: ¡Odio las flores y los pasteles! Pero no los hice nunca, entonces me pregunto ¿cómo serían mis flores y mis pasteles? Todo el tiempo estoy buscando quebrar con mis propias ideas o prejuicios. La idea es romper, pero mantener una identidad.
Ahí está lo difícil, se puede desbarrancar fácilmente...
Es lo más difícil. Eso tiene que ver con la maduración como diseñador.
¿Te analizás por medio de tus diseños? ¿Cuando los ves te generan algo?
(Risas) He tenido un par de colecciones que cuando las veo pienso ¿qué pasó acá? ¿Dónde estaba? Son en total 26 colecciones, algo puede aparecer.
¿Es un esnobismo decir que no existen las tendencias? ¿Te parece una antigüedad hablar de tendencias?
Lo que pasa con la palabra tendencia es lo mismo que pasa con la palabra moda, puede ser muy vacía o no. Si usás tendencia como la pronta moda que tiene que estar en todos los percheros de las marcas masivas y comerciales, porque va a estar en todas las revistas, en todas vidrieras, si hablamos de esa tendencia, a mí no me importa. Sí me importan e interesan esas tendencias que arrancan en lo subterráneo, en grupos sensibles, con el radar más parado. Esa tendencia es la que me interesa.
¿La Argentina es un país generador de tendencia?
Absolutamente.
¿Y te parece que el mundo es receptor de lo que está pasando acá?
Nos vendemos pésimo. Uno puede ser supertalentoso, tener las mejores ideas y hacer las cosas bien, pero te tiene que conocer.
¿Las políticas ayudan? Siempre hay diseñadores que viajan y se presentan en el exterior. ¿Qué pasa con eso? Vos fuiste a NY hace un tiempo.
Yo fui a mostrar mi colección a NY el año último y la recepción fue superbuena. Tuve repercusión, pero también un gran impedimento. Es decir, detrás de una política para mostrarnos no hay una política seria de cómo te ayudo, sino cómo podés después insertar tu producto.
Mostrar es la parte más fácil, la del show. ¿Y después qué?
Hay cosas de base que hay que atender. La realidad es que yo quiero lanzar toda mi línea nueva de deco, reseria, llena de ideas, quiero que sea un proyecto de magnitud. Y la realidad es que hay 80 mil programas nacionales y porteños para ayuda, pero yo no puedo usar ninguno.
¿Por qué?
Son para asesoramiento o para compra de materiales. O si no me dicen que pida un crédito. No hay un programa armado para pyme de diseñador, con su problemática.
¿Es caro el diseño de autor?
Hay vestidos que se cortan de 80 y cuestan 600 pesos. Y hay uno, del que sólo hay uno, que cuesta 8000 pesos. Hay una gama superamplia. Mis clientas son profesionales, independientes, con capacidad de consumir lujo, pero prefieren buscar algo más especial, único. Un lujo que pasa por otro lugar.
¿Qué pensás de que se vayan las marcas como LV?
El proyecto de país no da para eso. No podés importar, no podés tener stock. Te tenés que ir. Los costos fijos de la Argentina son cada vez más altos. Me da pena. Vivimos en un mundo globalizado y está bueno que todos conozcamos todo. A mí me gustaría tener un local en NY. ¿Y por qué una marca americana no puede tener un local acá? Si yo no brindo que otro entre, ¿por qué voy a pretender que otro me deje entrar a mí?
DiCHO AL PASAR
- "Me visto con mi ropa. También compro ropa cuando viajo. Me paro frente al perchero y digo: Está bueno lo que hiciste, te lo voy a comprar. Un especie de homenaje a quien lo diseñó. Sí, laburaste bien. Y me lo llevo feliz"
- "En mi marca hablar de edad no existe. Ayer vino una señora de 75 años y se llevó uno de mis vestidos de pasarela. Tiene que ver con actitud, personalidad, onda"

