Maureene
Cumple 20 años en la moda, y hace desde jeans hasta novias. Maureene Dinar, un personaje con sello original
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"Empecé a involucrarme en la moda a los 15 años. Creo que desde más chica todavía... Mi abuelo era sastre y yo jugaba con los trapos. Hacía mis cosas artesanalmente." Palabras de Maureene Dinar, que se define como artista y esteta, antes que diseñadora, y que cumple 20 años en la moda. Desde su local de Palermo, en El Salvador 5134, sentada en un sillón con estampado de cebra, habla de su relación con la moda, cómo la vive y la siente: de ese espíritu rebelde que la impulsa a ser diferente. "Siempre quise ser distinta. Y sí, estoy enganchada en la nube creativa del universo."
Viste a divas locales. Mujeres con mucha personalidad, como Moria Casán, amiga y clienta de siempre. También a Nacha Guevara y por medio de ella, Melanie Griffith hizo sonar su teléfono en una visita a Buenos Aires para vestirse con su etiqueta. Y muchas clientas más, de diferentes ámbitos, que no están de paso. "Me acompañan desde hace tiempo. Entran y se hacen amigas. Hasta les hago delivery. Me piden prendas por teléfono. Y yo siempre las interpreto, las entiendo. Es lo que más me gusta." Tiene clientas jóvenes, y de 60 y largos... porque destaca que su ropa no tiene edad, sí un espíritu joven.
Eso no es todo: Dinar también exporta a Londres, París...
-Estudiaste en Francia...
-Sí, estudié tres años en París, en Beaux Arts. Y estuve en un taller que confeccionaba para Dior. Aprendí muchas cosas ahí, que las prendas debían estar súperbien terminadas tanto por fuera como por dentro. También a aprovechar cada recurso: ellos usaban puntillas y encajes que tenían guardados de otras temporadas y los reinventaban... además de tener los de la última temporada.
-¿A quiénes admirás de la moda internacional?
-Siempre me gustaron Chanel, Lagerfeld, Van Duch, más decontracté; Marithé & François Girbaud, como tendencia.
-Tu fórmula...
-Siempre hay que proponer algo divertido, original, con buen corte y calidad ante todo, con una mezcla de rock and roll, una pizca de sensualidad... La prenda debe ser como una joya que dure toda la vida y se conserve en el placard, siempre a mano.
-¿A qué apostás siempre?
-Hace 20 años empecé con el prêt-à-porter, y con el prêt-à-couture después. Diseñé zapatos, carteras, decoración, pinté. También realicé vestuario para teatro. Pasé por todo y en realidad, sigo con todo... No puedo parar. Continúo con los vestidos de noche, los de novia exclusivos y no seriados. La ropa urbana arreglada, canchera.
-Una gran apasionada por las texturas...
-Sí, me encanta intervenir prendas desde siempre. ¡A los 15, utilicé trapos de piso! Me acostumbré a usar otros tipos de tela, en lugar de los tradicionales. Por ejemplo, cuando todos hacían pantalones de terciopelo, yo los hacía con pana de tapicería. Siempre opté por lo no tradicional.
-¿Qué no te gusta?
-Le digo que no al color violeta. No va conmigo. No a la pollera india, ni para ir a la playa. No al jogging, para ir así no más. La mujer debe mantener su femineidad. No me gusta combinar muchos colores porque es un cambalache. También le digo no a los jeans ajustados que aplastan la cola o marcan las piernas chuecas.
-¿Qué tiene que tener una mujer en su guardarropa?
-Un buen vestido negro. Un par de zapatos de taco alto o un buen par de botas. Un saco. Una camiseta blanca. Accesorios distinguidos, siempre de buena calidad. No usar por usar. No al de 4 pesos, porque la calidad se ve. Sí al pantalón de buen calce.
-¿Cómo ves a las nuevas generaciones?
-Son mucho más libres. Además, las mujeres están muy informadas en cuanto a tendencias. Desde los 12 años ya saben, por medio de Internet, lo que pasa en el mundo. Y con la explosión de la moda en la Argentina, en los últimos 10 años, incorporaron el diseño en su vida, aunque no siempre de calidad. Hablo de esas chicas que todos los sábados estrenan equipo. No son mis clientas, que privilegian la buena factura.
-¿Qué es lo que más exportás?
-No todas las cosas funcionan del mismo modo en un mercado que otro. En Londres vendo lo más vanguardista, como los tapados intervenidos. En París prefieren los vestidos de cóctel. Ahora no, pero en Miami vendía mucho jeans y vestidos súper sexy. En Italia, tapados y sacos. Los más fashion tienen aceptación en Roma, mientras que los más conservadores son de mejor salida en Milán.
-¿Alguna anécdota para contar una y otra vez?
-Tengo una inolvidable. En 1995, llegó un representante de Düsseldorf a elegir diseñadores para su pasarela. Con mi marido lo invitamos a comer a Puerto Madero. El estaba solo, no había recibido ninguna invitación. Aceptó encantado. Y entre una cosa y otra, nos contó que era el dueño de todo, de la pasarela, etcétera, etcétera. Y no le creímos nada. Al final, cuando viajé a la pasarela, era verdad. El magnate Manfred Kronen nos mandó a buscar al hotel con un Lamborghini, y comimos con él y Eva Cavalli. Todo por una gentileza que nació espontáneamente, sin tener idea de quién se trataba.

