Mr. Malnatti
Habla sobre la moda, su hijo, el país y sus gustos...
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En su casa de Caballito, living con ventana a la calle, Discovery Kids en el televisor, piezas de puzzle desparramadas en el piso, conviven a la perfección una bicicleta Aurorita, un caballo de madera que se puede montar, una minibatería, plantas, cuadros, esculturas y un guardarropa vintage que se las trae. "Me gusta la ropa, sí. Y no creo que sea ninguna frivolidad. Lo antiguo me atrae especialmente porque habla de que la prenda resistió al tiempo gracias a su calidad. No tolero la ropa de plástico, mucho menos en los chicos. Me gusta verlos libres, frescos, normales", comenta Daniel Malnatti, el ex CQC que ahora brilla en la pantalla de Telenoche, con su segmento de investigación El Ciudadano.
Casado con la artista plástica Florencia Mazzora, padre de Amadeo, de 3 años, y un bebe en camino que, de ser mujer, bautizarán Olivia, el abogado-periodista Malnatti seduce con su humor ácido y una postura de vida de lo más original. "Quizá vea las cosas con otro tono porque soy daltónico. Tengo serios problemas con los marrones, rojos y verdes. He salido disfrazado a la calle montones de veces, pero por suerte ahora tengo una mujer que me guía. Al ser pintora, de eso sabe bastante. Igual, la solución para esto es usar uniforme. Entonces no hay margen de error. Yo siempre me visto de memoria", se ríe.
-¿Uniformes?
-Sí, siempre me gustaron y solucionaron mi vida. Contaba mi madre que cuando llegaba del colegio no quería quitármelo. Calculo que tenía alguno de repuesto, porque tomaba la leche y hacía los deberes con el pantalón gris y la camisa. Después, cuando a los 22 años me recibí de abogado, empecé a vestirme con traje cruzado, onda Mariano Grondona. Todavía tengo camisas de esa época. Yo mismo me las planchaba. Siempre cuello, pechera y puños impecables.
-Y llegó CQC , el look Hombres de negro
-He pasado nueve años vestido con traje negro, de la mañana a la noche. Tenía compañeros más normales, que en algún momento se lo sacaban y los veías con jeans. Yo seguía hasta la noche así vestido. Iba a mi casa, al médico o al supermercado vestido de CQC.
-O sea, que El Ciudadano es tu primer trabajo sin uniforme a la vista
-No, es lo que parece, pero también me armé un uniforme. El año pasado tenía un traje marrón de Zara, camisa blanca y corbata naranja. Este año, en cambio, la corbata es marrón. Aunque me cuesta diferenciarlos, a mí me encantan los colores fuertes. Pero resuelvo todo en pocas horas. Generalmente voy a principio de año al local y compro bastante. Digamos que armo el uniforme y después me olvido.
-¿Dónde comprás?
-Antes, en Bensimon. Ahora descubrí Bolivia y me gusta, sobre todo por la mezcla de texturas. Me interesa la ropa, pero trato de ser práctico. Sé que necesito una camisa blanca por día, un par de trajes y abrigos. Este que llevo puesto, con cierto aire militar y muchos cierres, me resulta ideal para trabajar.
-¿Qué pasa cuando el dress code de una invitación te exige black tie?
-Lo cumplo, pero intento adosar un toque de humor. Todavía no me animé a los voladitos y alforzas en las camisas, pero no lo descarto. Sólo es cuestión de tiempo
-¿Le comprás ropa a tu hijo o de eso se encarga tu mujer?
-Lo hace ella, pero a mí me gusta también. Pero considero que hoy día la ropa de chicos está muy amarga. No me gusta esa onda de vestirlos como adultos. Y mucho menos el negro. ¡Por favor! Están creando una generación de asesinos seriales
-¿Usás perfume?
-No siempre, pero me gusta. Me interesa el tema de las notas, las novedades, el packaging. Son lindos de ver y sentir. Antes, cuando viajaba más y frecuentaba los free shops, compraba. Ahora mis viajes son más de cabotaje. Con CQC, especialmente en la época de Menem, anduve mucho por el mundo y en las esperas espiaba bastante. Me gustan los cítricos. Los florales y las maderas no me van tan bien.
-Hace años que te movés en el conurbano, que cubrís manifestaciones y estás en contacto con la gente. ¿Cómo están hoy los argentinos?
-Renegando, como siempre. Yo también lo hago, pero cuando llego a mi casa la sensación, más que enojo, es de tristeza. Creo que para ver otra Argentina se necesitarán varias generaciones. Que no lo voy a ver yo ni mis hijos. Creo que todos los sectores deben ser más prudentes. En la calle veo mucha violencia, mucha promesa incumplida. Y la gente se pone inestable. Yo lo viví mucho en la cancha o cuando cubría actos políticos. Estás ahí y parecería que está todo bien. Pero basta una voz, una frase, para que todo se desborde. Yo aprendí que ése es el momento para salir. Creo que la Argentina está viviendo una reacción por reacción, quizá por no medir bien las palabras. Yo ruego que todos se calmen y que el que genera rumores sea consciente de lo que está haciendo.
-Volviendo a la moda ¿cuántos años tiene tu reloj?
-Lindo, ¿no? Típico digital ochentoso. Lo tengo desde entonces. Mi época de abogado no me dejó un centavo, excepto este reloj, varias camisas y el arte del planchado. Poco, pero querible.

