Museo del Perfume
Fragancias que dieron y dan la nota
1 minuto de lectura'
A Jacques Guerlain le fascinaba el sudeste asiático, y en la Exposición de Artes Decorativas de 1925, en París, presentó su perfume Shalimar, nombrado como el jardín de Jahangir, nieto del primer emperador mongol de la India. Es oriental, con un alto componente de vainilla. Ernest Beaux, el perfumista que creó el Nº 5 para Chanel, afirmó que si él hubiera incorporado tanta vainilla a un perfume le habría salido un postre inglés...
Diana Avellaneda, licenciada en Historia del Arte, hablaba hace unos días de los perfumes y las diferentes culturas, en particular de las fragancias de la India -el pachulí, esencia de sándalo, el ámbar, las rosas, el incienso- y los perfumes que se han inspirado en ella. "Pocos pueblos aman tanto las flores. En la India se enseña a las jóvenes el arte de componer jardines y guirnaldas. Las novias se pintan flores en las manos, con henna, para asegurarse una feliz luna de miel, libre de tareas domésticas."
Avellaneda es la directora del Museo del Perfume, que abre al público únicamente el primer lunes de cada mes y está habilitado en la Asociación Biblioteca de Mujeres (Marcelo T. de Alvear 1155) desde abril de 2002. Dirigió la visita guiada por cuatro salas, con vitrinas que exhiben una variada colección de piezas, que permiten recrear una historia que nació en Medio Oriente hace 5000 años: "La palabra perfume, del latín perfumum, significa a través del humo; alude a las resinas aromáticas que acompañaban las plegarias o invocaciones".
Frascos, perfumeros, objetos de arte, pinturas, fotografías, libros, réplicas en escala de las modas de cada época, permiten establecer una correspondencia entre el perfume, la moda y la cultura, y su evolución; hoy, no tan concentrados, menos intensos, más transparentes y contenidos en envases minimalistas.
La figurita de un Rey Mago, de origen guaraní, evoca la ofrenda de incienso y mirra que se menciona en la Biblia.
Una cabecita de Nefertiti, la suntuosa tradición de los egipcios en el arte del perfume.
Entre otros, se observan cajitas-perfumero de asta (originarias de la India), de metal esmaltado proveniente de China. De la antigua Grecia, donde se untaban los cuerpos con óleos, perfumeros de terracota (los más famosos eran los de Corinto). De Grecia y Roma, a Europa: los perfumes eran valorizados en los actos religiosos, hasta que el Renacimiento miró nuevamente hacia Grecia y Roma y se recuperó el lujo, la valoración del cuerpo y lo individual.
De colección
Las vitrinas del museo están colmadas de nombres familiares y envases preciosos: los perfumes de Houbigant (que fue el perfumero de María Antonieta y Napoleón), Christian Dior, Nina Ricci (L´air du temps, cuyo frasco, coronado por una paloma, fue creación del escultor catalán Joan Rebull y después de otros artistas prestigiosos), asociados con la posguerra. El Nº 5 de Chanel, "a base a rosa de mayo, tiene una molécula compuesta en laboratorio, que es lo que abre la perfumería moderna". Fue lanzado en 1921, en un envase muy simple, a tono con la revolución que inauguraba la misma Chanel. Balenciaga, Rochas, Worth, "que a sus clientas de alta costura les regalaban una muestrita de sus perfumes".
Givenchy, Lancôme, Kenzo, "que aunque es japonés produjo fragancias comercializadas por una empresa francesa, y que en 2000 presentó un perfume denominado Time for peace. Perfumeros de Schiaparelli creados por Dalí, uno imitando la forma de un corset, diseño que años después retomó Jean Paul Gaultier.
En otra vitrina, perfumes con alusiones literarias, como Nautilus, homenaje a Julio Verne; El nombre de la rosa, a Umberto Eco, o Poème, de Lancôme. Los de producción argentina, como los de Ruiz y Roca, Mary Stuart, Vibour (Avant la fête), Altai (Endiablé y Sensation), y las marcas internacionales de producción nacional, como Helena Rubinstein, Coty, Dorothy Gray. También se pueden ver fotos de la casa Pozzi, la firma que está "a punto de cumplir cien años", y los perfumes creados para Susana Giménez (Ishtar), Teté Coustarot, Osvaldo Laport, Gabriela Sabatini y Valeria Mazza, todas fragancias internacionales que se comercializan con sus nombres.
Se producía en el país Lina B. de Gahan, un perfume de los años 40 con el nombre de Lina Borri de Gahan: era la abuela de Mónica de la Rúa de Perren -coordinadora de la Asociación de Amigos de este museo-, que lo relanzó en 2004, incorporando a Tavo (para hombres) y Magdalena a la firma familiar.
En otras vitrinas se pueden apreciar las fragancias italianas: las de Versace, Armani, Benetton, Fendi, Bulgari. Y la evolución de la moda a partir de los años 70 también se puede ver en las réplicas en miniatura de modelos y en los envases de Yves Saint-Laurent -Opium y Rive Gauche-, Paco Rabanne, Carolina Herrera, que tienden a lo geométrico y minimalista.
Avellaneda lo define: "Un museo evocativo; cada fragancia puede sugerir a cada uno algo diferente. Está pensado como un lugar integral de las artes. Organizamos conferencias. Por ejemplo, invitan a Daniel Golino a hablar sobre perfumes en el antiguo Egipto; Patricia Grau, especialista en Edad Media, sobre el perfume y el cristianismo, y también Bernardo Conti, argentino y uno de los narices internacionales más importantes".
El Museo del Perfume recibe donaciones de frascos de perfumes nacionales e importados anteriores a 1960. Para el 5 de septiembre está programada, a partir de las 16, la presentación de esencias y cosméticos de la firma suiza Just; a las 17, una conferencia sobre los protocolos del té, además de la actuación de bailarinas del grupo Vis à Vis; después habrá una visita guiada. Más información, 4816-1314, museodelperfume@yahoo.com.ar.

