Ni poderoso ni quijotesco, tan sólo un caballero
La gentileza masculina, ¿en extinción?
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Es un supercaballero, re caballero. Es un caballero con todas las letras. Un caballero total. ¡Uno como los de antes...! Cuando alguien escucha decir eso, se sorprende. ¿Quién es? ¿Dónde está? Conocer al bicho raro se convierte en toda una experiencia...
"Hoy, se extraña al hombre argentino afable, formal, culto, con gran sentido del humor y un porte plagado de elegancia y señorío, que se detacaba en el mundo", asegura Silvia Albisu, maestra de maestras en el arte del protocolo. Es que las nuevas generaciones (por supuesto, hay excepciones) han perdido un poco el hábito de la galantería. ¿Cuánto hace que, usted, señor, no cede el asiento en el colectivo a una mujer, la protege caminando del lado exterior de la vereda, le llena el vaso con agua, le corre la silla al sentarse, le abre la puerta del auto?
José Luis Alvarez Fermosel, periodista y escritor, conocido como El caballero español (todas las mañanas asoma en el programa de Rolando Hanglin, por Continental), le ha dado perfil a esa negligencia masculina tan actual: es el del macho posmo o antítesis del caballero.
"Es un adolescente, lo que no significa que sea un chico. En realidad, es un adolescente que puede tener 30 o 40 años, porque hasta esa edad se ha prolongado esa etapa en el hombre, según confirman psicólogos argentinos y extranjeros. Como tal, es tímido, inseguro, irresponsable, inconstante, hermético, mañero, cobardón, vago, dependiente de pa , ma y sus amigas para casi todo. Le gusta la comida chatarra, la pizza y los helados, no toma café, sino lágrima o leche manchada ; no bebe alcohol, sino Coca-Cola y otras gaseosas, no se pelea a trompadas, hace pis sentado, colecciona ositos de peluche, se cuelga ..."
Pero eso no es todo; hay más sobre este macho posmo : "Es amiguero, querendón, maneja la computación de maravilla (es un gran chateador), se adapta bien a cualquier ámbito, tiene un gran sentido lúdico y, en general, no molesta ni crea conflictos. Y como nunca tiene dinero, se lo pide a los demás y, por ahí, cae por tu casa y se instala como si fuera la suya durante cierto tiempo. Su Dios es el futbolista pop David Beckham, una mezcla de Madonna, los Beatles y Brad Pitt".
Los hombres de hoy no manejan los códigos del saber ser y estar en todo momento y situación. Según Albisu, " lamentablemente, la mayoría vive en la cultura impuesta en estos últimos diez años, la cultura del qué me importa, que transforma en recuerdos aquellas virtudes tan apreciadas, compendio de la caballerosidad". Sin embargo, "se puede aprender o recuperar ese lenguaje".
Ser o no ser
Considerado por quienes lo conocen como un caballero con todas las de la ley, de José Osvaldo Casás (abogado, juez del Tribunal Superior de Justicia de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires) se dice que es atento, formal, con sentido del humor y siempre dispuesto con el mejor gesto. Y debe serlo, ya que la consulta al respecto no lo sorprende: "Creo que es una actitud espontánea, que tiene que ver con la formación y enseñanza recibidas. No, no creo que sea un sacrificio: me sentiría muy mal si no obrara en función de esos patrones". Según Casás, la caballerosidad parte de reglas simples: el buen trato a los iguales, a los dependientes, a los superiores, a las damas y ancianos, y a aquellas personas que requieran cierta consideración.
No obstante, los gestos de un caballero tampoco pueden ser quijotescos; tienen que estar de acuerdo con los tiempos. "Uno se debe adaptar al momento actual. A una mujer le puedo prestar mi saco para que baje del auto en un día de lluvia. Pero no se lo pondría en el piso para que no se moje los zapatos. Eso sería un gesto impostado, hipócrita. No creo en los excesos de galanura, esa exageración en el límite de lo ridículo", asegura.
Otra es la opinión de El caballero español: " Creo que el caballero nace, no se hace. Todas las virtudes que adquiera después sólo reafirmarán su caballerosidad congénita. Uno se puede hacer señor a sí mismo. Algunos, queriendo ser a la fuerza señores o caballeros, devienen snobs insufribles. Sí, caballerosidad es sinónimo de sacrificio. Un caballero da, comparte, consuela, anima, ayuda, defiende, la pasa mal para que otros la pasen bien, no pide, es capaz de partir su capa en dos -como San Luis- para darle la mitad a un pobre...".
Cada vez menos
La gran pregunta es por qué los caballeros están en extinción. "La vida de la sociedad se maneja con la ley de la selva, el sálvese quien pueda . Se han perdido muchos de esos gestos cuidados y elegantes, que han pasado a tercer plano. No hay tiempo para ocuparse de cierto tipo de delicadezas. No es que se sea menos caballero, sino que todo es más difícil", asegura Casás.
Pero que los hay, los hay. "Hombres amables, corteses, honrados, respetuosos de las jerarquías, que no olvidan los formalismos, y manejan y respetan los códigos de la buena educación", así define Albisu la esencia de un caballero.
Para la socióloga Susana Saulquin, la caballerosidad también tiene que ver con estar atento al otro y no a uno, seducir a la mujer, ver lo que necesita. "Y todo esto se complicó en medio de la cultura de masas, que comenzó en 1960, donde todo se volvió homogéneo, más chato. Las mujeres han ganado espacio y pasaron a ser autosuficientes, y la caballerosidad intimidó a muchas. Por suerte, estamos saliendo de eso y se vuelve al individualismo, hay un despertar de la caballerosidad. Es estupendo que te abran la puerta y te cedan el paso. ¡Tienen que volver!", clama.
Una mirada sobre las nuevas generaciones -comparada con las de ayer- deja cierto desconcierto. Se podría decir hasta que no hay malas palabras, porque las malas circulan como las buenas. "Hoy, el lenguaje coloquial es, en muchos casos, grotesco y soez. Las palabrejas están en todas partes, y antes no era así. Era común decir: Che, guarda que hay una mujer . Tampoco se trata de tomar una actitud de mojigato: caballerosidad no es vivir reprimido. Hay circunstancias en que una mala palabra puede expresar algo auténticamente como ninguna otra", agrega Casás.
Fermosel hace números: según él, de cada diez hombres, uno o dos son caballeros. "Un caballero debe tener honestidad, rectitud, abnegación, valor, generosidad, discreción, modestia, imaginación, buen gusto, paciencia, finura, distinción, gentileza, cultura, elegancia, sentido del humor; el caballero, además, deberá atender a las damas con propiedad y delicadeza", enfatiza. Y agrega: "¡Ni qué hablar en el terreno sexual! Un caballero jamás presumirá de sus conquistas, porque los hombres no conquistamos, son las mujeres las que nos conquistan; el caballero habrá de tener mundo y calle, dominar varios idiomas y deportes, saber mucho de cocina, ser buen catador de vinos y cigarros habanos, y querer y proteger a los niños y los animales...", concluye.
¿Parle vous français?

