Nuevos o viejos ricos, primero el buen trato
En la relación vendedor-cliente, ciertos desplantes cotidianos también en el mercado del lujo
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La señora parece dispuesta a no dejar nada sin ver ni probarse. Instalada como dueña de casa en la boutique de lujo a la que entró hace ya bastante más de media hora, con la empleada que sin perder la sonrisa va y viene trayéndole todos los modelos que le interesan y más también, actúa como una reina.
Cualquiera diría que se va a llevar puesta la firma entera, tanto es lo que pide que le alcancen y tanto lo que con ropa de la casa encima avanza para mirarse en todos los espejos y, de paso, ver si hay algo más para descubrir en estantes y percheros.
Un café o una bebida sin alcohol, tal vez una copa de champagne y, por qué no, la bandeja con bocaditos de caviar y salmón que se mandó a pedir a la confitería de la vuelta ante una visita que parece tan VIP. En el silloncito del probador se van superponiendo polleras, blusas, chaquetas, tops, pantalones, suéteres, un tapado de piel, otros de cuero, y varios equipos de noche. El tiempo pasa, el champagne baja, los bocados vuelan y... nada, ya me voy.
La encargada mantiene la sonrisa con esfuerzo y le dice de la mejor manera que tal vez nada de lo que le queda tan bien esté si viene a buscarlo en veinte días, "cuando empiece la liquidación". "No, querida, avisame entonces", dice y se va sin reserva alguna.
Una variante de la desconsideración cotidiana que también se da del otro lado del mostrador, ya que al revés de lo que en general se piensa la culpa no siempre la tienen los empleados desganados, que con cara de qué hacés acá miran al que llega. Un destrato que se agudizaría en las casas de alta gama, donde a veces los clientes con gran poder adquisitivo se hacen notar y no de la mejor manera. Es una falta de delicadeza hacer trabajar a alguien inútilmente generándole expectativas, y es de pésima educación levantar la voz y dar órdenes por el solo hecho de tener plata en el bolsillo. Nuevos o viejos ricos, el buen tono está primero.

