París verano 06
Belleza sin estereotipos y con mucho volumen, en la semana del Prêt-à-Porter
1 minuto de lectura'
PARIS.- Fin de semana en París con la Fashion Week de telón de fondo. Durante estos días de otoño, el promedio de belleza y elegancia requerido para circular se vuelve inalcanzable, siendo la altura el obstáculo final. ¿Menos de 1,85 sin tacos? Aunque una pegue saltos para tratar de ser vista es inútil. Lo peor es que durante la semana de la moda francesa, las modelos no sólo están por todas partes, sino que se quedan mucho tiempo. El resultado fueron días y días en que hasta si uno iba a Collette -el multimarca, donde las vendedoras sabrán encontrarle lo que le queda perfecto- había que lidiar con Karolina Kurkova, por ejemplo, presentando T-shirts rodeada de paparazzi.
Varieté de desparejos
John Galliano dice que no está de acuerdo con ese dominio de las mujeres perfectas en esta ciudad. Por eso en su desfile Todo el mundo es bello armó un teatro de varieté victoriano para parejas-desparejas de gigolós y señoras mayores que los contratan; jovencitas con abuelos, travestis barbudos con enanas vestidas de novia y mucho más. A pesar del desparpajo, la ropa que llevaban era totalmente ponible: chalecos a la cintura con faldas de tul, corsets color piel bajo voluminosos vestidos eduardianos. Los toques más locos apenas estaban en las costuras y dobladillos a la vista.
"Es una temporada de evolución, y no revolución en la moda", fue el comentario generalizado. Porque los demás diseñadores también presentaron propuestas pensadas para que las puedan llevar mujeres que se alejan de los parámetros ideales de belleza, claro, no necesariamente tanto como las modelos de Galliano.
Con esto se desterraron los pantalones apretados de tiro bajo, sobre todo los jeans, a favor de los vestidos sentadores. Sean éstos cortos, trapecio, muy amplios, escotados, campesinos o con mangas farol, prometen convertirse el próximo verano en la prenda indispensable. Como novedad, se agrega la pollera con forma de campana o globo, ya sea larga o corta, y se continúa con mucha blusa ampulosa. La clave parece estar en el volumen que puede llegar a esconder una que otra imperfección.
Así lo entendió Jean Paul Gaultier con diseños inspirados en el folklore del este europeo, con blusas blancas de campesina con bordados en colorado y negro, chales y vestidos de flores amarillos que ganan volumen con plisados, volados y dobleces. El desfile parecía un concurso para coronar a la reina de la cosecha. En cambio, en su colección para Hermés se remitió a la antigüedad y lo coronó con vestidos de diosas griegas.
El norteamericano Patrick Robinson, que presentaba su segunda colección para Paco Rabanne, usó telas metalizadas que recordaban la herencia de la casa, pero en vestidos azules luminosos que parecían salidos de una acuarela del pintor renacentista Alberto Durero. La sensualidad estuvo dada por espaldas descubiertas y el volumen, por chaquetas de plumas.
Lars Nilsson para Nina Ricci armó interesantes vestidos de noche con géneros de camisa de hombre, amplios y que se fruncían en la cintura con lazos asimétricos. Las polleras fueron beige, acampanadas y cortas, con la ilusión óptica de alargar y afinar las piernas.
Galliano, en su línea para Dior, tomó esta misma paleta, pero la llevó al extremo: casi todos los vestidos eran beige, crema o color piel, con lo cual, vistas en conjunto, las modelos parecían desnudas. Los más efectivos fueron los que lo evitaban al llevar encaje negro por encima. Kart Lagerfeld para Chanel también usó el chiffón color piel en sus vestidos, pero los toques de negro los daban en raso. Luego saltó al look colegiala con jumpers de tweed y comprimió camisas de mangas infladas en chaquetas de tafeta maravillosas.
Kenzo hizo todo el desfile onda retro-náutica con vestidos tejidos a rayas blancas y negras, y trajes marineros con boina haciendo juego. Pero lo más impactante fue la escenografía, un barco gigante con olas de cartón, nubes y gaviotas, y un muelle sobre el que se desplazaban las modelos.
El espectáculo del lujo
El verdadero show de la temporada no estuvo en ningún desfile, sino en Champs Elisées; ni siquiera en el de Marc Jacobs, aunque si protagonizado por la firma para la que diseña, Louis Vuitton. Atestado de celebridades de todo el mundo -Uma Thurman, Sharon Stone, Winona Ryder, Salma Hayek, Catherine Deneuve, Jade Jagger y Eva Herzigova, entre otras-, Vuitton abrió en la célebre avenida parisiense la mayor tienda de lujo del mundo: 15.000 m2 en un edificio art déco hecho a nuevo y diseñado como un paseo peatonal con un amplio sector para el arte de vanguardia.
Allí pueden comprarse, además, líneas que todavía inéditas, como la flamante colección de anteojos o las primeras creaciones de la marca para bebes, con modelos iguales a los de sus padres. Por la cantidad de gente agolpada en la puerta, aun días antes de que el local se abriera al público, el pronóstico de Bernard Arnault, presidente de LVMH Moet Hennessy Louis Vuitton, de que la multimillonaria inversión sería recuperada en dos años, resultaría un cálculo conservador.
Homenajes
- Entre tanto despliegue y más de 100 desfiles, también hubo tiempo para grandes homenajes. Uno fue para Yves Saint Laurent, con la muestra Smoking forever, organizada por la Fundación Bergé-Saint Laurent, en el que pudo apreciarse medio centenar de esa prenda típicamente masculina que el diseñador, retirado de la alta costura en 2002, transformó en un clásico femenino.
- También se rindió tributo a Christian Dior, a cien años de su nacimiento. En vitrinas de las tiendas de las galerías del Palais Royal se exhibió un recorrido por la historia de este diseñador, que murió en 1957, en pleno apogeo de su carrera. Se vieron desde sus primeros trajes sastre de 1947 hasta las creaciones de sus sucesores, incluidas las excentricidades de John Galliano que, según trascendió, en este último desfile gastó un millón de euros.

