Pionero
Jean Bousquet, creador de Cacharel y precursor del prêt-à-porter
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En 1962 era sastre de hombres y tenía 30 años... Un día se encerró en el cuarto de una casa "para pensar" y se le ocurrió crear una marca de moda para mujeres jóvenes. "Era una gran época, con una gran revolución cultural, todo cambiaba, la música, el arte, la moda... Llegué justo en medio de ese movimiento. Ese fue el punto de partida, pero sin un objetivo demasiado claro."
Jean Bousquet, devenido empresario, era el sastre. Y la marca, con nombre de un pájaro de Camargue, Cacharel: una de las pioneras en ropa lista para usar o prêt-à-porter. "En ese momento las jóvenes buscaban en el ropero de sus abuelas algo para ponerse... Se transformaban en estilistas y armaban su propia vestimenta", cuenta el capitoste de la compañía.
-¿Cuál fue el aporte de Cacharel?
-Fue crear ropa para esta nueva juventud, ropa prêt-à-porter. Se abrieron espacios para las veinteañeras en Galerías Lafayette... En aquel momento existía la alta costura, muy lujosa y cara, y después la manufactura, sastres y modistas que cosían. Surgió una nueva línea, una nueva generación...
-¿Cómo era la ropa?
-Acompañaba la revolución feminista. El corpiño voló. Y creo que fuimos nosotros los que lo reemplazamos por camisas con elástico debajo del busto. Brigitte Bardot fue la primera en llevar una camisa anudada y después todo siguió así. El cuerpo de la mujer cambió muchísimo: actualmente, el talle tiene diez centímetros más que en aquella época, la ropa es cómoda. Antes no tenían demasiado busto, ahora sí. Todo partió de la libertad del cuerpo y la moda siguió eso...
-Y los materiales cambiaron...
-Sí, empezaron a surgir los materiales confortables, colores y estampados. Hasta entonces, las camisas eran sólo blancas o celestes. En la primera gama que hicimos pusimos 20 colores. Dentro de los diez nombres que iniciaron esta revolución, hoy quedan muy pocos. La primera idea que tuvimos fue exportar...
-¿Quiénes son los mejores clientes de Cacharel hoy?
-Asia. América siempre desempeñó un buen papel, siempre sostenido y regular. Asia es un cliente nuevo y el volumen es enorme.
-En diseño, ¿se atiende las necesidades de cada mercado?
-No, hacemos un producto global. Hay parte de la gama que tiene más que ver con una clientela que con otra. Yo no soy latino, soy de Nimes, y me vuelco más por el lado de los colores, los estampados. Hay otros que prefieren tonos más sobrios.
-¿Cuál es su visión sobre la evolución de la moda en las últimas cuatro décadas?
-Partamos de que la primera revolución fue en 1968, con la moda unisex, las chicas vestidas de color caqui. Eso no duró demasiado. La mujer buscó verse elegante, femenina... Después hubo movimientos, pero menos importantes.
-Y llegaron las dictaduras de los años 90...
-Sí, todas las temporadas cambiaban radicalmente. Y cuando una temporada es muy distinta de otra es porque la moda no tiene un eje, un objetivo. Hoy la veo clara, con una línea: es confortable, colorida, cómoda.
-¿Qué le aportaron el duo Suzanne Clements e Inacio Ribeiro a la marca?
-Un estilo muy creativo en el diseño. Además, como son una pareja inglesa (Ribeiro es brasileño), egresados de Saint Martins, y nosotros franceses, la mezcla fue muy interesante. La fuerza inglesa y la elegancia francesa. Juegan con colores, mix de estampados y texturas, esenciales para la marca.
-¿Cómo se controlan las licencias?
-No son exactamente licencias, sino que son acuerdos con diferentes distribuidores, que se encargan de repartir el producto por país o por zona. El diseño llega de Francia. Tenemos equipos que constantemente controlan que la marca funcione correctamente.
-¿Cuál es el límite para crear un producto con el nombre Cacharel?
-Tiene que ser algo que sepamos hacer, algo aceptado por nosotros. Hay paraguas, anteojos, perfumes, trajes de baño...
-¿Qué peso tienen los perfumes en el total de la facturación de la compañía?
-Es muy importante. En la facturación representan 220 millones de dólares. En 1981 Anaïs Anaïs, creado en 1978, fue designado el mejor perfume del mundo. Y Cacharel indumentaria como compañía factura 50 millones de dólares. Los perfumes y sus publicidades le han dado un gran empuje a la empresa.
-¿El segmento masculino no tiene un diseñador fuerte todavía?
-Sí, es un poco difícil. Los hombres no tienen demasiado tiempo para elegir, les gusta que esté todo listo, todo preparado. Son clásicos. Para las mujeres, que se toman su tiempo y eligen, se puede hacer cosas más jugadas...
-Por segunda vez en la Argentina, ¿qué lo atrae?
-Buenos Aires es una ciudad formidable, con mucho verde, avenidas amplias... parece una capital europea. Las mujeres son muy latinas, elegantes.
-Cuando no habla de Cacharel, ¿qué temas le gusta tocar?
-Con una mujer siempre hablo de Cacharel... (risas). Me gusta mucho el arte contemporáneo, viajar...
-¿Cuál es el secreto para mantenerla como una empresa privada durante más de cuatro décadas?
-Ha sido lo más difícil. Lo que facilitó las cosas fueron los perfumes: pudimos usar toda esa publicidad y no hubo que hacer tanta inversión. Los grandes grupos han hecho un gran trabajo para colocar en el mundo las nuevas creaciones y paralelamente abrir nichos para empezar con la marca. Hoy, en la empresa trabajan 150 personas. Antes teníamos la manufactura en Francia, pero ahora hacemos todo en Europa del Este, Polonia, Lituania, China...
A todo color
Bien colorida, la colección otoño-invierno 06 (diseñada por Clements-Ribeiro), que ya asoma en algunos locales de Cacharel, está inspirada en una silueta folklórica sudamericana, especialmente de Perú, de fines de los años 70. Sacos cortos y cardigans se combinan con amplias polleras y botas, ganadoras.
También hay blusas paisanas, apliques de flores bordadas, terminaciones de encaje y galones. Más detalles con pespuntes bordados con hilos multicolores, flecos y apliques de colores. ¿Materiales? Tweed, texturas escocesas, cuadros, corderoy y terciopelo
Los jeans suman bordados y aplicaciones de piedras y tachas en los bolsillos.

