Semillas de diseño
Lucía Leiva y Agustina Troyer, ganadoras del concurso UBA-BAFWeek
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El diseño de Lucía Leiva y Agustina Troyer merece ser visto en una pasarela. Así lo decidió un jurado de creativos consagrados: Pablo Ramírez, Nadine Zlotogora y Cecilia Gadea, tras una tarde de revisión de carpetas de alumnos de Diseño de Indumentaria y Textil en el Pabellón III de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo (FADU) de la UBA.
Leiva y Troyer es la dupla que se verá en la próxima edición de BAFWeek como ganadoras del concurso Semillero UBA-BAFWeek febrero 2011.
Y lo determinaron con ojo de expertos sobre doce colecciones de las seis cátedras que se dictan en la Facultad, a cargo de Saltzman, Fiorini, Cook, Martin, Moragues, Brocher. Todos los trabajos estaban bien expuestos: maniquíes vestidos, look-books, carta de inspiraciones, recursos y materiales, y paleta de colores. Algunas, con imagen de marca, logo y etiquetas inclusive. Primó la organización, aunque lo que Zlotogora, Ramírez y Gadea buscaron fue la coherencia y buena resolución de las propuestas con una estética definida. A su criterio, Leiva y Troyer, de la cátedra de Moragues, lo resolvieron a la perfección.
"Se ve un gran avance. Las propuestas están mucho más maduras, al momento de la presentación. Además se mostraron más colecciones que en ediciones anteriores y participan todas las cátedras. La selección es siempre difícil, pero tenemos algunos nombres en mente", contaba Pablo Ramírez y Nadine Zlotogora, momentos antes de entrevistar a los preseleccionados.
"Las colecciones son todas muy diferentes, tienen el acento puesto en la morfología. Algunas con búsquedas interesantes, en cuanto a las prendas y al concepto en general; otras son más ponibles, fáciles de llevar o bajar de la pasarela a la calle", agregó Gadea.
"A partir de este momento el desafío es trabajar de manera más articulada con el resto de las carreras de la Facultad", dijo la nueva directora de la carrera Andrea Saltzman, una de sus fundadoras en 1989, docente titular de la cátedra más conocida.
Su apuesta se puede observar en las colecciones presentadas en el concurso Semillero 2011, que se valen de distintos soportes para mostrar y destacar la indumentaria.
"El Semillero es un evento importante para los alumnos, pero aún adeudamos dos cosas: sostenerlos en el vínculo que pueden construir con la industria, para que puedan seguir desarrollando colecciones. Es que existe un valor cultural, presente en el país, que la industria todavía no absorbe.
"Otra asignatura pendiente es que Semillero sea un concurso con bases más explícitas. Un reglamento para los profesores que eligen a los preseleccionados y para el jurado que señala a los ganadores sería un gran aporte. Ese es parte del trabajo que vamos a encarar en esta nueva etapa", concluyó Saltzman.
DEL AULA A LA PASARELA
Agustina Troyer es estudiante de la cátedra de Moragues, tiene 27 años y trabaja como diseñadora de calzado deportivo. "Mi colección de ropa masculina es una crítica a la autoridad y para eso creé cuatro personajes alrededor de ella con estilos bien distintos. Está representada la autoridad misma y otros tres personajes en alusión a ella: aquel que la sigue sin cuestionarla y que se encuentra incómodo y aprisionado; el que se da cuenta de que hay algo que lo perturba y necesita ser más personal, y el marginado que está personificado con prendas más orgánicas y dinámicas." Troyer se vale de una paleta de grises y negros, con algunos acentos en bordó o anaranjado, para crear siluetas entre lánguidas algunas u otras con partes que sobresalen de la figura convencional. Los materiales: de sastrería y algodones, con detalles en puntillas o broderie.
Lucía Leiva tiene 24 años y también es alumna de la cátedra de Moragues. Ya trabaja en diseño de indumentaria. "Mi colección habla de la normalización y de la creación de estereotipos como un factor que disciplina y controla los cuerpos. A través de las prendas quise poner de manifiesto la lucha contra ese pensamiento normalizador y mostrar una nueva manera de moldear los cuerpos y romper con las convenciones." Para reflejarlo Leiva tomó la sastrería como punto de partida.

